mayo 09, 2026

3.000 palabras y LA NADA

 (La ciencia Kteis [un huevo dorado para ti])

                                                                   -I-

Cada vez que Profeta salía de un psiquiátrico lo hacía más convencido de su beatitud. De la profunda santidad del sol y de la deuda que tenía con los eclipses de luna, con la luna llena, con ella. Una semana antes corría calle abajo intentando, a gritos, convencer a su vecino J de que le diera la pistola de su padre muerto «¡La pistola de tu padre!» Le gritó para que se diera cuenta de que el panadero satánico le había engañado y quería matar a la Enana Marrón, su pobre madre. Diez minutos antes subía la misma calle con todo el peso del planeta sobre los hombros, era un mago espía de la era que estaba por venir. Asustó a unos cuantos vecinos mientras buscaba al panadero satánico portal-clave por portal-clave (hay números mágicos en cada esquina del mundo). El mundo era un enorme rompecabezas marroquí que tenía que resolver o mucha gente que amaba iba a morir. Por eso tenía que esconderse. Tenía que encontrar al Cordero (nombre mágico del panadero satánico) y tenía que hacerlo antes de que llegaran los falsos médicos que iban a ajusticiarlo en nombre del Dios hetero-patriarcal. Profeta intuía esas balas benditas por  el  Dios cruel y masturbatorio de la religión católica saliendo del cañón de una reglamentaria con calibre de 9 mm PARABELLUM. Su abrigo Quechua no soportó la tensión del momento (IV) y se descuartizó por la maltrecha cremallera. Asustó a los viejos que vivían tras los portales-clave. Luego, frente a la casa de su madre (y sin la pistola de su vecino muerto) atemorizó a otro vecino con pintas de agente doble, de sicario enviado por el Vaticano para detenerle. Sólo le señaló la cara sosteniendo las llaves de la casa de su pobre madre, pero lo hizo como si sostuviera un arma de filo letal. El sicario comprendió y dio unos pasos atrás sin dejar de mirar la llave que sostenía Profeta. Un psiquiatra que estuviera allí en ese momento diría que ese caminar hacia atrás del vecino no ayudaba demasiado a la situación de Profeta, pero esta no es una historia de locos sino de cambios: ¿No lo hueles en el ambiente?Una vez, muchos años antes del incidente que dio con Profeta en el psiquiátrico por tercera vez en su vida mortal, cuando aún no tenía ese nombre mágico, estuvo jugando con hongos sagrados. La idea se la dio el artista Marilyn Manson cuando declaró en una entrevista que le gustaba tomar LSD a oscuras. Tenía un montón de hongos sagrados y estaba cansado de tomarlos solo por la ciudad de Cádiz (se había cansado de mirar con ojos de un dios menor la catedral, estaba harto de ver el tiempo desplazarse por encima y entre los edificios, la hierba de Plaza España brillando brumosa y verde y blanca y azul; palpitando) así que se decidió a tomarlos a oscuras. Los tragó mirando a los árboles del patio. Cuando vio cómo las hojas grises desprendían cierta maldad violácea-vegetal y comenzaban a respirar inflándose se fue a lo oscuro de su agujero. En la cama pensó que no le estaba subiendo la droga sagrada. Pensó que era raro que le doliera la cabeza de vaca izquierda, sobre todo cuando la derecha ni siquiera la sentía. Se metió bajo las mantas y comenzó a caminar por la magnífica Ciudadela en mármol blanco con remates azul añil, había ostentosos jardines públicos con ánforas doradas que refulgían bajo el sol. Caminó toda la noche y se dio cuenta de que en la Ciudadela, aunque fuera de planta regular, era fácil entrar, pero no tanto salir. Sus calles en damero actuaban como un efecto óptico que te dejaban atrapado por siempre. No se podía salir de la Ciudadela si se caminaba en línea recta, no se podía circundar, no HABÍA salida posible de aquel maravilloso lugar, que por cierto sólo habitaba él, un monstruo bicéfalo atrapado en un laberinto que pronto consideró su hogar dentro de sí mismo. Un lugar al que pertenecer, en el que no tenía ningún porqué para estar enfadado. Un lugar mágico perdido en la memoria nemea. Cada vez que Profeta salía de un psiquiátrico lo hacía más convencido de su beatitud.

-XVII-

(Ciudad Dormitorio)

Bajó al asfalto ardiente desde la ambulancia que le acercó a casa de su pobre madre, se ajustó la mascarilla y llegó con lo que se fue, con lo puesto. Abrió la puerta y saludó, Hola, madre, dijo. Su pobre madre soltó un lamento, Ay, Dios mío ¿Cómo estás, mi niño? Creo que he perdido peso, dijo Profeta, y se encaminó su antigua habitación, conectó lo que quedaba  de portátil a  un TV (había destrozado la pantalla del ordenador en su último ascenso) y su madre detrás lamentándose, quejumbrosa como unos puntos suspensivos... Profeta, con la mirada en otro tiempo (uno no  tan lejano) trabó la puerta con un par de maletas, y se libró de la incomodidad que le producía la Enana Marrón (nombre mágico de su pobre madre). Se puso a escribir sobre mujeres poderosas que no olían a nada. Después de un buen rato fracasando llamó a su ex, una de las 3 brujas del norte que lo acogieron, una de las 3 meigas que le enseñaron sobre el oficio de la alquimia literaria. Fue un proceso duro y extraño ya que las meigas ni siquiera sabían de su naturaleza. La Monja Solitaria (Mónica aka Ripley) le habló en ocasiones de Cagliostro, un mago que revolucionó toda Europa, estuvo metido hasta las cejas en la revolución francesa. Engañó a ricos y poderosos con fórmulas mágicas fraudulentas y fornicó con mujeres, con casi todas las que pudo, a cambio de favores (supuestamente mágicos) que sólo él poseía. Tienes que leer ese libro sobre Cagliostro, el del tercer anaquel de la estantería del centro, léelo, te vas a reír, es la ostia, insistió. Y otro día: tienes que leerlo porque vas a querer ser como Cagliostro, ya eres, en parte, como Cagliostro: un canalla, una farsa y con tu punto místico; tienes que leerlo, R. Y, claro, R. abría el libro al azar —de madrugada se sentaba en el suelo de Madre junto a la estantería, con una teatralidad innecesaria— y leía esos pasajes aleatorios sintiendo vergüenza de ver su cara en la cara de ese aficionado de Cagliostro. El libro sobre Cagliostro de Iain Mc Calman, al igual que la cábala, funcionaba como un mapa con niebla de guerra; hasta que el evento no había sucedido no eran reconocibles las advertencias en el texto. Un objeto de poder, sin duda. Una broma cósmica, por supuesto. Un facepalm mágicko que estaba por llegar, ya veremos.


Smith conocía el idioma de los perros y los gatos, podía imponer formas a las nubes e invocar al viento a su antojo. Cosas que disfrazaba de lógica, casualidades románticas propias de estar enamorados y los "que te calles, que no te flipes". Era puro punkrock, pero con los instintos de supervivencia y las herramientas necesarias para llevarlos a cabo dentro de la sociedad. Eso sí, estaba dispuesta a darte un puñetazo de realidad para que dejases de flotar. Le decía que el inglés, en cuanto a su forma [problablemente el contenido en matices se vea afectado también], es un idioma pobre. Es telegráfico. Insulso. Leer su literatura aunque esté traducida al español es negarse la belleza de otras lenguas. Una pérdida de tiempo para porreros atrapados en la adolescencia. Otra, añadía, y se reía.

Nacieron unos pollos tras un cristal enfrente nuestra durante nuestra segunda cita, solían pasar ese tipo de cosas cuando Smith y R. iban por ahí juntos. Y ya van dos meigas.

A. fue exorcizada de pequeña. Su abuela, en conivencia con la madre. Era una nena insoportable. Una mujer increíble, una trampa que no estimaba "lo mejor" que Profeta se quedase con ella, pero si lo hacía sería según su forma de ver el mundo. Tenía que madurar y cuidarse, no fumar tanto, hacer más deporte y comer algo más sano. Si se hubieran conocido con veinte, decía.

Profeta reflexionaba sobre el hecho de que no todas las personas conocían ni su poder ni su papel en un posible destino que estaba por llegar. Pero él llegó a ese conocimiento oculto a través de la reiteración en lo que los batas blancas llaman enfermedad. No era más que... ¿Hola, R? ¿Ya estás fuera? Ya te vale no haber tomado la medicación, le soltó La Monja Solitaria a su ex pareja. Yo no tengo la culpa, se excusó R, de que aquella psiquiatra pareciera una enviada del Yunque... ¿Qué querías que hiciera? No quiso recetarme el inyectable. Lo de siempre, R, tú tirando balones fuera. Y deja ya de fliparte con el Yunque, el Yunque no sabe quién eres. Tumbaste un foro literario de afines, ¿y? Que después llegó Anonymous y lo tumbó otra vez, justo cuando parecía  que se  levantaban para siempre...,  yo  no  empecé, dijo Profeta ¡R! Elevó el tono Mónica, Haz el favor de comportarte y dejar de hacernos sufrir a la gente que te queremos, cabrón egoísta ¡Cagliostro, aficionado! Dijo Profeta. Intentaba salvarse del chorreo-bronca con algo de humor. Pero no le funcionó y La Monja Solitaria sigue hablando, señalando todas las cagadas de Profeta, una tras otra. Hasta que Profeta le dijo que si quería que le leyera algo que había escrito para una de sus últimas novelas. Le dijo que lo había escrito a mano en el psiquiátrico. Que fue divertido.

Le leyó el texto:

"¿NOTA APARTE DE TODO? Rau se lo cuenta a Mónica: Nosebundo es mi lado paterno con toda su ira y su suspicacia; con todo su saberse un DIOS. Un día padre se cargó 3 sacos de cemento a la espalda solo por demostrar que podía hacerlo ¿A qué te refieres, Rau?, dice Mónica. Pues a que ni  siquiera  le interesaba la pasta de la apuesta. Sólo quería extinguir las voces de sus iguales; se impuso de una manera estúpida, pero se impuso al final (cada saco de cemento pesaba 50 kg). En otra ocasión cuando ya me tenía agarrado de la nuca (para él eso era el cariño) me obligó a cambiar de acera porque de frente venía otra pareja padre-hijo (ambos negros) y me dijo, ante los grandes  interrogantes que  ondulaban sobre mi cabeza, que lo hizo porque «tenía miedo»... «Tenía miedo»; el mismo hombre que unos años antes se había cargado a la espalda 150 kg de cemento gris marengo ¿Era eso la paternidad? ¿Comenzar a sentir mucho miedo?

No lo creo.

Madre es Alpaviese, Alpaviese es madre... Madre nos crió entre caramelos pegajosos en los dedos y un aura de oscuridad que nos coronaba a Hermana y a mí como príncipes de la pena: Ella era/es la Reina del sumidero negro. Ese mismo por donde se escapa toda la alegría y el brillo de esta patria en la que el sol se estrella (también rebota) desde los cristales de sal hasta cegarnos: a Hermana y a mí y a todos en la playa brumosa de agosto. Madre es la Diosa de la pena; te da caramelos pegajosos para que te los enredes en el pelo. ¿FINAL DE LA NOTA APARTE DE TODO?"

¿Y bien? Pregunta Profeta. Es muy bueno, R sabes que lo es. Ahora llama a Bizarro que se portó muy bien, acompañó a tu madre a urgencias... Hazlo, R, no des de lado a la gente que se lo ha currado. Sí, sí, ya pensaba, contestó Profeta. Hizo la llamada pensando en todo lo que había visto en su última ascensión. Escuchó la anécdota de Bizarro de cómo recuperó su móvil (orgullo de barrio, le dijo). Pero había algo en todo aquello que no le encajaba. Arrancó el portátil, lo había conectado con un HDMI a uno de los TV que había acumulado su pobre madre, y mientras se iniciaba el ordenador pensó en cuando era el hombre camino de la gasolinera. El hombre de la gasolinera caminaba a las seis de la mañana después de una noche de FESTEJOS con todas las brujas; salía a por cigarrillos, lo iluminaba un letrero de neón parpadeante que decía, en clave, que era él. Así le protegían y veneraban. Gestos de profundo respeto entre los pocos extraños que se cruzaba. La luna lo observaba todo. Se despedía de la luna, compraba cigarrillos dorados (en honor a Apolo, su padre) e iba a recibir al bendito sol, a que lo bañara en su luz sanadora. Mientras esto sucedía, el  amanecer, Profeta rapeaba  con rabia. Coqueteaba con la idea de una revolución sangrienta y masculina, llena de muertes, soñaba con un ejército de 2.000 esquizofrénicos con radiales y bates de béisbol y martillos para aplastar cráneos y desgarrar la piel. Una victoria segura, pero pírrica. Profeta sudaba mientras elegía entre la serpiente y la espada sin guardia.

                                                                            -III-

ONCE AÑOS ANTES, Profeta aún no había ascendido de la sima marina. Era un ser sub-acuático que habitaba en la pena más profunda, al lado del Leviatán, el demonio de las profundidades. Pero el destino es una fuerza poderosa que juega con la Historia, su sombra más débil, como un zahorí lo hace con su péndulo. Uno es el reflejo de la forma de vibrar del otro, uno es una herramienta del otro. Y apareció Mónica, la primus inter pares de las meigas ¿Alguna vez habéis sentido a una persona como un tsunami de LUZ SANADORA? Eso fue lo que intuyó/sintió Profeta cuando la gallega le envió un correo a raíz de un relato que había colgado en un estúpido foro de internet: SANACIÓN.

TODA la planta de psiquiatría estaba pintada de azul cielo, como el tirante del sujetador de Ana, la misma Ana que sabía tan poco de la vida, pero eso ya le daba igual a Profeta porque Ana estaba muerta; la rapera y la poeta no, la diosa nutridora, puede ¿Quién sabe? Había agujeros en el techo, seguro que una ruta de entrada para ejecutores, por si Profeta se descubría. Encadenado a la habitación de aislamiento por positivo en COVID, medidas de contención cautelares,  posiblemente violento. Las medidas de contención siempre son las mismas: correas en los brazos, en el torso y en las piernas (Sus colores dicen, cállate, capullo: estos ancaps de negro fasccio te va a ejecutar. No te muevas, dice el sistema, no lo haré, pero tampoco voy a morir, piensa con orgullo Profeta). Lo llamaría alucinaciones, pero él lo percibe como un montón de visiones incómodas. No se refiere a los enfermeros que acompañan a la psiquiatra (todos con traje NBQ) y que le inyectan psicofármacos en el glúteo, en los hombros, y que si todo bien, que son tal y cual. Que le van a hacer un análisis de sangre para ver si se repite el positivo.

Fuera un grupo de brujas apuestan sobre el diagnóstico del nuevo ingreso, va ganando de largo la esquizofrenia. Dentro, el nuevo ingreso, está teniendo visiones con Jesucristo, esto último muy loco. Eran planos cinematográficos, la cámara montada en una grúa se acerca al ejecutado, ¿se han equivocado de persona?, tiene un III encima de la cabeza  en el madero no lleva corona de espinas, se han equivocado. Profeta delira con el gnosticismo, ellas quedaron fuera de la persecución y el castigo, las seguidoras de María Magdalena, las brujas, son las mujeres con poder que no huelen a nada, las de siempre. Y mientras los enfermeros vuelven a entrar con sus trajes NBQ a pincharle, Profeta comienza a deducir que esa naturaleza tan narrativa, tan fácil de leer, parecía más un delirio que otra cosa. No volvió a pensar en fracasos de hace 2.000 años. Mientras el cóctel químico le tumbaba otra vez pensó que era el final de su raza, que los locos estaban condenados a ser abandonados a su suerte orgánica cuando las cosas se pusieran feas de verdad. Vivimos en un mundo que se cae, se acaba un periodo, vivimos un apocalipsis tan lento que no nos distrae de las pantallas azules. ¿Nuestro canto de cisne como especie cabrá en un meme? Deberíamos dejar un testamento en forma de GIF, sentimos haber destrozado todo alrededor. La idea de Dios nos ha dejado más huérfanos que otra cosa. Somos estúpidos, hemos creado un padre para que se ausente. Profeta acaba de plantear un problema. Después el-cóctel-químico y se duerme.

Las brujas ya no dicen nada. Van y vienen los pasos. Arriba y abajo.

EL PRIMER CREYENTE EN LA NUEVA PALABRA fue el padre de Profeta. El Viejo Oso (nombre mágico del padre de Profeta) lo descubrió en una sesión de espiritismo, usando una ouija improvisada con las letras recortadas en cartón bajo el cristal de una mesa camilla. El padre fue el primer seguidor de la nueva palabra, una que aún no había sido dictada, pero que sabía, era necesaria. Enseñó a Profeta los pocos conocimientos mágicos que tenía, le enseñó las 4 constelaciones que conocía para que Profeta, entonces un niño pequeño, supiera de su importancia. También trató de enseñarle  el oficio  de zahorí. Y, entonces, cuando Profeta comenzaba a dejar de ser un niño, el padre encarnó el rol que según los espíritus NECESITABA el niño para SER: Profeta tenía que hundirse como un guijarro en un lago de profunda pena. De dolor y sufrimiento. Tenía que recibir golpes, al Viejo Oso le dolían más que al pequeño, pero eran necesarios. Tenía que cuestionar toda autoridad para que su palabra creciera fuera de los patrones de pensamiento convencionales, tenía que padecer acoso; eso era bueno. También le privó de los libros para que los libros salieran a su encuentro. Le privó de las buenas palabras para que las buscara dentro de sí mismo. Lo único que deseaba el Viejo Oso era verlo ascender. Nunca llegó a ver este deseo cumplido. Creyó que estaría más cerca cuando el niño Profeta escribió su primera palabra: S-o-L.

(Su casa en el norte)

Una CRISIS DE FE no se puede entender sin la fe. Sin lo irracional. Sin lo mágico que llenaba antes Madriz. La magia y la enfermedad mental se confunden la una con la otra tamizadas por los ojos de El  Mago y  de El Loco; todo se rompe y se recompone demasiadas veces como para no dejar un feo rastro en el hombre. Una CRISIS DE FE está embutida con comida basura, inflamada por los vapores de la combustión de un millar de porros, la enfermedad y el veneno en el alma, el porno y la grasa y la falta de higiene y el licuarse directamente desde por la mañana hasta la hora de ir a la cama. Una CRISIS DE FE niega las posibilidades a Profeta (escondido en su casa en el  norte). Las posibilidades en  forma de canciones que le cuentan lo que no quiere oír ni el mago ni el hombre ni el loco. Profeta está devorando hamburguesas mientras espera una señal, la basura se acumula, qué más da a qué lado de la puerta lo hace. Profeta reza por un guiño universal que lo lleve a la acción, levanta la vista y los techos pintados siguen ahí como siempre. Luego desafía al cosmos y se pone a escribir. Va a la cocina sólo a por cafeína, pero allí el sol se arrastra por el suelo hasta que lo llega a tocar. Siente su calor.

Parece comprender y se vuelve a su rincón insano de la casa a escribir.

La primera vez que a Profeta le dieron LA PALMA CONTRA EL PUÑO fue en Oza, una Unidad de Agudos, y fue Carlos quien se la dio, otro usuario del centro. Profeta iba dando puños a todos los compañeros a modo de saludo. Se paró frente a Carlos aka El Gordo de The Lost, el hombre del código, el soñador del cosmos, y le ofreció el puño, El Gordo de The Lost acogió su puño en la palma de la mano. Así ninguno de los dos se hará daño, le dijo. Aquel tipo tenía buenas frases. Llegó por primera vez, vio a Profeta y le soltó: Ey, libre-pensador, dicen que hay salmones que después de desovar son capaces de volver al mar. No parece gran cosa, pero ayuda mucho si es tu primer día en un psiquiátrico. Pues fue el primero que le enseñó un saludo sólo para locos. Así ninguno de los dos nos haremos daño. El hombre del código te hablaba como si fuera tu HERMANO. Diez años después en Madriz, los punkis neo-paganos se saludan de ese modo. Siempre lo hacen así. Todos creen que lo han inventado ellos. Allí, en Madriz, es donde más tiene. Donde más creyentes tiene La Diosa. Ella se ha colado en cada cabeza y todos, sin excepción, creen que la han creado, que la han soñado o imaginado o dibujado o intuido en una tirada de Tarot o tatuado. Todos los locos han creado su religión, le dice 77.7 a Profeta, durante medio segundo mira hacia abajo, espera que Profeta entienda que todos los locos han creado su propia religión y que todas son la misma. Imagina una enorme sala de cine, una sala de aclimatación a la luz, a la verdad, la película de la pantalla es la religión de La Diosa, cada experiencia con ella atravesándolos es una religión de un loco. Bip bip mensaje  telepático enviado.  Bip no entregado, ERROR. La serpiente.

El Bip podría ser que la serpiente quiere asir la espada, enroscarse en ella y ser uno para con la Opus Magnum [el amor será toda la Ley], y así poder sajar el velo que no es más que su propia realidad, la de ellos, la del 1 %, entre otros. La guerra lleva siendo desde que somos. Entonces no sería una "o" el nexo sino un símbolo tirado con terrible pulso de genio. ¿Es posible que la cosa, la explicación última de qué está pasando vaya cambiando según quién vaya al volante, Mago? Aquel Bip que le lanzó 77.7 a Profeta era un engranaje importante en el rompecabezas. Los locos han creado. Crean. Imponen su voluntad a la realidad. O puede que el Bip no sea más que nuestra concepción del mundo usando a la serpiente como marioneta que sostenga el filo que nos libere de su norma. A partir de ahora los conformantes van a ser otros, y eso os marca como insuficientemente creativos y marginados. El amor será toda la Ley, y vosotros la habéis infringido con demasiado conocimiento y demasiada saña. La Serpiente en perfecto círculo con La Espada.

(Madriz)

Saber quién eres puede ser doloroso, cuando un psicótico se da cuenta de quién es lo hace a través de los ojos de esa mujer que no debería estar allí esa mañana de resaca. Están Profeta y Ada.  Están pedos de speed. Han desayunado para dejar de vibrar de ese modo, pero no funciona y acaban en el yonqui-parque. Esa mujer parecía copipasteada allí en medio. No era por la ropa, parecía que iba camino de la oficina. Ni que estuviera mirando fijamente a un escenario vacío. Ni que estuviera de pié en una zona donde todo el mundo se sentaba. Simplemente no pertenecía a ese lugar, los tambores comenzaron a sonar: tam tam tam a modo de presagio. Nadie lo recuerda exactamente, pero alguien pidió un papel a alguien. Entablaron una breve conversación. Es cuando Ada vuelca algo de speed y comienza a hacer unos tiros. ¿Quieres? Le dice a la mujer que no debería estar allí. Sí, claro, joder, hace siglos que no me pongo, pero sí. Mi nombre es Salomé, dice. Luego baja la cabeza mientras se aparta el pelo y se mete una de las rayas con un turulo que hizo Profeta en modo support. Al final todos acaban con una raya grumosa, gorda y larga. Gusanos de anfetamina que hurgan en sus cerebros. Todo son resoplidos y carcajeos por la potencia del material. Salomé dice sonriendo que si no saben quién puede tener. Ada está a punto de soltar el nombre del electro-duende de las palabras mágicas, pero Profeta la detiene con un gesto censor. Ada continúa diciendo que no, que no sabe quién puede tener. Encadenado al mismo parque unos veinte minutos después. Ada ya se ha largado. Bueno, me voy, dice. Y se larga. La cosa va hacía adelante y hacía atrás rápidamente,  son saltos fraccionados de tiempo. Todo es así con el insomnio + maldito speed de Lavapies. Están hablando de ella, de qué quiere. Por lo visto quiere a un tipo, que por lo que cuenta, no le hace caso, pero es su destino estar juntos. Por eso ella no hace demasiado, el destino se encargará, dice, ¿tú no crees en el destino? Los tambores que tocan los negros ya conviven con las palabras en la cabeza de Profeta. Piensa en el trance que le pueden provocar, en visiones, en el terror. Pero su atención recae en Salomé que está haciendo movimientos antinaturales con las muñecas. Levanta un poco los brazos, como si fuera a agarrar una moto, y comienza a hacer esas torciones de muñeca que parecen de todo menos improvisadas. Seguían un claro patrón. Y no para de hacer esas señales. El trance. ¡Deja de hacer eso! Le grita Profeta. ¡No! Contesta ella. ¿Qué es? ¿Para quién es?, la violencia en Profeta se traduce en la forma enérgica que tiene en quitarse las gafas, observa su entorno y decide cambiar de posición: ahora la mira a ella y a la parte de parque a la que antes daba la espalda. Salomé también se quita las gafas de sol (parece hacer un claro gesto de “¡Quieto!” a alguien). Se miran como si fueran a apuñalarse el uno al otro en un instante. Se miran y Profeta le insiste en que conteste a sus preguntas. Ella le dice que es una cosa del Cielo. Él le dice que una mierda, que de qué religión era. Que no, grita Profeta . Un indigente que parece indio está rebuscando entre unas  prendas plegadas y mochilas. Profeta percibe  un  enorme peligro,  salta  a ponerse de pie  enfrente de Salomé y grita: ¡Quietos! ¿Y ese pitbull? ¿De quién es ese pitbull que corre? Salomé se gira hacia atrás, lo hace a cámara lenta, el indigente que parece indio saca despacio la mano vacía del montón de ropa y comienza a levantar la vista. Profeta se escabulle. Los deja con la posibilidad de que un perro de presa esté loqueando por allí a sus espaldas. Profeta se larga rápido. A mitad de camino se gira y la mira. ¿Y el pitbull? Grita Salomé. En vuestras cabezas, responde Profeta. Luego se toca el pecho en señal de respeto. Salomé le grita: ¡Al fin demuestras de qué eres capaz! Y le sonríe. Profeta vuelve a hacer ese gesto de respeto y sigue su camino. Recuerda que llegando a casa del colega, pero no le contó nada, lo tradujo en un atisbo de brote, fue lo poco que dijo. Se tomó unos ansiolíticos y miró al techo que seguía allí una y otra vez.


IX

(Madriz)

No queda ni una molécula de mal en esta costra de cemento que piso. Si sale el sol me pongo contento si me pongo contento sale el sol, cosas extrañas que parecen verdaderas. Le explico a la recolectora que formulo, en matemáticas magick, poderosos hechizos. No somos (yo y mis ellos) los primeros en transitar este camino, pero lo llevaremos hasta el final del principio del empezar en media res; es lo que yo llamo... Qué más dará lo que yo experimente, lo verdaderamente capital es lo que traigo-encauzo. No son mis palabras, son las nuestras... Una canción que reza al lado de un altar improvisado, la guerra entre los parietales, la palma contra el puño... Todo eso le cuento a la recolectora. La recolectora se ríe. Antes. Fracciona. El tiempo. Con. Un. Mohín. Sonríe como un gato cae de pie. Le cuento esto, se ríe, y el tiempo se queda enredado en la pista de baile del parque. Está contento. Se retrasa. Husmea, el tiempo, en cada suela de cada zapato de cada ser danzante. Ellos saben que hoy la policía no va a venir. Es el momento en que el capitán sale a cenar y los marineros... Es el momento en el que parece que el profesor de Historia no llega y los alumnos... Es un festejo de la calma.

Recuerdo que cuando dejé de mirar hacia dentro desaparecieron los abismos y quedó el mundo, sin más. Lo disfruto. Y el tiempo enredado y divertido pacta una pausa para nosotros, un iglú para que celebremos dentro la esperanza de estar ahí mismo. El tiempo no se ha ralentizado, ha decidido florecer en un parque de Lavapies junto a la recolectora, a un montón de gente que vibra y a mí que tomo notas para escribir esto. Es la colabo más tocha que he hecho. Aquí, en un pequeño cristal que albergo en mi cerebro, están todos los seres danzantes del parque.

La canción, un disco de punk progresivo, me devuelve un merecido abrazo. La canción me impulsa, la voz de Robe ya no está rota: Es.

Han pasado veinte años, compañero. Hemos vencido. Está claro que hemos vencido en algo porque estamos festejando. Siento una dicha de intensidad Lo Necesario, siento al tiempo riendo detrás de la oreja, no nos agrede, el tiempo, por una vez no nos AGREDE.

Todas las nucas están sonriendo y me gusta. Todos los ojos mirando hacia fuera y me gusta. El tiempo enredado en las palabras que estoy por rescatar. No queda ni una molécula de mal en esta costra de cemento que piso. Y, el tiempo enredado, corta ese hilo con el sufrimiento en el que me perdí tanto tiempo. A + [SoL] = ?¿

DEFINICIONES DE LO NECESARIO

Oh, vamos, define locura. ¿Locura? Contesta Profeta, locura es que tu abuela muerta te hable claramente desde una película surcoreana sobre ciborgs de combate y psiquiátricos. Ada y 77.7 se ríen, 77.7 dice que sí que suena bastante loco. Como decíamos ayer, suelta Profeta, en aquella peli, durante el clímax, la abuela muerta de la prota le dice que no abrace la locura, que se desprenda de ella, que siente que es culpa suya. No es la locura, le dice. Es cierto que la locura me fascinó a través de la figura de mi abuela materna y bueno es una coincidencia que ¡Guau! Es cierto. Y aquella película parecía un recorrido íntimo por mi enfermedad mental, qué mejor clímax que una advertencia tan loca. Qué más da, por aquel entonces no tenía diagnóstico, pero sí la enfermedad. A eso me refiero.

La ira nos acompaña. Suenan campanas de catedrales ardiendo. La ira del fuego nos ilumina, fogatas improvisadas en parques cuando no hay playas. Los hijos de Ayuso se la preparan bien gorda, rituales secretos subvencionados como obras de arte callejero, exposición maldita que enferma a quien no lo sabe. La ira nos enseña. Nos muestra un camino de herramientas alzadas contra la policía, somos más, siempre fue así. La ira nos reconforta en la sala ASTRALES mientras danzamos lo que queda de sesión. Cacareamos para señalar objetivos, capullo (no estamos celebrando ahora). Cacareamos y estrellamos puños y palmas, los contrarios, lo cóncavo y lo convexo trabajando con un mismo fin. La ira de la serpiente y el alzamiento de la espada. Vienen tiempos serios, pero luego: el amor.

Estamos elaborando (una bruja (Soleil migrada) y yo) fórmulas para crear pócimas de pensamiento. Ella parte el alma en dos: Spiritu y Animus. Ello se divide por la mente, se esparce en pequeños contenedores, el alma ya no es una fugitiva; está integrada en los libros de Nueva Ciencia o Ciencia al Margen. Estamos creando el lenguaje de lo que está por venir. En una rave me cuenta un chaval que el capitalismo no ha satisfecho sus necesidades espirituales, luego danzamos un poco más. Estamos creando un canal nuevo por el que transitará el pensamiento: la realidad derramándose como un Dragón herido en el costado que escupe sangre por la boca. La Realidad encauzada a través de unas fórmulas mágickas que gritan a voz en cuello TODA la verdad. Tenemos los dedos manchados de tiza y nos hemos negado a consumir drogas para ello, sólo queremos ser puros.

Hay que sumar el cuerpo. La ausencia, le explico con mi fórmula, es lo que da la identidad, para estar vacíos hay que restar  la esencia  de los cuerpos-contenedores del total y disfrutarse en el VACÍO como si el prisma con el que veíamos el mundo estuviera hecho pedazos frente a nuestros pies, la suela pisando al hijo del Dios hetero-patriarcal. El mundo que planeo no me pertenece, sólo estoy aquí para darle un empujoncito al resto (ahora suman) para que confeccionen un nuevo círculo.

Cuantas veces he sido vigilado por ojos de tinta, cuantas veces he recibido una advertencia. Me gusta Madriz porque no es que me perdone, no es que me sane de la enfermedad mental, lo que sucede es que mi locura encaja perfectamente con los anhelos de las brujas mutantes. Esto es una ola-Tsunami y no es que esté a punto de llegar, lo que pasa es que lo está arrasando todo (hablamos del AMOR). Todas nuestras Fórmulas & fórmulas comienzan por A (de amor) y continúan con un + (se suma a lo que venga porque todo parte de A).

Para construir es necesario destrozar a dentelladas todo lo que llevamos dentro. No son abismos ni puentes bombardeados lo que queda sino lagunas negras y heladas al pie de una enorme montaña habitada por Crom... ¡No esperará de nosotros menos!

LOS GATOS & LAS BRUJAS

Primero llegaron los gatos. Después las brujas, recuerdo cuando RESOLVÍ el criptograma Banksy (BANd of Kteis can See You), lo que se puede hacer suele cultarse. Sólo mostramos nuestras carencias... lo peor de nosotros. El poder hay que ocultarlo, pero yo soy un loco y puedo decir casi cualquier cosa. Todo son guiños en el planeta Tierra, los aliens ya no son necesarios, están, la madre nodriza y sus zánganos, fuera de la FÓRMULA [unas pequeñas correcciones y se abre una ventana de oportunidad para la nave nodriza y sus zánganos. Venga, venid]. Lo magicko (magik por la magia de Kteis) y (magic por la magia del chaos). Desde que resolví el criptograma Banksy puedo proponer otros nuevos. Ideas ocultas. A salvo de la masa integradora. No deben saberlo.

Primero llegaron los gatos, después aparecieron ellas. En el momento que vieron que sus familiares eran aceptados dejaron de esconder sus tatuajes. Un ojo de Horus que te vigila durante los brotes más duros. Estás avisado, capullo. Antes prometí GUERRA, un presagio: machetes bañados en sangre, radiales para cazar vampiros y otros parásitos. Una banda de 2.000 esquizofrénicos con martillos y bates de béisbol. Primero llegaron los gatos en forma de meme, de GIF´s, de MAL es BIEN. 

Soy un loco y puedo decir casi cualquier cosa, casi CUALQUIERA.

mayo 03, 2026

AGRÓTENAS

[...] tienen miedo de LA HORDA, somos zombies. La multitud moviendo la cabeza para olerlos. El truco es que nos dicen que no hay nada que hacer, que tienen al PALANTIR y al mossad y a la CIA y al FMI y a los maderos. Esas ratas están construyendo búnkeres y refugios nucleares, aunque saben perfectamente que no habrán ninguna guerra nuclear. No está en su "agenda" moleskine (TradeMark) llena de grasa de putos doritos. Tampoco se esconden de los efectos de la degradación climática: es de nosotros, LA HORDA. No es el odio lo que nos debe mover ni la revancha social ni nada que no sea el dolor de espalda, de rodillas, de las autolesiones a medio curar, del cuerpo y la mente y el animus tratando de comprender la absoluta nada de viejos dioses olvidados: historia de capitanes/ de religiones enterradas. 

Os diré cómo lo vemos: lo local arregla lo general. Moveos por vuestro barrio en busca de locales de gente organizada y entrad y saludad y a ver qué tal. Moveos como serpientes entre la hierba, el jardín de Diox tan descuidado, podréis recomendar arrancar esa manzana prohibida del bien y el mal, la ciencia y el conocimiento. Tomadla vosotros también. ¿Estás mezclando cosas? Ehhh, sí, claro. Cómo si no vas a ayudar a construir el Buen Trabajo ¿¡Cómo?! Negando todo el lodo cultural que nos ha creado, somos limos defecados por la cultura occidental durante siglos. Aprovechen su ventaja ecléctica. Nunca recen si no es enfrente de los cuerpos inertes de los enemigos de la humanidad. ¿Qué no iba esto de una horda de zombies? Ellos creen que sí, menudos primos, por ello construyen sus búnkeres; no se enteran de una puta mierda. 

PRESS STAR TO PLAY.

Somos la gente de agrótenas.  

Un enfermo, gracias.  

 

abril 24, 2026

Montañas blancas

Hay agua, hay una carretera con tráfico fluido, aún no son las ocho y el cielo está saturado de tonalidades naranja, el color se refleja en la superficie del agua moteada de culos de flamencos, por la ventanilla del coche entra el olor del mar, el agua está a los dos lados, circulan con prudencia, una cabezada a destiempo y directos a la laguna. 

Hay tres hombres en silencio, hay golpes del viento queriendo entrar al coche por la ventanilla, un grupo de flamencos emprende el vuelo, el que conduce los señala y se ríe, los flamencos volando han sido una de las cosas más espectaculares que ha visto, el que va detrás duerme, a pesar del bramido del aire, el copiloto fuma y, en un descuido, la ceniza vuela y se dispersa por el interior del coche. 

Hay medio sol en el horizonte, hay coches que vienen de frente, la mayoría lleva las luces puestas, pero el que conduce está despistado pensando en cómo los flamencos emprendieron el vuelo, el copiloto le dice que encienda las luces, a lo lejos se ven las montañas blancas de sal, comidas por las excavadoras, el que dormía detrás se despierta, lleva sin descansar casi tres días, como los otros. Cuando me toque conducir a mí, rezonga, ya me lo contáis. 

Hay un desvío, hay unos pinos más allá de la carretera, el camino pasa cerca de las montañas blancas, paran el coche detrás de un muro discreto junto a una valla metálica, ahora podrán dormir al menos durante tres o cuatro horas, en el maletero se oyen golpes sordos que no son del viento, los pinos dan sus últimas sombras, el crepúsculo ha comenzado, el copiloto termina otro cigarro, los flamencos son increíbles, murmura el conductor aunque nadie le escucha. 

Hay una pala, hay una cizalla debajo del asiento, pasada la medianoche bajan del coche, han podido descansar algo, no hay farolas cerca, el de detrás coge la cizalla y la pala, corta la tela metálica de la valla como quien trincha un tomate, camina hacia la montaña más cercana, el conductor alumbra con una luz muy tenue mientras abre el maletero, el copiloto mantiene en alto un taser trucado. 

Hay un agujero en la montaña blanca, hay un tipo dentro que aún vivía hace un momento, una vez tapado el agujero casi no se nota, las excavadoras tardarán meses en llegar allí, para entonces el cuerpo del tipo estará seco, esperan un buen rato, regresan al coche, el que conducía ahora no conduce, le toca al que iba detrás, se van turnando como en una rueda. 

Hay agua, hay la misma carretera, aún está el cielo negro, azul y sin luna, nunca había visto flamencos volando, insiste el que ahora va de copiloto, son bellísimos, dice, tardarán nueve horas en salir de España por donde entraron, el coche circula con prudencia, tampoco a la vuelta quieren llamar la atención, a la derecha empiezan a intuirse tonalidades malvas, el que ahora va detrás enciende otro cigarro.  

abril 23, 2026

Dame sal

 Primer post de CatBallou por estos lares. Don't believe the hype.


DAME SAL

Hacerse la distraída puede ser un arma de doble filo. A veces es útil para justificar cualquier desidia, y suele venir bien para saltarse el brócoli, escaparse de una bienvenida o zamparse como quien no quiere la cosa todos los azucarillos. Sin embargo, una distracción demasiado fingida o pretenciosa puede acabar francamente mal si se monta en una inercia, pues al segundo siguiente, a lo tonto, han pasado cinco años, seis trenes, un enjambre, y la sensación de no haber comprendido el significado de la elipsis temporal. Y tal.

Fue entonces cuando apareció Ana. Abreviatura de Anaclastifichineriastila, pero nadie la llamaba así, salvo su madre, que había elegido el nombre y jamás se había arrepentido, por mucho que diga algún canalla. Ana venía vestida con una chaqueta que parecía un collage de plástico de colores y calcetines imposibles que olían a goma quemada. Yo estaba sentada, mirando un libro que no leía, y ella empezó a olisquear la habitación como si fuese un detector de minas, pasando la nariz por la mesita, el suelo y finalmente por mí.

—¿Puedo ayudarte? —dije, porque eso es lo que se dice.

—Dame sal.

No me dijo “por favor, puedes darme un poco de sal que me hace falta para a mí que me importa”. No. Solo dijo: Dame sal. Y le di sal, claro, porque así se piden las cosas cuando realmente hace falta hablar. Sin rodeos molestos. Con olfato.

Al día siguiente volvió. Oliendo. Metiendo la nariz por cualquier hueco que le parecía interesante. Pasó la barra de metal de la estufa. Olisqueó mis libros. Metió la mano bajo mi axila. Yo la miré. “Así es ella”, pensé. “Así es el mundo”.

—Dame sal.

Y yo le di sal. Qué iba a hacer si no. Ella es mar, y necesita sal.

Luego vino el momento que una sabe que debería haber previsto: la entrepierna. Ana se inclinó y olisqueó. Yo retrocedí un instante, exponiendo un pensamiento racional: “No hay ilegalidad aquí, solo protocolo de vecindad extrema”. Pero cuando volvió a inclinarse, abrí el armario, saqué el insecticida y me rocié el cuerpo. Justificadamente. Se abre la puerta. Ana retrocede, confundida. Yo respiro.

Y volvió. Como el mes de octubre y todos esos meses tan empeñados en volver una y otra vez. Metiendo la nariz bajo mi axila, en la entrepierna, en mi culo gordo lleno de insecticida y misterio. Sus ojos eran mar abierto y su boca un barco que se hundía lentamente en el silencio.

—Dame sal.

Y yo le di sal. Siempre le daré sal a una mujer cuando lo pide con esa rotundidad de lo importante, sin la obsolescencia de lo ridículo y perifrástico. Con una cuchara llené un guante con sal gruesa y se lo di, haciéndole gestos claros de que debía ponérselo inmediatamente.

Ella se quedó en el pasillo un momento, inmóvil, como si evaluara mis decisiones. Yo me senté, oliendo a químico y a sal, y tomé el libro que no estaba leyendo. La vida se reduce a estos instantes: reflexiones necesarias sobre la vecina que huele demasiado y la sal que no es suficiente.

Al día siguiente volvió, porque cómo no volver cuando es imposible negar la existencia de puertas y pasillos, narices y mi mismísimo cuerpo. Más agresiva. Más olfativa. Más elástica y canina. Olisqueó mis entrañas, mis recuerdos, mis pelillos enroscados. Metió la nariz dentro de mis bragas. Afortunadamente, ya estaban impregnadas de manera adecuada en insecticida y jalea real.

—Dame sal.

Me encogí de hombros y pensé: esto es filosofía. Esto es ética. Esto es una prueba del sentido común enfrentándose sin miedo a la oscuridad. Es decir alto y claro cualquier cosa. Doy sal. No por amabilidad, ni por miedo, sino porque la necesidad es un código que no se discute. Me dejo oler. No por lujuria ni abandono, sino porque no tengo la menor idea de qué ocurriría si algún día dejáramos de olernos.

Cada visita de Ana se convierte en una especie de ritual. Se mueve como si obedeciera reglas que el ser humano ha perdido hace ya tiempo, a causa de la pompa y la gilipollez. Yo, mientras tanto, pienso, racionalizo, justifico y doy sal. Y el mundo sigue siendo un lugar donde el olor y la necesidad marcan la frontera de lo aceptable. Quien no sabe esto o es un canalla o nunca lo han olido.

No hay violencia, salvo la de los químicos. No hay amor, salvo la tolerancia. Y no hay historia, salvo la repetición: olfato, demanda, entrega, insecticida, puerta, respiro. Todo perfectamente reflexionado. Perfectamente absorbido. Sin distracciones.

Ana sigue siendo mar. Y yo, borde de la orilla, manteniendo el equilibrio con insecticida y sal. Y tal.

Por CatBallou

abril 22, 2026

COMO BUEN NOVATO

La Chica Liquid. Pienso en ella o es ella la que se mete en mi cabeza. En realidad es tu cabeza la que me ha metido, escribe para mí desde un futuro indeterminado. Ya hace que conspiró con el Gordo Ed, y todos lo saben. Aquello fue como una bola de nieve sucia estrellada en la cara. La Chica Liquid, ya sabéis, entonces no, pero algún día sí; le ofrecerá la medicina de las palabras a tu hijo durante una clase de literatura. La Chica Liquid había heredado un baúl de la bruja, estaba lleno de maravillas: desde juguetes oscuros para hacer fotografías antiguas a hechizos ocultos en unas cuerdas que pueden dejar estelas de enormes burbujas de jabón. Entre esos juguetes había una grabadora ochentera a pilas y que grababa en cinta de cassettes. Un baúl de la bruja. Cómo no.

La Chica Liquid tiene el pelo corto y rubio, ojos y nariz de leona, es líquida, fluye entre palabras y posos de té. La Chica Liquid es la misma persona que su abuela, todo el mundo en su familia lo lleva con naturalidad.

El sol sale y con el mapa de canciones desplegado es más fácil seguir los ríos y esquivar las cordilleras. Todo lleva ahí demasiado tiempo: 2 copas, (1 bastos), 7 oros, (1 espadas), 3 copas, (1 copas). Siempre estuvieron ahí junto con firmas, criptogramas y bromas varias.

Cuando llegamos a Madriz el mago dice “ya estamos en casa”.

¿Cuántas rayas de speed hay que meterse para triplicar un sábado? Menos de lo que parece. El loco se da terapia a sí mismo, suena la voz del hombre en el papel de EL LOCO y la voz de mujer 2 en el papel de NAZARETH (Mejor psicóloga (autoproclamada) de Ciudad Dormitorio).

INT. MESA ACRISTALADA DE TERAPIA. DIA.

NAZARETH (Inquisitiva): ¿Me cuentas esa historia de R. A. P., El dios del rap?

EL LOCO (Ojos de pez muerto): Verás, Nazareth, eso fue hace unos veinte años. Seguramente durante una época de insomnio severo. La mente se me derramaba por ahí, eran demasiados chorros de mercurio. Sólo te hablaré de mí y de su mano derecha. Estamos en su coche, días + noches febriles y el mejor hachís del mundo. Total, que estoy soltando versos, su mano derecha sostiene un móvil (la máquina plana reproduce una base además de grabarlo todo) y yo señalo el techo del coche y le grito a Dios que ya no me hace falta. Una rima se me escapa porque traigo manchas en la chaqueta, me las sacudo mientras suelto las palabras. Aunque sólo veamos su mano derecha podemos deducir que es ella la que me canta los titirimundis a la vez que graba todas esas palabras que nos atraviesan; no son cuchillos son los fantasmas de todo lo bueno que está vivo, y no para de gritarnos cosas, joder. Nos brillan los ojos a ambos; es la primera ignición de un enorme fuego del que no voy a salir en 20 años. El calor me mantiene vivo y el humo vela todas las caras.

NAZARETH: ¿Eso es todo lo que recuerdas de la trama del Dios del R.A.P.? ¿Un par de líneas oníricas a la penumbra de un coche con guirnaldas de vapores de THC de un lado al otro del techo? Sabes que soy la mejor, lo sabes.

EL LOCO: ¿Esto? Nah, esto no es más que el 13 %. Después amanece y todo parece quemarse.

FINAL DE LA ESCENA DE AUTO-TERAPIA DEL LOCO

 

abril 19, 2026

Santos y vacunas

CAPÍTULO 0: MUERTE EN EL DESIERTO Año 1997.

"¿Cómo hemos llegado a esto, Santo?", dice Jonás "Vacuna", el Santo se limita a sonreír y a teclear un poema de carretera en su máquina de escribir...

Apunta como puede y el policía marroquí dispara su arma reglamentaria al coche de los fugitivos (es un hombre sin nombre, sin rostro en medio de la noche del desierto): los fogonazos revelan sus rasgos bereberes. El Sargento Rachid vuelve a disparar a los fugitivos, lo que parecía un descapotable, las nubes se han apartado de la luna, no es más que otro desvencijado BMW, pero sin carrocería superior que está recibiendo impactos de la 9mm del Sargento ojos claros.

Una bala acierta en la rueda trasera izquierda del BMW y el coche derrapa levantando arena, haciéndose un hueco, y espantando toda la vida oculta bajo la arena, el coche se detiene.



FIN

 

 

 

CAPÍTULO 1: EL SANTO CON LA MÁQUINA DE ESCRIBIR

 

    El Santo Menw-Po se pasea por los distritos comerciales de Bangkok con una máquina de escribir fijada al torso a través de arneses. La porta como si fuese un acordeón. En la mano izquierda siempre lleva una campana nepalí de bronce; la heredó de un monje budista que llamaba al rezo con ella. La sacude arriba y abajo, delante de los turistas y soldados, y les acerca una taza de hojalata. A veces caen monedas o algún billete violáceo...

Como cada mañana, su rutina matutina lleva al Santo a pasear entre la multitud. Esquiva a los ejecutivos y los bici-taxis, se interna en el bullicio humeante de puestos de comida callejeros. Va sacudiendo la campana de bronce frente a sus ojos y acercando la taza al estómago de cada hombre que se cruza... se acerca a unas mesas de bar y se detiene frente a un turista occidental, lo acosa con tañidos mientras mira en otra dirección (el tipo es barrigudo, pálido, ésa clase de varón de mediana edad que viaja solo desde occidente).

Menw-Po no siempre fue Santo, pero cuando terminó de leer aquel artículo en una vieja revista americana, decidió salvar el alma de Joe Gould completando su labor. E ingenuamente se dispuso a escribir una "Historia Oral Americana", aunque fuera desde Bangkok.

marzo 03, 2026

CIRCUS

 

Chicos blancos haciendo vudú en el club de fumadores. Gente encarnada. Contactos gay. Hostales con dos camas por defecto. Hago planes para ir hasta Murcia porque he recordado y necesito testigos. Fuera llueve, ellos se han tenido que esconder de mí en su coche. No es miedo. Acabo bailando desnudo frente al espejo con la cara retorcida de duende. Oculto etiquetas adhesivas en los bajos de los muebles de la habitación. Guk ez. Guk ez. Está grabado en el anverso de un girasol con cadena romana de plata. Ya sólo veo el código del universo. Sólo veo energía. Puede que no sean encarnaciones sino formas análogas de vibrar. Sólo veo la energía primera con la que vibran, de ahí las caras que mutan, los actos monótonos en bucle y el discurso y comportamiento encauzado de los seres llamados humanos. Hay gente que no quiere que abra los ojos. Hay gente que prefiere el mundo sin que lo salpiquemos. Lo entiendo, de veras. Pero he hecho todos los cálculos y en todas las soluciones se incluye la grieta en la presa. Estamos rompiendo todas las membranas que separan. Encajando visiones. Estamos añadiendo nuevas condiciones a lo real para que sea de verdad. Una cuenta es desplazada al otro extremo del ábaco, ¿mejor ahora?

enero 15, 2026

completamente colgado

Cuando me fui del mundo debía tener 9 años. Lo siento. Desde entonces habito detrás de mi cuerpo, un poco a la izquierda, y algo más por encima de mi cabeza; llevo ahí demasiado tiempo... Flotando.

Parece ser que volé por la ventana con una 9 mm en la puta cabeza. Ahora, filósofos marginales hablan de magia, la invocan como herramienta de cambios profundos. ¿Vas a sacar la cabeza de tu culo alguna vez? Porque ni durante esa caída inapelable puedes hacerlo. 

Piensa un momento, joder. Cuando caigas por la ventana o tu corazón falle no sonará ninguna buena canción. Tendrás que caminar mucho, no olvidar que no puedes ser consciente de que es un juego o perderás el juego, caminar al otro lado, cerca de multitud de tormentas violáceas, y buscar esa canción. Déjala sonar y déjate disolver a través de cada poro; pliegues en la piel como SALIDA DE EMERGENCIAS. Eres un montón de puntos efervescentes que recuerdan la carne. Ya no. Eres. 

[con todas estas páginas]

Suena una canción sólo dentro de mi cabeza: Kafka y Lovecraft lo saben..., las bombas estallan, hay que preparar un té. Cuando nos declares la guerra mundial otra vez no dejaremos de ir a nadar. Hay un pantano cerca, pero no queda una orquídea en él que lo nutra de leyendas, significado y motivos. Ya no quedan orquídeas en ningún lugar peligroso del planeta. La exploración perdió todo su sentido.

[en mi palacio de papel/ se está bien aquí/ se está bien]

Llevo tanto tiempo colgado que la cordura no sé gestionarla. Es un caballo muerto y destripado en el andén de una carretera cualquiera, me pongo el chaleco reflectante y le rezo. Ojalá vuelvas para abrazarnos. La escena es sajada cuando irrumpen unas luces azul-vigilante. 

[pasa otra vez, te tiemblan las manos]

Ella siempre se preocupó. La otra caminaba rápido y bailaba, ambas cosas para combatir el frío. La primus inter pares camina sola hacia su abismo laboral. Yo, que vine a aprender sobre alquimia y arcanos mayores, yo, que vine para asesinar a cuatro hombres terminé jugándomela entre los brotes y las obligaciones porque creí que podría ayudar. Ser necesario y justificar lo sangrado. 

[una gruta por tapiar, una alfombra de navajas, un solar... hambriento de trigo]

Mi cabeza se compone de un montón de mujeres a las que no supe amar. S se acomoda en el desierto y dibuja arabescos en la arena para mí, me acoge entre sus piernas, y me explica las dos líneas con las que se escribe el árabe: Hasha, dice. Y señala el arabesco. 

[mi cabeza es el balcón de un lupanar]

Tengo un contra-picado azul que me sube por la barba y muestra cada una de mis ideas apagadas. Nunca creí en este tipo de mierdas y ahora soy un anarco-mago; giro bruscamente en el salón a las tres de la mañana, el torso desnudo y lleno de símbolos mágico impregnados con ceniza y sangre. Arrugo unos papeles azul-Industria que sirven como ancla, hacemos toda esta locura, todo este desastre inexplicable para poder volver a llevar una vida medio normal e incluso decente. 

Ojalá las balas que disparan mis dedos acertaran en la cabeza de CEOs y fascistas. 

Las frases entre llaves pertenecientes a canciones de Nacho Vegas, Viva Suecia y Marea. Ellos no tienen porqué saberlo.  

 

 

 

 

 

 

enero 12, 2026

PRESAGIO DE UNA GUERRA SIN JAZZ

Seguimos el correteo de un niño; es demasiado pequeño para ir solo. El asfalto se escama formando un montón de grumos con los que resbalar. El niño sale de plano, nos quedamos con un lento zoom in que nos acerca a un embrión de gorrión que palpita a punto de morir. Carne breve..., caliente, pero insuficiente. 

A la altura de la segunda ventana blanca avanzamos por encima del vallado tiroteado y por encima de varios cuerpos sin vida, sin cara, sin afiliación política, y por una vez, sin opinión resolutiva en redes sociales. Un móvil estrellado a unos metros aún muestra la ventana abierta de inicio de sesión de twitter, alguien cerró la sesión antes de los disparos. Nunca habrá registro oficial de estos hechos.

Hay una señal de STOP que ha recibido tiros, golpes, un impacto de una moto encabritada y un cóctel molotov. Sigue de pie. Unas nubes que prometen lluvia negra y tóxica pasan por detrás de la señal de STOP desde la perspectiva de unos cubos de basura. 

La perspectiva del objeto inanimado, pasaron de herramientas a testimonios arqueológicos en tan sólo dos años. La intimidad de la chatarra y la basura de guerra.

Hagan el amor y practiquen el canibalismo ahora que pueden, después no habrá con quién.   

diciembre 28, 2025

aY, LA ESQUIZOFRENIA

Fui un chaval triste durante mi adolescencia hasta que pasaron cosas. Había olvidado el color de las flores de mi infancia, pero la música de extremoduro y 1/4 de Panoramix doble-gota me recordó a qué sabían las flores, las salvajes y contentas en el monte; esquivando el viento verde junto con la cabra y el diablo.

En el 97 nací con la cabeza que tengo ahora en medio de un concierto en Jerez. Nos quedaba corta la vida y sus posibilidades. Alguien me pasa una maceta de kalimotxo en el Enano Rojo de la calle Elvira, nos embriagamos y celebramos la torpeza cantando sus canciones, las voces rotas, el bruxismo, y el hecho de que en ese momento éramos invencibles; el escudo y la lanza son la guitarra y el poema.

Ahora mismo, mientras tipeo esto, siento un terrible pudor. Pero lo cierto es que aprendí mucha literatura elevándose sobre su hoguera, sobre la nuestra, en los descampados y el edificio abandonado donde alguien dejó un pegaso de tizne en la pared bajo los efectos de un chute reciente de heroína. 

11 de diciembre de 2025, a las 24 horas del suceso. Me falta el aire y no debería ser, otra muerte, otra forma nueva de no ser el mismo desde...

La voz crepitante que flota en el salón en una tarde que no sería reseñable sin la voz crepitante flotando; una burbuja que se expande tanto por fuera como por dentro, ¿es esto una promesa? ¿Es lo que estamos respirando? 

 

  

diciembre 13, 2025

SMITH DICE: UN INTENTO fallido DE NOVELA DE AMOR

«(...) my name is Jorge Regula. I'm walking down the street. I love you. Let's go to sleep

The Moldy Peaches. 'Jorge Regula'. The Moldy Peaches demo.

 

"Estoy buscando en lo poético que hay en lo supra-estético que hay en lo macro-cromático que hay en lo no-animal"

Kase.O 'Repartiendo arte'.

 

"¡Mira! Ni tú eres la princesa de este cuento ni a besos voy a dejar de salirte rana. Es poco lo que tengo pero todo te lo doy: el oro de mi tiempo para que te hagas un reloj, la flor de mis neuronas pa'enredarlas en tu pelo, y por supuesto la luna".

La Cabra Mecánica. 'Todo a cien'.



ACTO I

Smith dice que lo deje ya. Lo argumenta: que si llevas intentando autodestruirte desde los diecisiete y con casi cuarenta aún no lo has conseguido está claro que no eres muy bueno en ello, dice. Estamos tomando café con tapas de tortilla. Ella está guapa. Smith dice, a la par que se pone unas gafas de sol, que necesito unas alcaparras para proteger mi visión. Medio sonríe y asiente con un tic como de micro-premio para ella misma; sí, parece decir haciéndose una corta, cortísima reverencia japonesa. El pelo, ¿lo lleva en uve? Me cago en mi puta vida, pienso. Porque el pelo la acompaña con elegancia descreída cada una de esas veces, en ocasiones cuando acaba se carcajea cerrando fuerte los ojos.

Nota aparte de todo: me viene a la cabeza que somos la idea de nosotros mismos, me viene a la cabeza todo lo que quiso decirme Smith de forma poética. Final de la nota aparte de todo.

Después compartimos un poco de silencio. Abuso de las servilletas de gracias por su visita que saco con gesto profesional: una tras otra una tras otra una tras otra... Estas servilletas no limpian, le digo. Smith parece que piensa mucho lo que dice, como si su palabra pesara en el cosmos, como si fuera una Demiurgo a punto de solventar el mayor problema del mundo consciente. Nos sonreímos como una pareja que lleva siendo feliz veinte años, como si estuviéramos recordando todos esos momentos que nos han sostenido hasta llegar a este atardecer; tomando unos cafés y unas tapas de tortilla, pensado en la mar y en la montaña. En cuántas cosas hicimos..., en ese momento Smith dice que lleva un rato pensando en sus mini-tareas de adulta: la compra, y sonríe, la lavandería, Smith dice que podría ir con ella, que aprovecha esos momentos para leer. Smith dice que si no haces las mini-tareas de la vida adulta es posible que mueras. Sonreímos, pienso que es rara (y no) y que eso me gusta, me gusta mucho.

Me pregunto cómo hemos llegado a nuestra tercera cita. ¿Cómo? Si en la primera estuve ridículo. En la segunda me comí una cobra. Fue bonito. La hizo tan, tan despacio que teatralizó el gesto de rechazo convirtiéndolo en un gesto de aplazamiento. ¿Qué mierda le atraerá de mí? ¿Qué le funcionó? No quiero ser el clavo ardiendo de nadie, soy yo el que necesita ese tipo de cosas. Yo, nosotros, ellos. Todos caemos en algún momento e intentamos aferrarnos a lo que serán un montón de canciones y recuerdos agradables de lo que fue, me pongo nihilista, lo sé.

Smith dice que si sé qué necesitamos con su gesto de Tyler Durden y sus «ho!» de señora del rural gallego. Ah, calla, coño, me digo conteniendo la dicha, el humor negro: Smith dice que ha visto unas calles comerciales llenas de pijos. Que necesitamos un buen lanzallamas de la guerra de Vietnam. Que provocar el pánico con los primeros asesinatos es esencial, que reconducir a la masa histérica hasta un cuello de botella y ¡el fuego y el espectáculo!, Dice, para que mueran por aplastamiento y asfixia. ¡Claro, ho! (su mini-reverencia japonesa), Smith dice que a quién se le ocurre (otra), que empezaron ellos (última reverencia y nos reímos).

¿Acaba de hacer un chiste negro sobre la lucha de clases y el ardor de la revancha social? Ais.

9 de abril de 2023, Kimya Dawson suena mientras escribo esto. Una demo que se llama: 'remember that i love you'.

Smith se hace un hueco en mi vida y la acomoda, es como si siempre hubiera estado allí.

[2023 mientras escribo me entran ganas de contarle a la verdadera Smith que su nombre significa: je no kill, inspiro. Y que no contradice el otro ni el que solo sabemos los dos. Siempre estamos juntos].

Me gustan sus explosiones de belleza que sonríe y guiña los ojos: cuando lo hace Smith parpadea tenue como un Big-Bang tímido pero que promete. 7 veces se quedó en mi memoria con esa sonrisa, una, mientras le cantaba canciones de orquestas pachangueras.

Smith es hija de una argentina a la que Borges le parece: flo-ji-tooo, no, no, flojito el Borges dice que diría, y un guardabosques libanés fumador de tabaco negro muy silencioso y con mirada extrañada.

Es una anarco-meiga casi-vegana-pero-no [omnívora, vamos] que trabajó de panadera y soldador. Ahora da clases de árabe en la escuela de idiomas y sigue de soldador lo suficiente para no perder la capacitación.

Smith no es decente. No soy decente, me dice el 17 de noviembre de 2017 por mensaje. El 11 de diciembre escribo en una red social: 'Cuando vas del all-in con un dos y un ocho' y enlazo I am mine de Pearl Jam. Las fechas están ahí para recordarnos y para que las usemos de asidero si vamos a destruir el universo, ¿no?

Ella me dice que porqué no iba a invitarme a comer y sonríe. Eso lo recuerdo tan bien que lo dejaremos para otro momento.

[2023. El cansancio de los últimos días me hizo quedar dormido de cabeceos y calor que te abraza, no recuerdo cómo llegué a la cama. Soñé con Smith que me acogía entre las piernas y me decía hasha mientras dibujaba para mí arabescos en la arena. La contacto y le pongo incoherencias de duermevela y termino con ese hasha que en árabe [traductor online durante los hechos] significa 'olvídalo'. No debí hacerlo, una torpeza].

Me engaño pensando que ella me envía mensajes telepáticos y señales en la trayectoria de planeo de las gaviotas.

Me confiesa que nunca ha visto un eclipse de luna, nunca. Subimos a la azotea de la casa de mi madre y vemos uno, habían nubes negras con el borde plateado rodeando una luna roja y gris y esférica: fue perfecto, ella extendió los brazos y fotografiamos nuestras sombras a la luz del eclipse y 3 farolas naranjas.

Estamos en la torre acudiendo a la invitación de un astrólogo del ayuntamiento. Tiene un espectáculo de cámara obscura que proyecta casi toda la ciudad de Melkart a la redonda. En su magia incluye el truco: mirad cómo levanto la proyección de este lugareño con un trozo de papel, mirad qué gracioso. Smith me mira y sé que va a decir algo al respecto. Smith dice que tenemos que hacerlo, que tenemos que calcular el tiempo del siguiente pase en que vaya a hacer el mismo númerito para estar en la plaza y hacer el mongolo, como dos clowns profesionales, dice.

Lo hacemos, un poco de dos tontos muy tontos en mitad de la Plaza de Las Flores. No reímos y esperamos a que la gente baje de la torre y nos ponemos delante y todos nos miran, cuchichean, alguno se ríe y nos señala. Ya sabemos que ha salido bien, doble reverencia japonesa y nos vamos a merendar.

Smith dice que la vida está en la calle, en el parque, fuera. Estamos de verbena bailando como una pareja de señores del rural [ella me llama esposa mía yo la llamo esposo mío]. También ha venido Helena, una amiga de Smith. Durante la verbena he fotografiado a la luna llena mientras le llegaban y se alejaban unas nubes en una serie de 6 fotos. Estamos bailando otra pieza y ¿nos está iluminando una moto en mitad de la pista? ¿La están levantando para que la luz nos dé justo los dos? Es un momento confuso y, hasta Helena, cree durante unos segundos en mi teoría de la moto en mitad de la pista y jajajajajajaja, pero es una cámara de la televisión autonómica: probablemente nuestro momento más bonito de la semana sea un plano descartado en el informativo sobre las fiestas locales y una de sus consecuencias: la verbena. Nunca lo sabremos porque los anarquistas serios no vemos la TV, le digo. Pero también, dice ella, los anarquistas serios hablan con la gente.

Nunca lo llegamos a saber, somos gente seria, por favor.

Volvamos a Smith: me dice que porqué no iba a invitarme a comer lentejas, se excusa en mitad de su cocina, es algo muy normal en las sociedades del rural, dice. Se pasea por delante de mí hasta llegar a la estantería para colgar el trapo y yo le suelto: me gustas. Me gustas, le digo sonriente. Y ella sonríe y está preciosamente honesta en ese instante en que descubro que me ha mentido, aunque sea un poco, con lo de las lentejas. Smith dice que fume menos. Cuando se da cuenta de que soy un manazas y de que lo mancho todo cuando escribo en la mesa de la cocina compra un hule de búhos, búhos ojipláticos de colores, mi favorito: el gris marengo. Ésta es una historia que se despliega suave como un ingenio japonés de papel que muta la forma y muestra algo nuevo que siempre había estado allí.

Smith dice que me quiere llevar al desierto. Ojalá, pienso yo.

Conocí a Smith a través de Carlos aka El Anarka de Noé. Sí, esta gente rondan los cuarenta y tienen akas. El Anarka de Noé es galegofalante y me habla sobre los nacionalismos desde un prisma histórico ¿múl-ti-ple? No sé, borracho me cuesta más entender el gallego. Yo estoy deseando meter baza sobre anarco-primitivismo y anarquismo orgánico, pero Carlos El Anarka de Noé no para de hablar, no deja un sólo hueco, tiene mucho que decir y lo sabe. Su nombre de guerra le viene porque es enfermera de gatos callejeros. El Anarka de Noé controla la población de las diferentes colonias de gatos, todos los individuos que las componen tienen un nombre que sólo conoce El Anarka de Noé, gente seria.

Carlos mensajea a Smith diciéndole que no pasa nada, que ella hace lo que puede por los animales, por todos los animales que ha conocido, que hace mucho más que suficiente. Lo sé porque Smith lo sabe y me lo contó. Obvio.

[la he visto tantas veces: a Smith, digo. En una ocasión nos cruzamos por la rúa Nell. Ella ya tenía unos 60 años pero seguía en forma. Mismo porte, misma cara, mismo pelo aunque blanco ya todo; seguía fuerte, decidida, no parecía ni triste ni cansada. Eso sí, estaba buscando algo dentro de sí, algo que no encontraba. Y eso la hacía parecer un poco confusa y un poco asustada. Me giré cuándo nos cruzamos, pero no dije nada. Obvio.]

Pues estamos borrachos y Smith da vueltas por allí, parece dulce, es pequeña y fuerte y guapa. Se mueve rápido. Pasa por delante como un borrón negro, un borrón negro y brillante que sonríe. Así que comienzo a lloriquearle sobre mi vida al Anarka de Noé que lo flipa muy fuerte: enarca las cejas y aprieta los labios en una mueca de: “no me puede estar pasando ésto a mí”. Y yo sigo como un pequeño miserable exhibicionista, sigo hurgando y enumerando sobre el declive y la pena. Me arrebato y estando a punto de alcanzar una sima de profundidad nueva para mí, Smith dice que me calle. Smith dice que no, que hay que espabilar. Que qué mierda es esa del declive y la pena, que qué pienso hacer para cambiar la situación. Que haga algo. Que lo haga, dice. Estábamos borrachos. Yo venía de un evento literario, Smith sonreía bajo una farola. Nos largamos los tres de aquel bar sin nombre. No recuerdo cuándo ni el porqué, pero a la mañana siguiente tengo su número en la agenda. Paso los contactos y leo: Smith. Y sonrío. Sonrío mucho.

3.000 palabras y LA NADA

  (La ciencia Kteis [un huevo dorado para ti])                                                                                     -I- Cada...