octubre 15, 2026

Metástasis con centro en crujiente cereal, cáncer de boca, bocetos en colores ocres colgados y por el suelo, los restos de una pelea de bar en una sóla losa. Restos de papelillos de carnaval, un par de barriles de estramonio completamente secos, tiras de piel de plátano a medio liar junto con una cucharilla en la que se ha hervido algo de nuez moscada, restos de nexus en la tapa del CD, micro-dosis de LSD en papel secante troquelado con diseño de cómic, toda una juventud que se vomita en el tigre de un bareto, peleas, peleas que se `pierden en el parking de la disco, todos los ancestros de un punki son muchos ancestros. Papel celo y cinta americana, tijeras y cola, algunos bolis, lápices y rotuladores y marcadores, viejos libros de poemas rescatados de la basura para carne en lámina de collage, poemas manuscritos en viejas máquinas de escribir, enumeraciones, enumeraciones, y los restos del naufragio de un miércoles. No hay fanta. El limón hirviendo en el fondo de la garganta junto con tendones mandibulares que se deshacen en ácido; la ansiedad me devoró la carne, perdí 27 kilos y gran parte de mi masa. Cuando hablo del mal, la gente sabe que ni miento que ni invento, saben que lo digo en serio, cuando hablo del mal la gente se calla porque saben que soy honesto; que puedo serlo.

(...) y dónde queda la piel, oquedades llenas de terminaciones nerviosas, lame, lame, lame esas tetas, los pezones, un escroto. Tantos cuerpos confusos de continuar en la costilla del amante, lame, lame, lame ese cuello. Toca, toca, mete los dedos y muévelos dentro.

Dónde queda la polla y dónde queda el cerebro. El centellear electro-químico entre neuronas funcionales. Un torpe flagelo que descarga el electrón al disparo de la NADA. La muerte de lo que podría haber sido un acto o un olor, perfectamente. La muerte de lo que podría haber sido la fe, la extirpación de un millar de comienzos, el rezo, el rezo y el reo. Recuerdos que caen como en un pozo de brea, despacio y absoluto, yo soy Elvis, yo soy Elvis. Yo soy la estrella de rock rodeado de viejos indecentes. Creemos que saldrá de aquí mejor, Doctor, tome sus pastillas. Comprimidos blancos con sabor a muerte retrasada, comprimidos amarillos para la pena, comprimidos blanqui-rojos y capsulas moradas para la sed del alma. Prescolar y ouijas mal cerradas; hay algo aquí dentro, hay algo aquí dentro... conmigo, en el surco de lo acontecido y fracturado, en la herida permanente de despertarse cada mañana. Hay un cadáver dentro de mi ropa y no puedo sacarlo. Hay un muerto en mi lugar, hay un aparecido cuando doblo una esquina del pasillo. Enciendo el leño y sigo manejando la antigua locomotora,las coordenadas son un pueblo pesquero, en la ruina, hay caballo en circulación y hace mucho que no importa nada. La escritura. Los restos pegajosos en la taza de café. Hay una gota que ahora mismo se está evaporando sobre la alfombra. ¿Hay una alfombra? Los pies descalzos y llenos de tizne. El polvo que alguien trajo del camino, el retroceder en cada huella de arenilla y basuras. La continua reinvención del YO a través de los delirios de grandeza, la copa del árbol que arde y habla la lengua de enoch, ser hijo, padre y espíritu una y otra y otra y otra vez en el huerto, orando y huyendo de la muerte. Padre, por qué estoy en tus planes como carnaza. Padre, el hijo muerto se eleva sobre sus cabezas. Padre, mira esta herida, esta laceración, mira y contempla la prueba de tu amor por ellos sobre mi piel. Cristo dudando es lo más cerca que estará el hombre de ese dios. Te comes un pajarito que es el mismo Dios, y todo se apaga. Valga el homenaje. Valga el plagio voluntario y el querer hacer propias palabras ajenas porque también encajan dentro de uno. Eso sea lo que sea. El error induce al pez a aplastar la cara contra el cristal. Esta vez no, muchacho. No.

Acantilados, aves y vida marina que parece el génesis. Meteoros que cruzan el cielo señalando cada nuevo mesías recién nacido. 187 trompetas, 500 hombres, la santidad y la guerra a continuación, lo bendito y la muerte a cambio de oportunidad de negocio. (AA)

 

lo que traemos detrás

 

La ira nos acompaña. Suenan campanas de catedrales ardiendo. La ira del fuego nos ilumina, fogatas improvisadas en parques cuando no hay playas. Los hijos de Ayuso se la preparan bien gorda, rituales secretos subvencionados como obras de arte callejero, exposición maldita que enferma a quien no lo sabe. La ira nos enseña. Nos muestra un camino de herramientas alzadas contra la policía, somos más, siempre fue así. La ira nos reconforta en la sala ASTRALES mientras danzamos lo que queda de sesión. Cacareamos para señalar objetivos, capullo (no estamos celebrando ahora). Cacareamos y estrellamos puños y palmas, los contrarios, lo cóncavo y lo convexo trabajando con un mismo fin. La ira de la serpiente y el alzamiento de la espada. Vienen tiempos serios, pero luego: el amor.

octubre 09, 2026

Smith dice (parte II)

ACTO II


Smith ha dejado estrías, lascas, arañazos en una de las piezas de ajedrez de la reina negra del club de juegos al que acudo: son unas heridas que sólo yo puedo reconocer porque, en parte, las provoqué.


Es el único bar de sólo-pepsi de todo el barrio y lo conozco desde que vivo aquí (más de 8 años), os cuento esto porque cuando Smith me dice que tiene una hora o así para tomar café y que quedemos en La Oficina no puedo recordarlo y tampoco consigo ubicarlo. Me es familiar, pero en esencia no sé de qué me está hablando. Tengo que fumar menos, tengo que fumar menos, tengo que fumar menos porros, joder. Estoy bloqueado, en blanco. Ella me da una dirección, un cruce de calles y le digo (le miento) que ya lo tengo, que voy para allá. Me termino el café frío, me calzo las zapatillas grises con diseño troquelado (este diseño va a traer cola, aviso) y salgo con una estúpida sonrisa como de domingo. Llevo la cazadora de camuflaje y vaqueros amplios, llevo bastante acojone dentro del cuerpo mientras bajo las escaleras. Fuera, el día a penas es un boceto. Sólo estoy yo haciendo avanzar un plano subjetivo hacia la oficina, la cámara está amortiguada por unas rodillas que hacen lo que pueden, decido en ese momento que tengo que cuidar de mis rodillas y sigo y encuadro el mundo mientras camino. En los cascos suenan Nacho Vegas y Hora Zulú alternamente. Sólo estoy yo avanzando. Fast-forward y ya estamos tomando café y todo es farragoso. Qué bien. Estoy, y sé que se me nota, tenso: la lengua en la boca se traba, no vocalizo bien, me agobio, ¿cómo me puede estar pasando esto de nuevo? Me digo una y otra vez tras cada cagada. Ella parece que lo pasa hasta bien, hija-de-puta-con-suerte, pienso. En un momento decide ir al baño y se da la vuelta y hace eso de caminar a cámara lenta. Eso que hacen las meigas cuando quieren dejarse mirar con mucho más detalle, lo de caminar a cámara lenta, digo. Cuando vuelve le explico cómo se había plegado el vestido que lleva por encima del pantalón a su perfecto culo, cómo me hipnotizó ese momento y cómo disfruté cada micra de segundo hasta casi eternizar esos 8 pasos que la separaban del servicio. ¿Me has contado los pasos?, dice. Tienes buen culo, le digo. Gracias, dice, parece extrañada: no es un vestido, es una camisa, me aclara haciendo un gesto de ¿eres tonto o qué? Así que tiro de vocecillas cómicas ¿Os conté que Smith tuvo su época de squatter y klown en Londres? Pues también tiene buen gusto para las vocecillas cómicas: se ríe y saca sus propias vocecillas cómicas. La cosa se relaja. Ya tenemos un asidero: somos dos tontos muy tontos. Está guapa-la-cabrona cuando se ríe. No sé en ese instante qué es, la honestidad. Una cosa sobre Smith: es seria, de cojones. Si consigues que te siga en un chiste o celebrarlo con risas y ¿guiña ambos ojos cuándo se ríe?, me cago en mi puta vida, pienso. Pues eso, si Smith te sigue haciendo chistes siéntete halagado, insignificante humano. Ella ríe de frente, no lo fuerza y yo: Uy, ¿esto es oxitocina (OT) en mi cerebro dejando rastros por los que poder evitar los puentes bombardeados y seguir avanzando? Sí, pues así de bonito se ríe.


Me crezco y voy sacando mis credenciales, pero a Smith se la sudan bastante. Esta tía no tiene ni una micra de fascinación por la cultura pop, es la anti-groupie total que te puede soltar un puñetazo de realidad que diga: 'que te jodan, todo lo tuyo es accesorio. Yo trabajo en el mundo real'. La cosa vuelve a tierra de nadie, además, sabe que soy un pringao por tirarme el pisto, a tierra de sendos cruces de brazos y resoplidos. Una tos seca. Si el emperador bosteza otra vez esta ópera está muerta.


El vestido-camisa va y viene mientras Smith se aleja con pasos cortos. Fast-forward, la mezcla de cafeína y hachís hace que la cosa vaya a saltos. Estamos ya en la calle y nos vamos a despedir (creo que es un hasta nunca), pero Smith me dice que ¿nos volvemos a ver, no? Nos besamos en las mejillas para el hasta luego, ambos con extrañeza.


[también estaba en Órgiva justo cuando apareció un imán y su mano derecha aproximándose a aquel bar-hostal de paso y desayunos el primer día de ramadám de 2023. Estaba allí].


Smith lleva su bubú azul con arabescos blanco hueso y baila con una música que sólo suena en su cabeza. Smith dice que lo hace para no morir de frío. La cocina helada de su casa en el norte o el desierto del Sáhara con algo de ritmo y melodía casi improvisados: todo dentro de su cabeza, para que baile y para que no muera de frío.


A estas alturas me siento tan ridículo. Todo el mundo está de acuerdo en que persiga cerrar ese círculo menos la propia Smith. Una de las últimas veces que la vi estaba pintando dunas y palmeras de un oasis con plantillas en el largo, larguísimo pasillo de su casa en el norte. No sé qué echo en falta de ella, de ella conmigo, de estar siempre juntos. De hacer el amor y posar la mano en su pecho y confesar que es casa. Es más que familia, amante y casa. Es lo que nunca creí merecer, Smith es magia. Fluye y se vienen turbulencias: una tormenta que aclara el aire, un caos necesario para despertar de un estúpido sueño que no era el mío sobre mí mismo sino el sueño de todos ellos sobre quién o qué soy. Sobre cuántos somos aquí dentro y de lo mal que lo hacemos. Smith quiere que sea su familia, este tío roto, este loco y torpe hijo de puta; Smith quiere que hagamos un bebé. Lo pide una de cada dos mañanas, hacemos el amor: estamos en casa, somos familia, siempre estamos juntos. En ocasiones hay que cocinar y fregar los platos y limpiar e ir a la lavandería a lavar ropa y leer un rato. Smith sabe comunicarse con los animales y dice que su gata Aiko posee el conocimiento universal que le falta al ser humano, pero que no puede comunicarlo. Aiko simplemente está ahí a lo suyo, si hace falta se esconde, si hace falta nos cuida y si no hace falta simplemente está ahí a lo suyo.


Smith dice que los anarquistas serios beben agua del grifo, que al capitalismo-salvaje le gusta el plástico. Que dice capitalismo-salvaje como metáfora de los señores gordos y capitalistas con sombrero de copa y monóculo [parece que esté describiendo a la mascota del Monopoly pero me temo que no le falta razón en este punto] que son, a su vez, una metáfora de los poderes que mueven la rueda dentada que nos aplasta. Smith dice que vivimos en un caleidoscopio de metáforas rotas. ¿Lo dijo?


Hablamos de literatura y me dice que no, que no le gusta la literatura. Smith dice que no. Que escribía pero que dejó de hacerlo en cuanto comenzó a hacer cosas útiles y dejó de aburrirse. Smith dice que escribir es de pijos aburridos. Pero cuando me mudo a su casa me doy cuenta de que siempre está leyendo, devora los libros, los pone a parir o no, pero los devora. Saco libros de la biblioteca y Smith los lee antes que yo. Y yo, mira ésta, a la que no le gusta la literatura. Sonrío porque está leyendo Las ratas y hace un mohín de aprobación, lleva una gafas de lectura que le ¿ratonizan? la cara. Todo está bien porque siempre estamos juntos.


Amanecemos en casa. Su culo está acomodando contra mi polla. Se vienen las curvas mañanera, pero esta vez Smith me dice: hazme un bebé, dice. Y yo estoy de acuerdo en una forma preclara, diáfana, aplastante. Sí. Hacemos el amor, ella impone un ritmo más cercano al quickly de los viejos marineros del Pay-Pay pidiendo, obviamente, que la preñe. Rápido que hay que hacer el desayuno, pienso. ¿No vamos un poco rápido? Parece que es necesario. Vamos a ir a Grecia juntos, los tres, vamos a ir al templo de Zeus y al monte Olimpo; a subirlo a pie. Quiero llevar a mi familia hasta el origen de la cultura nemea. No le digo eso al respecto. Por eso ahora-entonces sigo penando el pecado de no hablar. 2023. No está siendo el mejor año de mi vida, espero que ella esté mejor. He intentado sanar mi rastro de culpa, de inevitable culpa por mi deformación emotiva. ¿Qué diría ella ahora sobre esto que hago? Smith dice que las novelas de amor de gente que sí existen son ridículas, yo digo que ya veremos, Smith dice que el J. de Los Planetas merece ser condenado al ostracismo por misógino. Yo digo que cualquiera se cree su rollo rodeado de groupies. Le digo que el capitalismo ni se crea ni se destruye: se ignora o se resetea. Lo ignoramos todos y se resetea, parece, él sólo. Es una maquinaria perfectamente engrasada. Desde hace demasiado.


Smith baila en medio de la cocina una música que sólo suena en su cabeza. Su cara es de éxtasis danzón, Smith sonríe hacia dentro mientras baila en la melodía de una música que sólo suena en su cabeza, lo hace para quitarse el frío. Smith baila para quitarse el frío y termina por entrar en calor y va provocando pequeños incendios en mi sien del lado de la memoria. El primer hogar de la historia albergó fuego: era para eso, para contener el calor, para concentrar la luz. El primer hogar de la historia se hizo para contener el regalo de Prometeo. Una ignición en la mente de los seres llamados humanos que nos dijo: ¿Y bien? Que nos dijo: ¿Y ahora qué? No se nos ha dado muy bien aquello de los hogares y las familias desde entonces, no demasiado; nihilista otra vez, es verdad.


Smith baila en medio de la cocina sonriente y entregada, yo transciendo y sé que voy a necesitar un bloc de notas cerca. No amas a alguien por su apariencia, su vestimenta o sus lujos, sino porque canta una canción que sólo tú puedes escuchar, dice el meme que dijo Óscar Wild, pero no me creo esa autoría de la frase: Fluxus, jodiendo como siempre.


Smith es una yonqui de los viajes, adicta al desierto, completamente enganchada a la furgoneta: fernweh, una nómada. Para alcanzar el tiyoweh no puede estarse quieta, le enferma el asfalto. Smith prefiere el Sáhara o Argelia a Tailandia, considera una horterada ir a Tailandia. Smith me cuenta que había como tres géneros en Tailandia, pero que la demanda del turismo sexual del blanquito-reprimido con dólares implantó y propagó dos géneros más, por lo que en Tailandia, ahora, hay como cinco géneros sexuales. ¿Como las Lady Boys?, le digo. Me dice que ese término es un invento yanqui para el porno, que qué cojones he estado viendo en internet. Le digo que un poco de casi todo, pero que todo legal. Mucha edición promocional gratis que da para... Me dice que no quiere saberlo, que de acuerdo, pero que soy un cochino. Le digo que puede, pero que prefiero el término cochinote (que me descubrió Palencia para referirse a Henry Miller en una llamada telefónica).


Mis amigos en plástico azul, es mi muro y somos menos de 150. Posteo todo en público, todos los tipo de interacción están permitidas. Todos hemos visto la red social de fincher y aquí estamos, llenando contenidos el sitio de zuckerberg, trabajando para el enano mental con cara de lelo y pelo rizado. Estoy mirando mi muro, haciendo scroll, padeciendo el algoritmo de facebook en forma forma de publicidad maliciosa, están los de siempre: incansables, todo el día enchufados a esta mierda. Son mis amigos en plástico azul y casi todos molan un quintal. Son peña rápida, son carne de foro literario e irc, somos la vieja guarda, supervivientes en internet desde antes del 2k. Hay algunos avatares entre mis amigos de entre mis amigos de facebook que son más viejos que youtube, hay un eco de nosebundo(s) que hablaba sobre nietzsche en los comentarios de un fotolog. Hay un millón de líneas del messenger de hotmail en la cabeza de esta gente. Me levanto temprano y enciendo el ordenador, ya casi me he tragado un burn de medio litro y me estoy liando un peta. Soy un cáncer en el mundo, he venido a hacer daño. Así que conecto.

 

septiembre 14, 2026

INT.COCINA DE BARRIO.DÍA

Depresión, me dice. Solo puedo atarme los zapatos y no me siento nada guapo. Nada. En la despensa hay lo de siempre, siempre se coge lo mismo porque para qué. Me gusta el pan de txapata de aquí, saben hacer buen pan, lo hacen bien hasta las franquicias y los súpermercados. Mi terapeuta me cuenta cosas que entie 

julio 26, 2026

uno de tantos nombres de Dios, N.


El hombre quiere volver a ser un amante, intenta eludir todas las consecuencias de sus actos y lo único que anhela es un agradable pícnic junto a ella con un hongo nuclear de fondo al atardecer. Propone que el resto del libro sean anotaciones sobre lo cotidiano en forma bitácora de la vida gris. Sabe que ni el loco ni el mago estarán de acuerdo. Sabe que su propuesta de aferrarse a lo común de la existencia en colmenas de hormigón está cayendo desmembrada por un acantilado desde el mismo momento de su formulación. El hombre sabe que debe abandonar su casa en el norte porque lleva al loco en la cabeza y al mago en los ojos. El hombre sabe que nunca tendrá una vida de hombre, una familia propia, una casa en el mundo, un montón de apuestas de futuro en forma de facturas ni ninguna placa con su nombre en el mundo de los hombres.


junio 26, 2026

Buenos días, tristeza

esa novela francesa me ¿destruyó? o me recordó que lo que queda, al final, ni se acerca a lo pretendido. buscamos un refugio fuera de tiempo, calmo, equilibrio perfecto de lo inerte y áspero. rezad. tener ganas de escribir con lo dedos manchados de ceniza. impresión cancerosa en ese hueco del cielo de la boca. tuve un compa de charleta: literatura, alucinógenos, jazz y enfermedad mental; esas gotas de haloperidol que perlan un qwerty cariado. faltan las teclas del bloqueo del teclado numérico. braman los ríos podridos de advertencias. no son plagas sino consecuencias.

ella finge que me amamanta para que pueda eyacular fuerte entre sus piernas y en su estómago. ella sonríe como si ya lo supiera y siempre, siempre, siempre ocurriese lo mismo. no hay diferencia entre anatema y enfermedad: no nos quedan claves por descubrir. 

él se pierde entre palabras, sabe que de allí puede salir a pulso. el evento amor como un accidente de tráfico: hierros retorcidos parecen abrazar al conductor siniestrado, pulmón izquierdo desgarrado; parece una bolsa plástica debajo de un torrente primaveral. caen chuzos y el pulmón vacío y aplastado. ¿vas a salir de ahí a pulso? 

Metástasis con centro en crujiente cereal, cáncer de boca, bocetos en colores ocres colgados y por el suelo, los restos de una pelea de bar...