ACTO
II
Smith
ha dejado estrías, lascas, arañazos en una de las piezas de ajedrez
de la reina negra del club de juegos al que acudo: son unas heridas
que sólo yo puedo reconocer porque, en parte, las provoqué.
Es
el único bar de sólo-pepsi de todo el barrio y lo conozco desde que
vivo aquí (más de 8 años), os cuento esto porque cuando Smith me
dice que tiene una hora o así para tomar café y que quedemos en La
Oficina no puedo recordarlo y tampoco consigo ubicarlo. Me es
familiar, pero en esencia no sé de qué me está hablando. Tengo que
fumar menos, tengo que fumar menos, tengo que fumar menos porros,
joder. Estoy bloqueado, en blanco. Ella me da una dirección, un
cruce de calles y le digo (le miento) que ya lo tengo, que voy para
allá. Me termino el café frío, me calzo las zapatillas grises con
diseño troquelado (este diseño va a traer cola, aviso) y salgo con
una estúpida sonrisa como de domingo. Llevo la cazadora de
camuflaje y vaqueros amplios, llevo bastante acojone dentro del
cuerpo mientras bajo las escaleras. Fuera, el día a penas es un
boceto. Sólo estoy yo haciendo avanzar un plano subjetivo hacia la
oficina, la cámara está amortiguada por unas rodillas que hacen lo
que pueden, decido en ese momento que tengo que cuidar de mis
rodillas y sigo y encuadro el mundo mientras camino. En los cascos
suenan Nacho Vegas y Hora Zulú alternamente. Sólo estoy yo
avanzando. Fast-forward y ya estamos tomando café y todo es
farragoso. Qué bien. Estoy, y sé que se me nota, tenso: la lengua
en la boca se traba, no vocalizo bien, me agobio, ¿cómo me puede
estar pasando esto de nuevo? Me digo una y otra vez tras cada cagada.
Ella parece que lo pasa hasta bien, hija-de-puta-con-suerte, pienso.
En un momento decide ir al baño y se da la vuelta y hace eso de
caminar a cámara lenta. Eso que hacen las meigas cuando quieren
dejarse mirar con mucho más detalle, lo de caminar a cámara lenta,
digo. Cuando vuelve le explico cómo se había plegado el vestido que
lleva por encima del pantalón a su perfecto culo, cómo me hipnotizó
ese momento y cómo disfruté cada micra de segundo hasta casi
eternizar esos 8 pasos que la separaban del servicio. ¿Me has
contado los pasos?, dice. Tienes buen culo, le digo. Gracias, dice,
parece extrañada: no es un vestido, es una camisa, me aclara
haciendo un gesto de ¿eres tonto o qué? Así que tiro de
vocecillas cómicas ¿Os conté que Smith tuvo su época de squatter
y klown en Londres? Pues también tiene buen gusto para las
vocecillas cómicas: se ríe y saca sus propias vocecillas cómicas.
La cosa se relaja. Ya tenemos un asidero: somos dos tontos muy
tontos. Está guapa-la-cabrona cuando se ríe. No sé en ese instante
qué es, la honestidad. Una cosa sobre Smith: es seria, de cojones.
Si consigues que te siga en un chiste o celebrarlo con risas y ¿guiña
ambos ojos cuándo se ríe?, me cago en mi puta vida, pienso. Pues
eso, si Smith te sigue haciendo chistes siéntete halagado,
insignificante humano. Ella ríe de frente, no lo fuerza y yo: Uy,
¿esto es oxitocina (OT) en mi cerebro dejando rastros por los que
poder evitar los puentes bombardeados y seguir avanzando? Sí, pues
así de bonito se ríe.
Me
crezco y voy sacando mis credenciales, pero a Smith se la sudan
bastante. Esta tía no tiene ni una micra de fascinación por la
cultura pop, es la anti-groupie total que te puede soltar un puñetazo
de realidad que diga: 'que te jodan, todo lo tuyo es accesorio. Yo
trabajo en el mundo real'. La cosa vuelve a tierra de nadie, además,
sabe que soy un pringao por tirarme el pisto, a tierra de sendos
cruces de brazos y resoplidos. Una tos seca. Si el emperador bosteza
otra vez esta ópera está muerta.
El
vestido-camisa va y viene mientras Smith se aleja con pasos cortos.
Fast-forward, la mezcla de cafeína y hachís hace que la cosa vaya a
saltos. Estamos ya en la calle y nos vamos a despedir (creo que es un
hasta nunca), pero Smith me dice que ¿nos volvemos a ver, no? Nos
besamos en las mejillas para el hasta luego, ambos con extrañeza.
[también
estaba en Órgiva justo cuando apareció un imán y su mano derecha
aproximándose a aquel bar-hostal de paso y desayunos el primer día
de ramadám de 2023. Estaba allí].
Smith
lleva su bubú azul con arabescos blanco hueso y baila con una música
que sólo suena en su cabeza. Smith dice que lo hace para no morir de
frío. La cocina helada de su casa en el norte o el desierto del
Sáhara con algo de ritmo y melodía casi improvisados: todo dentro
de su cabeza, para que baile y para que no muera de frío.
A
estas alturas me siento tan ridículo. Todo el mundo está de acuerdo
en que persiga cerrar ese círculo menos la propia Smith. Una de las
últimas veces que la vi estaba pintando dunas y palmeras de un oasis
con plantillas en el largo, larguísimo pasillo de su casa en el
norte. No sé qué echo en falta de ella, de ella conmigo, de estar
siempre juntos. De hacer el amor y posar la mano en su pecho y
confesar que es casa. Es más que familia, amante y casa. Es lo que
nunca creí merecer, Smith es magia. Fluye y se vienen turbulencias:
una tormenta que aclara el aire, un caos necesario para despertar de
un estúpido sueño que no era el mío sobre mí mismo sino el sueño
de todos ellos sobre quién o qué soy. Sobre cuántos somos aquí
dentro y de lo mal que lo hacemos. Smith quiere que sea su familia,
este tío roto, este loco y torpe hijo de puta; Smith quiere que
hagamos un bebé. Lo pide una de cada dos mañanas, hacemos el amor:
estamos en casa, somos familia, siempre estamos juntos. En ocasiones
hay que cocinar y fregar los platos y limpiar e ir a la lavandería a
lavar ropa y leer un rato. Smith sabe comunicarse con los animales y
dice que su gata Aiko posee el conocimiento universal que le falta al
ser humano, pero que no puede comunicarlo. Aiko simplemente está ahí
a lo suyo, si hace falta se esconde, si hace falta nos cuida y si no
hace falta simplemente está ahí a lo suyo.
Smith
dice que los anarquistas serios beben agua del grifo, que al
capitalismo-salvaje le gusta el plástico. Que dice
capitalismo-salvaje como metáfora de los señores gordos y
capitalistas con sombrero de copa y monóculo [parece que esté
describiendo a la mascota del Monopoly pero me temo que no le falta
razón en este punto] que son, a su vez, una metáfora de los poderes
que mueven la rueda dentada que nos aplasta. Smith dice que vivimos
en un caleidoscopio de metáforas rotas. ¿Lo dijo?
Hablamos
de literatura y me dice que no, que no le gusta la literatura. Smith
dice que no. Que escribía pero que dejó de hacerlo en cuanto
comenzó a hacer cosas útiles y dejó de aburrirse. Smith dice que
escribir es de pijos aburridos. Pero cuando me mudo a su casa me doy
cuenta de que siempre está leyendo, devora los libros, los pone a
parir o no, pero los devora. Saco libros de la biblioteca y Smith los
lee antes que yo. Y yo, mira ésta, a la que no le gusta la
literatura. Sonrío porque está leyendo Las ratas y hace un
mohín de aprobación, lleva una gafas de lectura que le ¿ratonizan?
la cara. Todo está bien porque siempre estamos juntos.
Amanecemos
en casa. Su culo está acomodando contra mi polla. Se vienen las
curvas mañanera, pero esta vez Smith me dice: hazme un bebé, dice.
Y yo estoy de acuerdo en una forma preclara, diáfana, aplastante.
Sí. Hacemos el amor, ella impone un ritmo más cercano al quickly
de los viejos marineros del Pay-Pay pidiendo, obviamente, que la
preñe. Rápido que hay que hacer el desayuno, pienso. ¿No vamos un
poco rápido? Parece que es necesario. Vamos a ir a Grecia juntos,
los tres, vamos a ir al templo de Zeus y al monte Olimpo; a subirlo a
pie. Quiero llevar a mi familia hasta el origen de la cultura nemea.
No le digo eso al respecto. Por eso ahora-entonces sigo penando el
pecado de no hablar. 2023. No está siendo el mejor año de mi vida,
espero que ella esté mejor. He intentado sanar mi rastro de culpa,
de inevitable culpa por mi deformación emotiva. ¿Qué diría ella
ahora sobre esto que hago? Smith dice que las novelas de amor de
gente que sí existen son ridículas, yo digo que ya veremos, Smith
dice que el J. de Los Planetas merece ser condenado al ostracismo por
misógino. Yo digo que cualquiera se cree su rollo rodeado de
groupies. Le digo que el capitalismo ni se crea ni se destruye:
se ignora o se resetea. Lo ignoramos todos y se resetea, parece, él
sólo. Es una maquinaria perfectamente engrasada. Desde hace
demasiado.
Smith
baila en medio de la cocina una música que sólo suena en su cabeza.
Su cara es de éxtasis danzón, Smith sonríe hacia dentro mientras
baila en la melodía de una música que sólo suena en su cabeza, lo
hace para quitarse el frío. Smith baila para quitarse el frío y
termina por entrar en calor y va provocando pequeños incendios en mi
sien del lado de la memoria. El primer hogar de la historia albergó
fuego: era para eso, para contener el calor, para concentrar la luz.
El primer hogar de la historia se hizo para contener el regalo de
Prometeo. Una ignición en la mente de los seres llamados humanos que
nos dijo: ¿Y bien? Que nos dijo: ¿Y ahora qué? No se nos ha dado
muy bien aquello de los hogares y las familias desde entonces, no
demasiado; nihilista otra vez, es verdad.
Smith
baila en medio de la cocina sonriente y entregada, yo transciendo y
sé que voy a necesitar un bloc de notas cerca. No amas a
alguien por su apariencia, su vestimenta o sus lujos, sino porque
canta una canción que sólo tú puedes escuchar, dice el meme
que dijo Óscar Wild, pero no me creo esa autoría de la frase:
Fluxus, jodiendo como siempre.
Smith
es una yonqui de los viajes, adicta al desierto, completamente
enganchada a la furgoneta: fernweh, una nómada. Para alcanzar
el tiyoweh no puede estarse quieta, le enferma el asfalto.
Smith prefiere el Sáhara o Argelia a Tailandia, considera una
horterada ir a Tailandia. Smith me cuenta que había como tres
géneros en Tailandia, pero que la demanda del turismo sexual del
blanquito-reprimido con dólares implantó y propagó dos géneros
más, por lo que en Tailandia, ahora, hay como cinco géneros
sexuales. ¿Como las Lady Boys?, le digo. Me dice que ese
término es un invento yanqui para el porno, que qué cojones he
estado viendo en internet. Le digo que un poco de casi todo, pero que
todo legal. Mucha edición promocional gratis que da para... Me dice
que no quiere saberlo, que de acuerdo, pero que soy un cochino. Le
digo que puede, pero que prefiero el término cochinote (que me
descubrió Palencia para referirse a Henry Miller en una llamada
telefónica).
Mis
amigos en plástico azul, es mi muro y somos menos de 150. Posteo
todo en público, todos los tipo de interacción están permitidas.
Todos hemos visto la red social de fincher y aquí estamos, llenando
contenidos el sitio de zuckerberg, trabajando para el enano mental
con cara de lelo y pelo rizado. Estoy mirando mi muro, haciendo
scroll, padeciendo el algoritmo de facebook en forma forma de
publicidad maliciosa, están los de siempre: incansables, todo el día
enchufados a esta mierda. Son mis amigos en plástico azul y casi
todos molan un quintal. Son peña rápida, son carne de foro
literario e irc, somos la vieja guarda, supervivientes en internet
desde antes del 2k. Hay algunos avatares entre mis amigos de entre
mis amigos de facebook que son más viejos que youtube, hay un eco
de nosebundo(s) que hablaba sobre nietzsche en los comentarios de un
fotolog. Hay un millón de líneas del messenger de hotmail en la
cabeza de esta gente. Me levanto temprano y enciendo el ordenador, ya
casi me he tragado un burn de medio litro y me estoy liando un peta.
Soy un cáncer en el mundo, he venido a hacer daño. Así que
conecto.