mayo 03, 2026

AGRÓTENAS

[...] tienen miedo de LA HORDA, somos zombies. La multitud moviendo la cabeza para olerlos. El truco es que nos dicen que no hay nada que hacer, que tienen al PALANTIR y al mossad y a la CIA y al FMI y a los maderos. Esas ratas están construyendo búnkeres y refugios nucleares, aunque saben perfectamente que no habrán ninguna guerra nuclear. No está en su "agenda" moleskine (TradeMark) llena de grasa de putos doritos. Tampoco se esconden de los efectos de la degradación climática: es de nosotros, LA HORDA. No es el odio lo que nos debe mover ni la revancha social ni nada que no sea el dolor de espalda, de rodillas, de las autolesiones a medio curar, del cuerpo y la mente y el animus tratando de comprender la absoluta nada de viejos dioses olvidados: historia de capitanes/ de religiones enterradas. 

Os diré cómo lo vemos: lo local arregla lo general. Moveos por vuestro barrio en busca de locales de gente organizada y entrad y saludad y a ver qué tal. Moveos como serpientes entre la hierba, el jardín de Diox tan descuidado, podréis recomendar arrancar esa manzana prohibida del bien y el mal, la ciencia y el conocimiento. Tomadla vosotros también. ¿Estás mezclando cosas? Ehhh, sí, claro. Cómo si no vas a ayudar a construir el Buen Trabajo ¿¡Cómo?! Negando todo el lodo cultural que nos ha creado, somos limos defecados por la cultura occidental durante siglos. Aprovechen su ventaja ecléctica. Nunca recen si no es enfrente de los cuerpos inertes de los enemigos de la humanidad. ¿Qué no iba esto de una horda de zombies? Ellos creen que sí, menudos primos, por ello construyen sus búnkeres; no se enteran de una puta mierda. 

PRESS STAR TO PLAY.

Somos la gente de agrótenas.  

Un enfermo, gracias.  

 

abril 24, 2026

Montañas blancas

Hay agua, hay una carretera con tráfico fluido, aún no son las ocho y el cielo está saturado de tonalidades naranja, el color se refleja en la superficie del agua moteada de culos de flamencos, por la ventanilla del coche entra el olor del mar, el agua está a los dos lados, circulan con prudencia, una cabezada a destiempo y directos a la laguna. 

Hay tres hombres en silencio, hay golpes del viento queriendo entrar al coche por la ventanilla, un grupo de flamencos emprende el vuelo, el que conduce los señala y se ríe, los flamencos volando han sido una de las cosas más espectaculares que ha visto, el que va detrás duerme, a pesar del bramido del aire, el copiloto fuma y, en un descuido, la ceniza vuela y se dispersa por el interior del coche. 

Hay medio sol en el horizonte, hay coches que vienen de frente, la mayoría lleva las luces puestas, pero el que conduce está despistado pensando en cómo los flamencos emprendieron el vuelo, el copiloto le dice que encienda las luces, a lo lejos se ven las montañas blancas de sal, comidas por las excavadoras, el que dormía detrás se despierta, lleva sin descansar casi tres días, como los otros. Cuando me toque conducir a mí, rezonga, ya me lo contáis. 

Hay un desvío, hay unos pinos más allá de la carretera, el camino pasa cerca de las montañas blancas, paran el coche detrás de un muro discreto junto a una valla metálica, ahora podrán dormir al menos durante tres o cuatro horas, en el maletero se oyen golpes sordos que no son del viento, los pinos dan sus últimas sombras, el crepúsculo ha comenzado, el copiloto termina otro cigarro, los flamencos son increíbles, murmura el conductor aunque nadie le escucha. 

Hay una pala, hay una cizalla debajo del asiento, pasada la medianoche bajan del coche, han podido descansar algo, no hay farolas cerca, el de detrás coge la cizalla y la pala, corta la tela metálica de la valla como quien trincha un tomate, camina hacia la montaña más cercana, el conductor alumbra con una luz muy tenue mientras abre el maletero, el copiloto mantiene en alto un taser trucado. 

Hay un agujero en la montaña blanca, hay un tipo dentro que aún vivía hace un momento, una vez tapado el agujero casi no se nota, las excavadoras tardarán meses en llegar allí, para entonces el cuerpo del tipo estará seco, esperan un buen rato, regresan al coche, el que conducía ahora no conduce, le toca al que iba detrás, se van turnando como en una rueda. 

Hay agua, hay la misma carretera, aún está el cielo negro, azul y sin luna, nunca había visto flamencos volando, insiste el que ahora va de copiloto, son bellísimos, dice, tardarán nueve horas en salir de España por donde entraron, el coche circula con prudencia, tampoco a la vuelta quieren llamar la atención, a la derecha empiezan a intuirse tonalidades malvas, el que ahora va detrás enciende otro cigarro.  

abril 23, 2026

Dame sal

 Primer post de CatBallou por estos lares. Don't believe the hype.


DAME SAL

Hacerse la distraída puede ser un arma de doble filo. A veces es útil para justificar cualquier desidia, y suele venir bien para saltarse el brócoli, escaparse de una bienvenida o zamparse como quien no quiere la cosa todos los azucarillos. Sin embargo, una distracción demasiado fingida o pretenciosa puede acabar francamente mal si se monta en una inercia, pues al segundo siguiente, a lo tonto, han pasado cinco años, seis trenes, un enjambre, y la sensación de no haber comprendido el significado de la elipsis temporal. Y tal.

Fue entonces cuando apareció Ana. Abreviatura de Anaclastifichineriastila, pero nadie la llamaba así, salvo su madre, que había elegido el nombre y jamás se había arrepentido, por mucho que diga algún canalla. Ana venía vestida con una chaqueta que parecía un collage de plástico de colores y calcetines imposibles que olían a goma quemada. Yo estaba sentada, mirando un libro que no leía, y ella empezó a olisquear la habitación como si fuese un detector de minas, pasando la nariz por la mesita, el suelo y finalmente por mí.

—¿Puedo ayudarte? —dije, porque eso es lo que se dice.

—Dame sal.

No me dijo “por favor, puedes darme un poco de sal que me hace falta para a mí que me importa”. No. Solo dijo: Dame sal. Y le di sal, claro, porque así se piden las cosas cuando realmente hace falta hablar. Sin rodeos molestos. Con olfato.

Al día siguiente volvió. Oliendo. Metiendo la nariz por cualquier hueco que le parecía interesante. Pasó la barra de metal de la estufa. Olisqueó mis libros. Metió la mano bajo mi axila. Yo la miré. “Así es ella”, pensé. “Así es el mundo”.

—Dame sal.

Y yo le di sal. Qué iba a hacer si no. Ella es mar, y necesita sal.

Luego vino el momento que una sabe que debería haber previsto: la entrepierna. Ana se inclinó y olisqueó. Yo retrocedí un instante, exponiendo un pensamiento racional: “No hay ilegalidad aquí, solo protocolo de vecindad extrema”. Pero cuando volvió a inclinarse, abrí el armario, saqué el insecticida y me rocié el cuerpo. Justificadamente. Se abre la puerta. Ana retrocede, confundida. Yo respiro.

Y volvió. Como el mes de octubre y todos esos meses tan empeñados en volver una y otra vez. Metiendo la nariz bajo mi axila, en la entrepierna, en mi culo gordo lleno de insecticida y misterio. Sus ojos eran mar abierto y su boca un barco que se hundía lentamente en el silencio.

—Dame sal.

Y yo le di sal. Siempre le daré sal a una mujer cuando lo pide con esa rotundidad de lo importante, sin la obsolescencia de lo ridículo y perifrástico. Con una cuchara llené un guante con sal gruesa y se lo di, haciéndole gestos claros de que debía ponérselo inmediatamente.

Ella se quedó en el pasillo un momento, inmóvil, como si evaluara mis decisiones. Yo me senté, oliendo a químico y a sal, y tomé el libro que no estaba leyendo. La vida se reduce a estos instantes: reflexiones necesarias sobre la vecina que huele demasiado y la sal que no es suficiente.

Al día siguiente volvió, porque cómo no volver cuando es imposible negar la existencia de puertas y pasillos, narices y mi mismísimo cuerpo. Más agresiva. Más olfativa. Más elástica y canina. Olisqueó mis entrañas, mis recuerdos, mis pelillos enroscados. Metió la nariz dentro de mis bragas. Afortunadamente, ya estaban impregnadas de manera adecuada en insecticida y jalea real.

—Dame sal.

Me encogí de hombros y pensé: esto es filosofía. Esto es ética. Esto es una prueba del sentido común enfrentándose sin miedo a la oscuridad. Es decir alto y claro cualquier cosa. Doy sal. No por amabilidad, ni por miedo, sino porque la necesidad es un código que no se discute. Me dejo oler. No por lujuria ni abandono, sino porque no tengo la menor idea de qué ocurriría si algún día dejáramos de olernos.

Cada visita de Ana se convierte en una especie de ritual. Se mueve como si obedeciera reglas que el ser humano ha perdido hace ya tiempo, a causa de la pompa y la gilipollez. Yo, mientras tanto, pienso, racionalizo, justifico y doy sal. Y el mundo sigue siendo un lugar donde el olor y la necesidad marcan la frontera de lo aceptable. Quien no sabe esto o es un canalla o nunca lo han olido.

No hay violencia, salvo la de los químicos. No hay amor, salvo la tolerancia. Y no hay historia, salvo la repetición: olfato, demanda, entrega, insecticida, puerta, respiro. Todo perfectamente reflexionado. Perfectamente absorbido. Sin distracciones.

Ana sigue siendo mar. Y yo, borde de la orilla, manteniendo el equilibrio con insecticida y sal. Y tal.

Por CatBallou

abril 22, 2026

COMO BUEN NOVATO

La Chica Liquid. Pienso en ella o es ella la que se mete en mi cabeza. En realidad es tu cabeza la que me ha metido, escribe para mí desde un futuro indeterminado. Ya hace que conspiró con el Gordo Ed, y todos lo saben. Aquello fue como una bola de nieve sucia estrellada en la cara. La Chica Liquid, ya sabéis, entonces no, pero algún día sí; le ofrecerá la medicina de las palabras a tu hijo durante una clase de literatura. La Chica Liquid había heredado un baúl de la bruja, estaba lleno de maravillas: desde juguetes oscuros para hacer fotografías antiguas a hechizos ocultos en unas cuerdas que pueden dejar estelas de enormes burbujas de jabón. Entre esos juguetes había una grabadora ochentera a pilas y que grababa en cinta de cassettes. Un baúl de la bruja. Cómo no.

La Chica Liquid tiene el pelo corto y rubio, ojos y nariz de leona, es líquida, fluye entre palabras y posos de té. La Chica Liquid es la misma persona que su abuela, todo el mundo en su familia lo lleva con naturalidad.

El sol sale y con el mapa de canciones desplegado es más fácil seguir los ríos y esquivar las cordilleras. Todo lleva ahí demasiado tiempo: 2 copas, (1 bastos), 7 oros, (1 espadas), 3 copas, (1 copas). Siempre estuvieron ahí junto con firmas, criptogramas y bromas varias.

Cuando llegamos a Madriz el mago dice “ya estamos en casa”.

¿Cuántas rayas de speed hay que meterse para triplicar un sábado? Menos de lo que parece. El loco se da terapia a sí mismo, suena la voz del hombre en el papel de EL LOCO y la voz de mujer 2 en el papel de NAZARETH (Mejor psicóloga (autoproclamada) de Ciudad Dormitorio).

INT. MESA ACRISTALADA DE TERAPIA. DIA.

NAZARETH (Inquisitiva): ¿Me cuentas esa historia de R. A. P., El dios del rap?

EL LOCO (Ojos de pez muerto): Verás, Nazareth, eso fue hace unos veinte años. Seguramente durante una época de insomnio severo. La mente se me derramaba por ahí, eran demasiados chorros de mercurio. Sólo te hablaré de mí y de su mano derecha. Estamos en su coche, días + noches febriles y el mejor hachís del mundo. Total, que estoy soltando versos, su mano derecha sostiene un móvil (la máquina plana reproduce una base además de grabarlo todo) y yo señalo el techo del coche y le grito a Dios que ya no me hace falta. Una rima se me escapa porque traigo manchas en la chaqueta, me las sacudo mientras suelto las palabras. Aunque sólo veamos su mano derecha podemos deducir que es ella la que me canta los titirimundis a la vez que graba todas esas palabras que nos atraviesan; no son cuchillos son los fantasmas de todo lo bueno que está vivo, y no para de gritarnos cosas, joder. Nos brillan los ojos a ambos; es la primera ignición de un enorme fuego del que no voy a salir en 20 años. El calor me mantiene vivo y el humo vela todas las caras.

NAZARETH: ¿Eso es todo lo que recuerdas de la trama del Dios del R.A.P.? ¿Un par de líneas oníricas a la penumbra de un coche con guirnaldas de vapores de THC de un lado al otro del techo? Sabes que soy la mejor, lo sabes.

EL LOCO: ¿Esto? Nah, esto no es más que el 13 %. Después amanece y todo parece quemarse.

FINAL DE LA ESCENA DE AUTO-TERAPIA DEL LOCO

 

abril 19, 2026

Santos y vacunas

CAPÍTULO 0: MUERTE EN EL DESIERTO Año 1997.

"¿Cómo hemos llegado a esto, Santo?", dice Jonás "Vacuna", el Santo se limita a sonreír y a teclear un poema de carretera en su máquina de escribir...

Apunta como puede y el policía marroquí dispara su arma reglamentaria al coche de los fugitivos (es un hombre sin nombre, sin rostro en medio de la noche del desierto): los fogonazos revelan sus rasgos bereberes. El Sargento Rachid vuelve a disparar a los fugitivos, lo que parecía un descapotable, las nubes se han apartado de la luna, no es más que otro desvencijado BMW, pero sin carrocería superior que está recibiendo impactos de la 9mm del Sargento ojos claros.

Una bala acierta en la rueda trasera izquierda del BMW y el coche derrapa levantando arena, haciéndose un hueco, y espantando toda la vida oculta bajo la arena, el coche se detiene.



FIN

 

 

 

CAPÍTULO 1: EL SANTO CON LA MÁQUINA DE ESCRIBIR

 

    El Santo Menw-Po se pasea por los distritos comerciales de Bangkok con una máquina de escribir fijada al torso a través de arneses. La porta como si fuese un acordeón. En la mano izquierda siempre lleva una campana nepalí de bronce; la heredó de un monje budista que llamaba al rezo con ella. La sacude arriba y abajo, delante de los turistas y soldados, y les acerca una taza de hojalata. A veces caen monedas o algún billete violáceo...

Como cada mañana, su rutina matutina lleva al Santo a pasear entre la multitud. Esquiva a los ejecutivos y los bici-taxis, se interna en el bullicio humeante de puestos de comida callejeros. Va sacudiendo la campana de bronce frente a sus ojos y acercando la taza al estómago de cada hombre que se cruza... se acerca a unas mesas de bar y se detiene frente a un turista occidental, lo acosa con tañidos mientras mira en otra dirección (el tipo es barrigudo, pálido, ésa clase de varón de mediana edad que viaja solo desde occidente).

Menw-Po no siempre fue Santo, pero cuando terminó de leer aquel artículo en una vieja revista americana, decidió salvar el alma de Joe Gould completando su labor. E ingenuamente se dispuso a escribir una "Historia Oral Americana", aunque fuera desde Bangkok.

marzo 03, 2026

CIRCUS

 

Chicos blancos haciendo vudú en el club de fumadores. Gente encarnada. Contactos gay. Hostales con dos camas por defecto. Hago planes para ir hasta Murcia porque he recordado y necesito testigos. Fuera llueve, ellos se han tenido que esconder de mí en su coche. No es miedo. Acabo bailando desnudo frente al espejo con la cara retorcida de duende. Oculto etiquetas adhesivas en los bajos de los muebles de la habitación. Guk ez. Guk ez. Está grabado en el anverso de un girasol con cadena romana de plata. Ya sólo veo el código del universo. Sólo veo energía. Puede que no sean encarnaciones sino formas análogas de vibrar. Sólo veo la energía primera con la que vibran, de ahí las caras que mutan, los actos monótonos en bucle y el discurso y comportamiento encauzado de los seres llamados humanos. Hay gente que no quiere que abra los ojos. Hay gente que prefiere el mundo sin que lo salpiquemos. Lo entiendo, de veras. Pero he hecho todos los cálculos y en todas las soluciones se incluye la grieta en la presa. Estamos rompiendo todas las membranas que separan. Encajando visiones. Estamos añadiendo nuevas condiciones a lo real para que sea de verdad. Una cuenta es desplazada al otro extremo del ábaco, ¿mejor ahora?

enero 15, 2026

completamente colgado

Cuando me fui del mundo debía tener 9 años. Lo siento. Desde entonces habito detrás de mi cuerpo, un poco a la izquierda, y algo más por encima de mi cabeza; llevo ahí demasiado tiempo... Flotando.

Parece ser que volé por la ventana con una 9 mm en la puta cabeza. Ahora, filósofos marginales hablan de magia, la invocan como herramienta de cambios profundos. ¿Vas a sacar la cabeza de tu culo alguna vez? Porque ni durante esa caída inapelable puedes hacerlo. 

Piensa un momento, joder. Cuando caigas por la ventana o tu corazón falle no sonará ninguna buena canción. Tendrás que caminar mucho, no olvidar que no puedes ser consciente de que es un juego o perderás el juego, caminar al otro lado, cerca de multitud de tormentas violáceas, y buscar esa canción. Déjala sonar y déjate disolver a través de cada poro; pliegues en la piel como SALIDA DE EMERGENCIAS. Eres un montón de puntos efervescentes que recuerdan la carne. Ya no. Eres. 

[con todas estas páginas]

Suena una canción sólo dentro de mi cabeza: Kafka y Lovecraft lo saben..., las bombas estallan, hay que preparar un té. Cuando nos declares la guerra mundial otra vez no dejaremos de ir a nadar. Hay un pantano cerca, pero no queda una orquídea en él que lo nutra de leyendas, significado y motivos. Ya no quedan orquídeas en ningún lugar peligroso del planeta. La exploración perdió todo su sentido.

[en mi palacio de papel/ se está bien aquí/ se está bien]

Llevo tanto tiempo colgado que la cordura no sé gestionarla. Es un caballo muerto y destripado en el andén de una carretera cualquiera, me pongo el chaleco reflectante y le rezo. Ojalá vuelvas para abrazarnos. La escena es sajada cuando irrumpen unas luces azul-vigilante. 

[pasa otra vez, te tiemblan las manos]

Ella siempre se preocupó. La otra caminaba rápido y bailaba, ambas cosas para combatir el frío. La primus inter pares camina sola hacia su abismo laboral. Yo, que vine a aprender sobre alquimia y arcanos mayores, yo, que vine para asesinar a cuatro hombres terminé jugándomela entre los brotes y las obligaciones porque creí que podría ayudar. Ser necesario y justificar lo sangrado. 

[una gruta por tapiar, una alfombra de navajas, un solar... hambriento de trigo]

Mi cabeza se compone de un montón de mujeres a las que no supe amar. S se acomoda en el desierto y dibuja arabescos en la arena para mí, me acoge entre sus piernas, y me explica las dos líneas con las que se escribe el árabe: Hasha, dice. Y señala el arabesco. 

[mi cabeza es el balcón de un lupanar]

Tengo un contra-picado azul que me sube por la barba y muestra cada una de mis ideas apagadas. Nunca creí en este tipo de mierdas y ahora soy un anarco-mago; giro bruscamente en el salón a las tres de la mañana, el torso desnudo y lleno de símbolos mágico impregnados con ceniza y sangre. Arrugo unos papeles azul-Industria que sirven como ancla, hacemos toda esta locura, todo este desastre inexplicable para poder volver a llevar una vida medio normal e incluso decente. 

Ojalá las balas que disparan mis dedos acertaran en la cabeza de CEOs y fascistas. 

Las frases entre llaves pertenecientes a canciones de Nacho Vegas, Viva Suecia y Marea. Ellos no tienen porqué saberlo.  

 

 

 

 

 

 

enero 12, 2026

PRESAGIO DE UNA GUERRA SIN JAZZ

Seguimos el correteo de un niño; es demasiado pequeño para ir solo. El asfalto se escama formando un montón de grumos con los que resbalar. El niño sale de plano, nos quedamos con un lento zoom in que nos acerca a un embrión de gorrión que palpita a punto de morir. Carne breve..., caliente, pero insuficiente. 

A la altura de la segunda ventana blanca avanzamos por encima del vallado tiroteado y por encima de varios cuerpos sin vida, sin cara, sin afiliación política, y por una vez, sin opinión resolutiva en redes sociales. Un móvil estrellado a unos metros aún muestra la ventana abierta de inicio de sesión de twitter, alguien cerró la sesión antes de los disparos. Nunca habrá registro oficial de estos hechos.

Hay una señal de STOP que ha recibido tiros, golpes, un impacto de una moto encabritada y un cóctel molotov. Sigue de pie. Unas nubes que prometen lluvia negra y tóxica pasan por detrás de la señal de STOP desde la perspectiva de unos cubos de basura. 

La perspectiva del objeto inanimado, pasaron de herramientas a testimonios arqueológicos en tan sólo dos años. La intimidad de la chatarra y la basura de guerra.

Hagan el amor y practiquen el canibalismo ahora que pueden, después no habrá con quién.   

AGRÓTENAS

[...] tienen miedo de LA HORDA, somos zombies. La multitud moviendo la cabeza para olerlos. El truco es que nos dicen que no hay nada que ha...