«(...)
my name is Jorge Regula. I'm walking down the street. I love you.
Let's go to sleep.»
The
Moldy Peaches. 'Jorge Regula'. The Moldy Peaches demo.
"Estoy
buscando en lo poético que hay en lo supra-estético que hay en lo
macro-cromático que hay en lo no-animal"
Kase.O
'Repartiendo arte'.
"¡Mira!
Ni tú eres la princesa de este cuento ni a besos voy a dejar de
salirte rana. Es poco lo que tengo pero todo te lo doy: el oro de mi
tiempo para que te hagas un reloj, la flor de mis neuronas
pa'enredarlas en tu pelo, y por supuesto la luna".
La
Cabra Mecánica. 'Todo a cien'.
ACTO
I
Smith
dice que lo deje ya. Lo argumenta: que si llevas intentando
autodestruirte desde los diecisiete y con casi cuarenta aún no lo
has conseguido está claro que no eres muy bueno en ello, dice.
Estamos tomando café con tapas de tortilla. Ella está guapa. Smith
dice, a la par que se pone unas gafas de sol, que necesito unas
alcaparras para proteger mi visión. Medio sonríe y asiente con un
tic como de micro-premio para ella misma; sí, parece decir
haciéndose una corta, cortísima reverencia japonesa. El pelo, ¿lo
lleva en uve? Me cago en mi puta vida, pienso. Porque el pelo la
acompaña con elegancia descreída cada una de esas veces, en
ocasiones cuando acaba se carcajea cerrando fuerte los ojos.
Nota
aparte de todo: me viene a la cabeza que somos la idea de nosotros
mismos, me viene a la cabeza todo lo que quiso decirme Smith de forma
poética. Final de la nota aparte de todo.
Después
compartimos un poco de silencio. Abuso de las servilletas de gracias
por su visita que saco con gesto profesional: una tras otra una
tras otra una tras otra... Estas servilletas no limpian, le digo. Smith
parece que piensa mucho lo que dice, como si su palabra pesara en el
cosmos, como si fuera una Demiurgo a punto de solventar el mayor
problema del mundo consciente. Nos sonreímos como una pareja que lleva
siendo feliz veinte años, como si estuviéramos recordando todos
esos momentos que nos han sostenido hasta llegar a este atardecer; tomando unos cafés y unas tapas de tortilla, pensado en la mar y en
la montaña. En cuántas cosas hicimos..., en ese momento Smith dice que
lleva un rato pensando en sus mini-tareas de adulta: la compra, y
sonríe, la lavandería, Smith dice que podría ir con ella, que
aprovecha esos momentos para leer. Smith dice que si no haces las
mini-tareas de la vida adulta es posible que mueras. Sonreímos,
pienso que es rara (y no) y que eso me gusta, me gusta mucho.
Me
pregunto cómo hemos llegado a nuestra tercera cita. ¿Cómo? Si en
la primera estuve ridículo. En la segunda me comí una cobra. Fue
bonito. La hizo tan, tan despacio que teatralizó el gesto de rechazo
convirtiéndolo en un gesto de aplazamiento. ¿Qué mierda le atraerá
de mí? ¿Qué le funcionó? No quiero ser el clavo ardiendo de
nadie, soy yo el que necesita ese tipo de cosas. Yo, nosotros,
ellos. Todos caemos en algún momento e intentamos aferrarnos a lo
que serán un montón de canciones y recuerdos agradables de lo que
fue, me pongo nihilista, lo sé.
Smith
dice que si sé qué necesitamos con su gesto de Tyler Durden y sus
«ho!» de señora del rural gallego.
Ah, calla, coño, me digo conteniendo la dicha, el humor negro: Smith
dice que ha visto unas calles comerciales llenas de pijos. Que
necesitamos un buen lanzallamas de la guerra de Vietnam. Que provocar
el pánico con los primeros asesinatos es esencial, que reconducir a
la masa histérica hasta un cuello de botella y ¡el fuego y el
espectáculo!, Dice, para que mueran por aplastamiento y asfixia.
¡Claro, ho! (su mini-reverencia japonesa), Smith dice que a quién
se le ocurre (otra), que empezaron ellos (última reverencia y nos
reímos).
¿Acaba
de hacer un chiste negro sobre la lucha de clases y el ardor de la
revancha social? Ais.
9
de abril de 2023, Kimya Dawson suena mientras escribo esto. Una demo
que se llama: 'remember that i love you'.
Smith
se hace un hueco en mi vida y la acomoda, es como si siempre hubiera
estado allí.
[2023
mientras escribo me entran ganas de contarle a la verdadera Smith que
su nombre significa: je no kill, inspiro. Y
que no contradice el otro ni el que solo sabemos los dos.
Siempre estamos juntos].
Me
gustan sus explosiones de belleza que sonríe y guiña los ojos:
cuando lo hace Smith parpadea tenue como un Big-Bang tímido pero que
promete. 7 veces se quedó en mi memoria con esa sonrisa, una,
mientras le cantaba canciones de orquestas pachangueras.
Smith
es hija de una argentina a la que Borges le parece: flo-ji-tooo,
no, no, flojito el Borges dice
que diría, y un guardabosques libanés fumador de tabaco negro muy
silencioso y con mirada extrañada.
Es
una anarco-meiga casi-vegana-pero-no [omnívora, vamos] que trabajó
de panadera y soldador. Ahora da clases de árabe en la escuela de
idiomas y sigue de soldador lo suficiente para no perder la
capacitación.
Smith
no es decente. No soy decente, me dice el 17 de noviembre de 2017 por
mensaje. El 11 de diciembre escribo en una red social: 'Cuando vas
del all-in con un dos
y un ocho' y enlazo I am mine de
Pearl Jam. Las fechas están ahí
para recordarnos y para que las usemos de asidero si vamos a destruir
el universo, ¿no?
Ella
me dice que porqué no iba a invitarme a comer y sonríe. Eso lo
recuerdo tan bien que lo dejaremos para otro momento.
[2023.
El cansancio de los últimos días me hizo quedar dormido de cabeceos
y calor que te abraza, no recuerdo cómo llegué a la cama. Soñé
con Smith que me acogía entre las piernas y me decía hasha
mientras dibujaba para mí arabescos en la arena. La contacto y le
pongo incoherencias de duermevela y termino con ese hasha
que en árabe [traductor online durante
los hechos] significa 'olvídalo'. No debí hacerlo, una torpeza].
Me
engaño pensando que ella me envía mensajes telepáticos y señales
en la trayectoria de planeo de las gaviotas.
Me
confiesa que nunca ha visto un eclipse de luna, nunca. Subimos a la
azotea de la casa de mi madre y vemos uno, habían nubes negras con
el borde plateado rodeando una luna roja y gris y esférica: fue
perfecto, ella extendió los brazos y fotografiamos nuestras sombras
a la luz del eclipse y 3 farolas naranjas.
Estamos
en la torre acudiendo a la invitación de un astrólogo del
ayuntamiento. Tiene un espectáculo de cámara obscura que proyecta
casi toda la ciudad de Melkart a la redonda. En su magia incluye el
truco: mirad cómo levanto la proyección de este lugareño con un
trozo de papel, mirad qué gracioso. Smith me mira y sé que va a
decir algo al respecto. Smith dice que tenemos que hacerlo, que
tenemos que calcular el tiempo del siguiente pase en que vaya a hacer
el mismo númerito para estar en la plaza y hacer el mongolo, como
dos clowns profesionales, dice.
Lo
hacemos, un poco de dos tontos muy tontos en mitad de la Plaza de Las
Flores. No reímos y esperamos a que la gente baje de la torre y nos
ponemos delante y todos nos miran, cuchichean, alguno se ríe y nos
señala. Ya sabemos que ha salido bien, doble reverencia japonesa y
nos vamos a merendar.
Smith
dice que la vida está en la calle, en el parque, fuera. Estamos de
verbena bailando como una pareja de señores del rural [ella me llama
esposa mía yo la llamo esposo mío]. También ha venido Helena, una
amiga de Smith. Durante la verbena he fotografiado a la luna llena
mientras le llegaban y se alejaban unas nubes en una serie de 6
fotos. Estamos bailando otra pieza y ¿nos está iluminando una moto
en mitad de la pista? ¿La están levantando para que la luz nos dé
justo los dos? Es un momento confuso y, hasta Helena, cree durante
unos segundos en mi teoría de la moto en mitad de la pista y
jajajajajajaja, pero es una cámara de la televisión autonómica:
probablemente nuestro momento más bonito de la semana sea un plano
descartado en el informativo sobre las fiestas locales y una de sus
consecuencias: la verbena. Nunca lo sabremos porque los anarquistas
serios no vemos la TV, le digo. Pero también, dice ella, los
anarquistas serios hablan con la gente.
Nunca
lo llegamos a saber, somos gente seria, por favor.
Volvamos
a Smith: me dice que porqué no iba a invitarme a comer lentejas, se
excusa en mitad de su cocina, es algo muy normal en las sociedades
del rural, dice. Se pasea por delante de mí hasta llegar a la
estantería para colgar el trapo y yo le suelto: me gustas. Me
gustas, le digo sonriente. Y ella sonríe y está preciosamente
honesta en ese instante en que descubro que me ha mentido, aunque sea
un poco, con lo de las lentejas. Smith dice que fume menos. Cuando se
da cuenta de que soy un manazas y de que lo mancho todo cuando
escribo en la mesa de la cocina compra un hule de búhos, búhos
ojipláticos de colores, mi favorito: el gris marengo. Ésta es una
historia que se despliega suave como un ingenio japonés de papel que
muta la forma y muestra algo nuevo que siempre había estado allí.
Smith
dice que me quiere llevar al desierto. Ojalá, pienso yo.
Conocí
a Smith a través de Carlos aka El Anarka de Noé. Sí, esta gente
rondan los cuarenta y tienen akas. El Anarka de Noé es galegofalante
y me habla sobre los nacionalismos desde un prisma histórico
¿múl-ti-ple? No sé, borracho me cuesta más entender el gallego.
Yo estoy deseando meter baza sobre anarco-primitivismo y anarquismo
orgánico, pero Carlos El Anarka de Noé no para de hablar, no deja
un sólo hueco, tiene mucho que decir y lo sabe. Su nombre de guerra
le viene porque es enfermera de gatos callejeros. El Anarka de Noé
controla la población de las diferentes colonias de gatos, todos los
individuos que las componen tienen un nombre que sólo conoce El
Anarka de Noé, gente seria.
Carlos
mensajea a Smith diciéndole que no pasa nada, que ella hace lo que
puede por los animales, por todos los animales que ha conocido, que
hace mucho más que suficiente. Lo sé porque Smith lo sabe y me lo
contó. Obvio.
[la
he visto tantas veces: a Smith, digo. En una ocasión nos cruzamos
por la rúa Nell. Ella ya tenía unos 60 años pero seguía en
forma. Mismo porte, misma cara, mismo pelo aunque blanco ya todo;
seguía fuerte, decidida, no parecía ni triste ni cansada. Eso sí,
estaba buscando algo dentro de sí, algo que no encontraba. Y eso la hacía parecer un poco confusa y un poco asustada. Me giré cuándo
nos cruzamos, pero no dije nada. Obvio.]
Pues
estamos borrachos y Smith da vueltas por allí, parece dulce, es
pequeña y fuerte y guapa. Se mueve rápido. Pasa por delante como un
borrón negro, un borrón negro y brillante que sonríe. Así que
comienzo a lloriquearle sobre mi vida al Anarka de Noé que lo flipa
muy fuerte: enarca las cejas y aprieta los labios en una mueca de:
“no me puede estar pasando ésto a mí”. Y yo sigo como un
pequeño miserable exhibicionista, sigo hurgando y enumerando sobre
el declive y la pena. Me arrebato y estando a punto de alcanzar una
sima de profundidad nueva para mí, Smith dice que me calle. Smith
dice que no, que hay que espabilar. Que qué mierda es esa del
declive y la pena, que qué pienso hacer para cambiar la situación.
Que haga algo. Que lo haga, dice. Estábamos borrachos. Yo venía de
un evento literario, Smith sonreía bajo una farola. Nos largamos los
tres de aquel bar sin nombre. No recuerdo cuándo ni el porqué, pero
a la mañana siguiente tengo su número en la agenda. Paso los
contactos y leo: Smith. Y sonrío. Sonrío mucho.