Chicos blancos haciendo vudú en el club de fumadores. Gente encarnada. Contactos gay. Hostales con dos camas por defecto. Hago planes para ir hasta Murcia porque he recordado y necesito testigos. Fuera llueve, ellos se han tenido que esconder de mí en su coche. No es miedo. Acabo bailando desnudo frente al espejo con la cara retorcida de duende. Oculto etiquetas adhesivas en los bajos de los muebles de la habitación. Guk ez. Guk ez. Está grabado en el anverso de un girasol con cadena romana de plata. Ya sólo veo el código del universo. Sólo veo energía. Puede que no sean encarnaciones sino formas análogas de vibrar. Sólo veo la energía primera con la que vibran, de ahí las caras que mutan, los actos monótonos en bucle y el discurso y comportamiento encauzado de los seres llamados humanos. Hay gente que no quiere que abra los ojos. Hay gente que prefiere el mundo sin que lo salpiquemos. Lo entiendo, de veras. Pero he hecho todos los cálculos y en todas las soluciones se incluye la grieta en la presa. Estamos rompiendo todas las membranas que separan. Encajando visiones. Estamos añadiendo nuevas condiciones a lo real para que sea de verdad. Una cuenta es desplazada al otro extremo del ábaco, ¿mejor ahora?
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