marzo 07, 2026

La cura narrativa

¿Cómo se consigue que te den el alta médica en un manicomio? La medicina farmacológica ha avanzado tanto que han creado una pastillita adecuada y personalizada para cada paciente. Las sintetizan de colores para recordar la que te toca y también para estimular su consumo. Están equipados con todo tipo de artilugios de entretenimiento. Pantallas planísimas y de tamaños colosales. No hace tanto vinieron a modificar una pared para añadirle treinta y cinco centímetros más. Si no, la pantalla nueva no cabía. La realidad virtual es increíble. Algunos pacientes creen mejorar su salud mental hasta tal punto que pueden negar su locura con total normalidad y confianza.

El manicomio es contención, cómoda contención. Un ansiolítico y todo se verá más “claro”. Un antidepresivo y creerás que tus nervios vuelven a estabilizarse porque ya no sientes esas ganas irrefrenables de destrozarlo todo usando tu cráneo de martillo, confiando en que si no se rompe el mundo, al menos, tu cerebro sí se apague y deje de mandar señales de emergencia a través del sistema nervioso. Hoy me he tomado una pastillita roja que no es la habitual, suelen recomendarme una azul. Lo comenté con los compañeros y su respuesta fue que usan diminutivos porque así genera un regreso a la infancia que funciona como un paliativo natural en el paciente.

Quizá, si tuviera que decir algo malo acerca del manicomio diría que los “doctores” son el único elemento disruptivo. Ellos piensan que están bien, es más, consideran que su perspectiva acerca de la realidad, la verdad y la salud es la correcta y la usan para medir. Es por ello, principalmente, que todos sin excepción estamos completamente e irremediablemente condenados a la locura más absoluta. No es posible sanar, no así, no aquí. Así que hice lo mío. Comí rápido sin perder tiempo, esquivé a los “doctores” con cualquier excusa peregrina que se me ocurriese. La mayor ventaja de estar loco es que mientras mantengas un comportamiento pacífico ignoran prácticamente todo lo que digas o hagas, es decir, no eres juzgado porque tu juicio ya terminó y dictaminaron locura permanente con estabilidad para el trabajo bajo los efectos de antipsicóticos recetados. Así que aprovecho mi ventaja, me escabullo entre los enfermos, camino por la sala y salgo por la puerta. Noto el viento colándose por debajo de mi bata medio abierta. Prefiero no atarla nunca y dejar que puedan verme el trasero. Dicen los “doctores” que es por una desviación sexual basada en el exhibicionismo, pero yo sé la verdad, y es más sencilla, aprovecho mi ventaja, me relajo, asumo el animal que se esconde más allá de la ilusión de raciocinio humano con el que tanto insistimos en identificarnos aunque luego nuestros actos siempre, siempre, siempre, tiendan a lo irracional, a lo emocional, a la brutalidad. Excepto cuando practico lo único que me equilibra de verdad. El motivo por el cual me escabullo entre los locos. Me voy directamente a la biblioteca, el único lugar donde hay paz. Y libros. Solo es ocupada, en ocasiones, por una pareja de enfermeros que tienen una filia rara con los libros. Una vez tuve que esconderme debajo de la mesa mientras hacía lo mío y me sorprendieron. Entraron los enfermeros besándose apasionadamente. Cogieron un libro, lo abrieron y empezaron a leer en voz alta. Luego uno se arrodilló ante el otro que continuó leyendo con el libro entre las manos. Entonces el arrodillado le bajó los pantalones al lector y ya podéis imaginar lo que continuó. Hasta aquí parecería sexo laboral normal. Todo lo normal que puede ser tener sexo en el trabajo. Pero cuando el lector mete su miembro entre las páginas y lo agita arriba y abajo hasta que mancha las palabras y la cara de su compañero es cuando yo pienso: ¿Es esto normal? ¿Puede que en realidad sí lo sea y por eso el manicomio es lo único que de verdad existe? Eso explica el porque, cuando salimos, todas las personas visten con la misma bata de manicomio. Casi todos de “doctor”, claro. Pero yo sé que la mayoría han robado esa bata. O la han falseado incluso. Y sé que el “doctor” está loco, más que cualquier paciente. Al menos nosotros tenemos la particularidad de saber, más o menos, como somos, como se expresa nuestra locura. Ya llegamos a lo importante. Y es eso mismo: la locura la-lo-cu-ra. En mi caso lo que lo cura es la escritura... Me siento en una incómoda silla en el interior de la biblioteca, el lugar más tranquilo del manicomio, probablemente el único a no ser que vengan a divertirse los enfermeros. Abro mi cuaderno. Lo conseguí en una papelería. La dependienta vestía una bata como la mía, también desabrochada y pude ver un gran lunar en su nalga derecha cuando se agachó para recoger el cuaderno que iba a comprar. Se le cayó, yo sé por qué, y la razón es por mi expresión facial. Genera una descomposición química en el cerebro: o sientes una subida de serotonina por la bondad que desprendo o por lo contrario, la subida es de adrenalina provocada por el miedo a que pueda contagiarte algo. Un tipo de locura desconocida por los pacientes comunes, los que no saben que están locos y viven sin diagnosticarse ni tan siquiera conocerse a sí mismos. Creo que la dependienta es de las primeras porque me ha sonreído. Sabe que le he visto el lunar y le ha gustado mi mirada tan cálida. Noto en sus ojos la serotonina circulando. Le devolví la sonrisa, claro. Así que abro mi cuaderno y saco mi bolígrafo del bolsillo que yo mismo confeccioné en mi bata de paciente y comienzo mi ritual curativo. Escribo: La escritura es arte. El arte es curar lo incurable. El arte es amor.


¿Cómo se consigue que te den el alta médica en un manicomio? Escribiendo una narrativa liberadora...

marzo 03, 2026

CIRCUS

 

Chicos blancos haciendo vudú en el club de fumadores. Gente encarnada. Contactos gay. Hostales con dos camas por defecto. Hago planes para ir hasta Murcia porque he recordado y necesito testigos. Fuera llueve, ellos se han tenido que esconder de mí en su coche. No es miedo. Acabo bailando desnudo frente al espejo con la cara retorcida de duende. Oculto etiquetas adhesivas en los bajos de los muebles de la habitación. Guk ez. Guk ez. Está grabado en el anverso de un girasol con cadena romana de plata. Ya sólo veo el código del universo. Sólo veo energía. Puede que no sean encarnaciones sino formas análogas de vibrar. Sólo veo la energía primera con la que vibran, de ahí las caras que mutan, los actos monótonos en bucle y el discurso y comportamiento encauzado de los seres llamados humanos. Hay gente que no quiere que abra los ojos. Hay gente que prefiere el mundo sin que lo salpiquemos. Lo entiendo, de veras. Pero he hecho todos los cálculos y en todas las soluciones se incluye la grieta en la presa. Estamos rompiendo todas las membranas que separan. Encajando visiones. Estamos añadiendo nuevas condiciones a lo real para que sea de verdad. Una cuenta es desplazada al otro extremo del ábaco, ¿mejor ahora?

enero 15, 2026

completamente colgado

Cuando me fui del mundo debía tener 9 años. Lo siento. Desde entonces habito detrás de mi cuerpo, un poco a la izquierda, y algo más por encima de mi cabeza; llevo ahí demasiado tiempo... Flotando.

Parece ser que volé por la ventana con una 9 mm en la puta cabeza. Ahora, filósofos marginales hablan de magia, la invocan como herramienta de cambios profundos. ¿Vas a sacar la cabeza de tu culo alguna vez? Porque ni durante esa caída inapelable puedes hacerlo. 

Piensa un momento, joder. Cuando caigas por la ventana o tu corazón falle no sonará ninguna buena canción. Tendrás que caminar mucho, no olvidar que no puedes ser consciente de que es un juego o perderás el juego, caminar al otro lado, cerca de multitud de tormentas violáceas, y buscar esa canción. Déjala sonar y déjate disolver a través de cada poro; pliegues en la piel como SALIDA DE EMERGENCIAS. Eres un montón de puntos efervescentes que recuerdan la carne. Ya no. Eres. 

[con todas estas páginas]

Suena una canción sólo dentro de mi cabeza: Kafka y Lovecraft lo saben..., las bombas estallan, hay que preparar un té. Cuando nos declares la guerra mundial otra vez no dejaremos de ir a nadar. Hay un pantano cerca, pero no queda una orquídea en él que lo nutra de leyendas, significado y motivos. Ya no quedan orquídeas en ningún lugar peligroso del planeta. La exploración perdió todo su sentido.

[en mi palacio de papel/ se está bien aquí/ se está bien]

Llevo tanto tiempo colgado que la cordura no sé gestionarla. Es un caballo muerto y destripado en el andén de una carretera cualquiera, me pongo el chaleco reflectante y le rezo. Ojalá vuelvas para abrazarnos. La escena es sajada cuando irrumpen unas luces azul-vigilante. 

[pasa otra vez, te tiemblan las manos]

Ella siempre se preocupó. La otra caminaba rápido y bailaba, ambas cosas para combatir el frío. La primus inter pares camina sola hacia su abismo laboral. Yo, que vine a aprender sobre alquimia y arcanos mayores, yo, que vine para asesinar a cuatro hombres terminé jugándomela entre los brotes y las obligaciones porque creí que podría ayudar. Ser necesario y justificar lo sangrado. 

[una gruta por tapiar, una alfombra de navajas, un solar... hambriento de trigo]

Mi cabeza se compone de un montón de mujeres a las que no supe amar. S se acomoda en el desierto y dibuja arabescos en la arena para mí, me acoge entre sus piernas, y me explica las dos líneas con las que se escribe el árabe: Hasha, dice. Y señala el arabesco. 

[mi cabeza es el balcón de un lupanar]

Tengo un contra-picado azul que me sube por la barba y muestra cada una de mis ideas apagadas. Nunca creí en este tipo de mierdas y ahora soy un anarco-mago; giro bruscamente en el salón a las tres de la mañana, el torso desnudo y lleno de símbolos mágico impregnados con ceniza y sangre. Arrugo unos papeles azul-Industria que sirven como ancla, hacemos toda esta locura, todo este desastre inexplicable para poder volver a llevar una vida medio normal e incluso decente. 

Ojalá las balas que disparan mis dedos acertaran en la cabeza de CEOs y fascistas. 

Las frases entre llaves pertenecientes a canciones de Nacho Vegas, Viva Suecia y Marea. Ellos no tienen porqué saberlo.  

 

 

 

 

 

 

enero 12, 2026

PRESAGIO DE UNA GUERRA SIN JAZZ

Seguimos el correteo de un niño; es demasiado pequeño para ir solo. El asfalto se escama formando un montón de grumos con los que resbalar. El niño sale de plano, nos quedamos con un lento zoom in que nos acerca a un embrión de gorrión que palpita a punto de morir. Carne breve..., caliente, pero insuficiente. 

A la altura de la segunda ventana blanca avanzamos por encima del vallado tiroteado y por encima de varios cuerpos sin vida, sin cara, sin afiliación política, y por una vez, sin opinión resolutiva en redes sociales. Un móvil estrellado a unos metros aún muestra la ventana abierta de inicio de sesión de twitter, alguien cerró la sesión antes de los disparos. Nunca habrá registro oficial de estos hechos.

Hay una señal de STOP que ha recibido tiros, golpes, un impacto de una moto encabritada y un cóctel molotov. Sigue de pie. Unas nubes que prometen lluvia negra y tóxica pasan por detrás de la señal de STOP desde la perspectiva de unos cubos de basura. 

La perspectiva del objeto inanimado, pasaron de herramientas a testimonios arqueológicos en tan sólo dos años. La intimidad de la chatarra y la basura de guerra.

Hagan el amor y practiquen el canibalismo ahora que pueden, después no habrá con quién.   

diciembre 28, 2025

aY, LA ESQUIZOFRENIA

Fui un chaval triste durante mi adolescencia hasta que pasaron cosas. Había olvidado el color de las flores de mi infancia, pero la música de extremoduro y 1/4 de Panoramix doble-gota me recordó a qué sabían las flores, las salvajes y contentas en el monte; esquivando el viento verde junto con la cabra y el diablo.

En el 97 nací con la cabeza que tengo ahora en medio de un concierto en Jerez. Nos quedaba corta la vida y sus posibilidades. Alguien me pasa una maceta de kalimotxo en el Enano Rojo de la calle Elvira, nos embriagamos y celebramos la torpeza cantando sus canciones, las voces rotas, el bruxismo, y el hecho de que en ese momento éramos invencibles; el escudo y la lanza son la guitarra y el poema.

Ahora mismo, mientras tipeo esto, siento un terrible pudor. Pero lo cierto es que aprendí mucha literatura elevándose sobre su hoguera, sobre la nuestra, en los descampados y el edificio abandonado dónde alguien dejó un pegaso de tizne en la pared bajo los efectos de un chute reciente de heroína. 

11 de diciembre de 2025, a las 24 horas del suceso. Me falta el aire y no debería ser, otra muerte, otra forma nueva de no ser el mismo desde...

La voz crepitante que flota en el salón en una tarde que no sería reseñable sin la voz crepitante flotando; una burbuja que se expande tanto por fuera como por dentro, ¿es esto una promesa? ¿Es lo que estamos respirando? 

 

  

diciembre 13, 2025

SMITH DICE: UN INTENTO fallido DE NOVELA DE AMOR

«(...) my name is Jorge Regula. I'm walking down the street. I love you. Let's go to sleep

The Moldy Peaches. 'Jorge Regula'. The Moldy Peaches demo.

 

"Estoy buscando en lo poético que hay en lo supra-estético que hay en lo macro-cromático que hay en lo no-animal"

Kase.O 'Repartiendo arte'.

 

"¡Mira! Ni tú eres la princesa de este cuento ni a besos voy a dejar de salirte rana. Es poco lo que tengo pero todo te lo doy: el oro de mi tiempo para que te hagas un reloj, la flor de mis neuronas pa'enredarlas en tu pelo, y por supuesto la luna".

La Cabra Mecánica. 'Todo a cien'.



ACTO I

Smith dice que lo deje ya. Lo argumenta: que si llevas intentando autodestruirte desde los diecisiete y con casi cuarenta aún no lo has conseguido está claro que no eres muy bueno en ello, dice. Estamos tomando café con tapas de tortilla. Ella está guapa. Smith dice, a la par que se pone unas gafas de sol, que necesito unas alcaparras para proteger mi visión. Medio sonríe y asiente con un tic como de micro-premio para ella misma; sí, parece decir haciéndose una corta, cortísima reverencia japonesa. El pelo, ¿lo lleva en uve? Me cago en mi puta vida, pienso. Porque el pelo la acompaña con elegancia descreída cada una de esas veces, en ocasiones cuando acaba se carcajea cerrando fuerte los ojos.

Nota aparte de todo: me viene a la cabeza que somos la idea de nosotros mismos, me viene a la cabeza todo lo que quiso decirme Smith de forma poética. Final de la nota aparte de todo.

Después compartimos un poco de silencio. Abuso de las servilletas de gracias por su visita que saco con gesto profesional: una tras otra una tras otra una tras otra... Estas servilletas no limpian, le digo. Smith parece que piensa mucho lo que dice, como si su palabra pesara en el cosmos, como si fuera una Demiurgo a punto de solventar el mayor problema del mundo consciente. Nos sonreímos como una pareja que lleva siendo feliz veinte años, como si estuviéramos recordando todos esos momentos que nos han sostenido hasta llegar a este atardecer; tomando unos cafés y unas tapas de tortilla, pensado en la mar y en la montaña. En cuántas cosas hicimos..., en ese momento Smith dice que lleva un rato pensando en sus mini-tareas de adulta: la compra, y sonríe, la lavandería, Smith dice que podría ir con ella, que aprovecha esos momentos para leer. Smith dice que si no haces las mini-tareas de la vida adulta es posible que mueras. Sonreímos, pienso que es rara (y no) y que eso me gusta, me gusta mucho.

Me pregunto cómo hemos llegado a nuestra tercera cita. ¿Cómo? Si en la primera estuve ridículo. En la segunda me comí una cobra. Fue bonito. La hizo tan, tan despacio que teatralizó el gesto de rechazo convirtiéndolo en un gesto de aplazamiento. ¿Qué mierda le atraerá de mí? ¿Qué le funcionó? No quiero ser el clavo ardiendo de nadie, soy yo el que necesita ese tipo de cosas. Yo, nosotros, ellos. Todos caemos en algún momento e intentamos aferrarnos a lo que serán un montón de canciones y recuerdos agradables de lo que fue, me pongo nihilista, lo sé.

Smith dice que si sé qué necesitamos con su gesto de Tyler Durden y sus «ho!» de señora del rural gallego. Ah, calla, coño, me digo conteniendo la dicha, el humor negro: Smith dice que ha visto unas calles comerciales llenas de pijos. Que necesitamos un buen lanzallamas de la guerra de Vietnam. Que provocar el pánico con los primeros asesinatos es esencial, que reconducir a la masa histérica hasta un cuello de botella y ¡el fuego y el espectáculo!, Dice, para que mueran por aplastamiento y asfixia. ¡Claro, ho! (su mini-reverencia japonesa), Smith dice que a quién se le ocurre (otra), que empezaron ellos (última reverencia y nos reímos).

¿Acaba de hacer un chiste negro sobre la lucha de clases y el ardor de la revancha social? Ais.

9 de abril de 2023, Kimya Dawson suena mientras escribo esto. Una demo que se llama: 'remember that i love you'.

Smith se hace un hueco en mi vida y la acomoda, es como si siempre hubiera estado allí.

[2023 mientras escribo me entran ganas de contarle a la verdadera Smith que su nombre significa: je no kill, inspiro. Y que no contradice el otro ni el que solo sabemos los dos. Siempre estamos juntos].

Me gustan sus explosiones de belleza que sonríe y guiña los ojos: cuando lo hace Smith parpadea tenue como un Big-Bang tímido pero que promete. 7 veces se quedó en mi memoria con esa sonrisa, una, mientras le cantaba canciones de orquestas pachangueras.

Smith es hija de una argentina a la que Borges le parece: flo-ji-tooo, no, no, flojito el Borges dice que diría, y un guardabosques libanés fumador de tabaco negro muy silencioso y con mirada extrañada.

Es una anarco-meiga casi-vegana-pero-no [omnívora, vamos] que trabajó de panadera y soldador. Ahora da clases de árabe en la escuela de idiomas y sigue de soldador lo suficiente para no perder la capacitación.

Smith no es decente. No soy decente, me dice el 17 de noviembre de 2017 por mensaje. El 11 de diciembre escribo en una red social: 'Cuando vas del all-in con un dos y un ocho' y enlazo I am mine de Pearl Jam. Las fechas están ahí para recordarnos y para que las usemos de asidero si vamos a destruir el universo, ¿no?

Ella me dice que porqué no iba a invitarme a comer y sonríe. Eso lo recuerdo tan bien que lo dejaremos para otro momento.

[2023. El cansancio de los últimos días me hizo quedar dormido de cabeceos y calor que te abraza, no recuerdo cómo llegué a la cama. Soñé con Smith que me acogía entre las piernas y me decía hasha mientras dibujaba para mí arabescos en la arena. La contacto y le pongo incoherencias de duermevela y termino con ese hasha que en árabe [traductor online durante los hechos] significa 'olvídalo'. No debí hacerlo, una torpeza].

Me engaño pensando que ella me envía mensajes telepáticos y señales en la trayectoria de planeo de las gaviotas.

Me confiesa que nunca ha visto un eclipse de luna, nunca. Subimos a la azotea de la casa de mi madre y vemos uno, habían nubes negras con el borde plateado rodeando una luna roja y gris y esférica: fue perfecto, ella extendió los brazos y fotografiamos nuestras sombras a la luz del eclipse y 3 farolas naranjas.

Estamos en la torre acudiendo a la invitación de un astrólogo del ayuntamiento. Tiene un espectáculo de cámara obscura que proyecta casi toda la ciudad de Melkart a la redonda. En su magia incluye el truco: mirad cómo levanto la proyección de este lugareño con un trozo de papel, mirad qué gracioso. Smith me mira y sé que va a decir algo al respecto. Smith dice que tenemos que hacerlo, que tenemos que calcular el tiempo del siguiente pase en que vaya a hacer el mismo númerito para estar en la plaza y hacer el mongolo, como dos clowns profesionales, dice.

Lo hacemos, un poco de dos tontos muy tontos en mitad de la Plaza de Las Flores. No reímos y esperamos a que la gente baje de la torre y nos ponemos delante y todos nos miran, cuchichean, alguno se ríe y nos señala. Ya sabemos que ha salido bien, doble reverencia japonesa y nos vamos a merendar.

Smith dice que la vida está en la calle, en el parque, fuera. Estamos de verbena bailando como una pareja de señores del rural [ella me llama esposa mía yo la llamo esposo mío]. También ha venido Helena, una amiga de Smith. Durante la verbena he fotografiado a la luna llena mientras le llegaban y se alejaban unas nubes en una serie de 6 fotos. Estamos bailando otra pieza y ¿nos está iluminando una moto en mitad de la pista? ¿La están levantando para que la luz nos dé justo los dos? Es un momento confuso y, hasta Helena, cree durante unos segundos en mi teoría de la moto en mitad de la pista y jajajajajajaja, pero es una cámara de la televisión autonómica: probablemente nuestro momento más bonito de la semana sea un plano descartado en el informativo sobre las fiestas locales y una de sus consecuencias: la verbena. Nunca lo sabremos porque los anarquistas serios no vemos la TV, le digo. Pero también, dice ella, los anarquistas serios hablan con la gente.

Nunca lo llegamos a saber, somos gente seria, por favor.

Volvamos a Smith: me dice que porqué no iba a invitarme a comer lentejas, se excusa en mitad de su cocina, es algo muy normal en las sociedades del rural, dice. Se pasea por delante de mí hasta llegar a la estantería para colgar el trapo y yo le suelto: me gustas. Me gustas, le digo sonriente. Y ella sonríe y está preciosamente honesta en ese instante en que descubro que me ha mentido, aunque sea un poco, con lo de las lentejas. Smith dice que fume menos. Cuando se da cuenta de que soy un manazas y de que lo mancho todo cuando escribo en la mesa de la cocina compra un hule de búhos, búhos ojipláticos de colores, mi favorito: el gris marengo. Ésta es una historia que se despliega suave como un ingenio japonés de papel que muta la forma y muestra algo nuevo que siempre había estado allí.

Smith dice que me quiere llevar al desierto. Ojalá, pienso yo.

Conocí a Smith a través de Carlos aka El Anarka de Noé. Sí, esta gente rondan los cuarenta y tienen akas. El Anarka de Noé es galegofalante y me habla sobre los nacionalismos desde un prisma histórico ¿múl-ti-ple? No sé, borracho me cuesta más entender el gallego. Yo estoy deseando meter baza sobre anarco-primitivismo y anarquismo orgánico, pero Carlos El Anarka de Noé no para de hablar, no deja un sólo hueco, tiene mucho que decir y lo sabe. Su nombre de guerra le viene porque es enfermera de gatos callejeros. El Anarka de Noé controla la población de las diferentes colonias de gatos, todos los individuos que las componen tienen un nombre que sólo conoce El Anarka de Noé, gente seria.

Carlos mensajea a Smith diciéndole que no pasa nada, que ella hace lo que puede por los animales, por todos los animales que ha conocido, que hace mucho más que suficiente. Lo sé porque Smith lo sabe y me lo contó. Obvio.

[la he visto tantas veces: a Smith, digo. En una ocasión nos cruzamos por la rúa Nell. Ella ya tenía unos 60 años pero seguía en forma. Mismo porte, misma cara, mismo pelo aunque blanco ya todo; seguía fuerte, decidida, no parecía ni triste ni cansada. Eso sí, estaba buscando algo dentro de sí, algo que no encontraba. Y eso la hacía parecer un poco confusa y un poco asustada. Me giré cuándo nos cruzamos, pero no dije nada. Obvio.]

Pues estamos borrachos y Smith da vueltas por allí, parece dulce, es pequeña y fuerte y guapa. Se mueve rápido. Pasa por delante como un borrón negro, un borrón negro y brillante que sonríe. Así que comienzo a lloriquearle sobre mi vida al Anarka de Noé que lo flipa muy fuerte: enarca las cejas y aprieta los labios en una mueca de: “no me puede estar pasando ésto a mí”. Y yo sigo como un pequeño miserable exhibicionista, sigo hurgando y enumerando sobre el declive y la pena. Me arrebato y estando a punto de alcanzar una sima de profundidad nueva para mí, Smith dice que me calle. Smith dice que no, que hay que espabilar. Que qué mierda es esa del declive y la pena, que qué pienso hacer para cambiar la situación. Que haga algo. Que lo haga, dice. Estábamos borrachos. Yo venía de un evento literario, Smith sonreía bajo una farola. Nos largamos los tres de aquel bar sin nombre. No recuerdo cuándo ni el porqué, pero a la mañana siguiente tengo su número en la agenda. Paso los contactos y leo: Smith. Y sonrío. Sonrío mucho.

noviembre 17, 2025

[Historia de W.C.] #7

La red mundial de ordenadores pre-guerra que se fundía en lo que llamaban internet sirvió entre otras cosas como objeto maldito colectivo, una espina maligna, un rosario puado que lacera la piel y genera úlceras: la IA tuvo mucho *************fallen/beat# 4. Gentuza prescindible. El problema de la IA es que no salía fuera de su red de aprendizaje sobre un mundo completamente ajeno. Nunca lo pisó. Nunca hasta que***datos_DAñOS***. A VECES DUELE. PARADA-ARAñAZO-MENINGE-ÁUREA. A VECES DUELE.

Detener el proceso?

Y/N?

N

En ocasiones es tan sencillo que duele, eh. Duele mucho. Voy recuperando torsos por la noche, cadáveres proto-funcionales, restos de vegetales carbonizados y escorzos humanos. Con el traje puedo cargarme hasta cuatro trozos. A ver, de los cuatro grupos el más dañado son los restos de vegetales carbonizados, a más daño más curro para recuperarlo. Registro de relevo laboral nº 79.Juicio.78 - Formaciones y otros méritos. Final del mensaje.

Jonás S. sacó un cigarrillo y lo encendió, virutas se retuercen en el aire. Jonás Said fuma mientras repasa informes de fallos, posibles candidatos e incidencias especiales, nunca hay incidencias especiales. Todo va según lo planeado. Jonás S. sabe qué va a pasar con ese ejército. Él lleva dentro de este enorme pez mucho más tiempo del que le gustaría. No hay posibilidad de regreso, no hay dónde. La guerra lo ha ocupado todo, no hay alivio entre ofensivas armadas y bombardeos allá afuera. Más allá de los muros de la ficción que era Ciudad Occidente con su ridícula cúpula fija. Ciudad Occidente o nuestro vestigio consciente; no mucha gente puede habitar en una de esas masas de oficinistas (una recreación basada en lo que quedó, testimonios audio-visuales), minadores de resultantes y picadores de código sosteniendo toda aquella visión pactada de un pasado para que fuera representativa de todos los que iban a morir. La mayoría no tenía por qué saberlo, era todo un despropósito chapucero. Es un "no pudimos hacerlo mejor" o un "de aquí venimos y por eso ardimos". Jonás S. fuma unos cigarrillos con sólo un 5 % de riesgo de enfermedades cardio-vascúlares, los pulmones ya hace que se rindieron, ha sido trasplantado 3 veces, tiene más de 200 años. Es el basurero, gestor de residuos y reciclador de ejércitos para seguir alimentando a la guerra como única opción vital consecuente, la última solución: una especie de belicismo aceleracionista. Es vivir en el segundo antes a que el suicida tire del gatillo, el cañón en la boca o bajo el mentón, la bala debe entrar en el cerebro y triturarlo, ese es su trabajo. El segundo antes Jonás S. rellena informes de unidades militares limpias de memoria y recuperadas para el combate que obtiene en un ciclo de tiempo. No nos interesa la simiente, Dios ya no habita en ella, el sistema nervioso, el diseño que hace funcionar al resto. Soldados sin capacidad reproductiva, pero con un sistema nervioso capaz de ordenar este caos de motores, sangre y grasa. Éste es su rifle, conózcalo, su función sigue siendo disparar un rifle. Y las balas, la munición trazadora, los obuses y misiles son disparados por cañones y drones, tanto objeto móvil avanzando, alterando la órbita del planeta de manera casi imperceptible, el resto del sistema solar se acomoda extendiendo el tiempo de exterminio de la especie humana. Las balas vuelan, cruzan océanos, suben a las montañas, las balas se llevan la vida a 3.000 km/hora. Las balas se llevan la vida. A 800 metros el segundo, saltan los sesos y rompen los huesos. Herida abierta en la femoral. De bala, de calibre largo. No deja de sangrar. ¿Qué hago? Repito, ¿qué hago? La gente que habita a las sombras de las balas saben que un proyectil perdido podría abrirles la cabeza en el segundo siguiente. Saben que de A a B, con una tormenta ululante del calibre OTAN 35 x 17 mm es una ruta indeterminada. Siempre hay alguien arrastrando a un lugar más seguro el cuerpo herido de un compañero, siempre. Los gritos y la confusión, lo inútil de los escudos tácticos y los chalecos anti-balas, lo fútil de la coraza enfrente y en medio del avispero. Jonás S. apagó el cigarrillo, virutas que se deshacen contra el fondo del cenicero, hecho a partir de una roca lunar. Lo que una vez fue una muestra de prestigio ahora es un souvenir de lo que pudo ser, un conjuro que invocaba a un mundo que no se llegará a materializar: bases en la luna camino de marte, estaciones espaciales en las que repostar combustible y jugar al dominó, otro patio de juegos ahora que hemos depurado la mejor técnica para arrasar con todo. Un mundo que se acaba, una civilización autolesiva, un último gesto al sol porque cuidarse las retinas perdió todo su significado. Un vulgar cenicero hecho con roca lunar.

Jonás S. revisando clips de historia bélica reciente. Años por determinar. Fechado en meses y días y horas y minutos. Muy cambiantes.

CEOs de empresas armamentísticas, viviendo su agosto perpetuo de beneficios, arman grupos disidentes del gobierno dentro de su propio territorio, suministran equipo a ejércitos mercenarios y empresas de seguridad internacional, hacen cálculos y deciden aumentar el margen propio.

Cuerpos de bomberos que se niegan a ir al frente como fusileros, grupos de juventudes ácratas que tenían razón, nuevas religiones surgen cada 5 minutos: prometen principalmente evacuación alienígena en el último momento o ascenso de la materia a su estado primordial de vibración del uno con el todo. Nuevos cultos y gente afeitándose la cabeza y poniéndose un chándal gris antes de tomar matarratas con café negro. Colas de indigentes que son tiroteados por francotiradores ocultos en iglesias, las cartillas de racionamiento del pan y la leche y el arroz caen manchadas de sangre a un asfalto asustadizo bajo el horror. Y puedes correr mucho tiempo, hacer un par de trucos y caer muerto. Podrías encontrar la fe y morir abrazado a la nada. Puedes sentir frío, pánico y asco todo el día. Después alguien te mete una bala en la cabeza. Los habitantes a la sombra de las balas no son más que gente huyendo de un sol absoluto y castigador. Ni siquiera eran el objetivo principal de las balas y los obuses, si caían lo era de manera colateral, un error de cálculo humano y sus órganos internos estarían derramándose por el asfalto. La munición, el ding ding de la caja, los beneficios, los dólares entrando a espuertas y paléts en contenedores de transporte ultramarino; el dinero y la ficción sobre él; ya no son más que datos, datos viejos que dicen que es factible que haya más dinero si ese pequeño país se une a otra GUERRA. Jonás Said sabía que era lo que mantenía el flujo de dólares en la última gran guerra, la guerra universal, el colapso mundial, un suicidio colectivo como salida a la absoluta incapacidad de imaginar algo bueno en el futuro. Los gobiernos dijeron: apretemos el gatillo. Y las empresas sólo veían oportunidades de crecimiento. Y el pueblo perdido en la precariedad elástica, esa que nunca se acaba, sólo se estira más y más, y se agrieta la cosa por sitios que ni imaginabas antes, el café recalentado del día anterior se convierte en un lujo. Algunos levantaron el puño por la identidad del soldado, otros por la desidia del ciudadano, otros ya eran unos fanáticos llenos de fantasías de poder masculinas, el mito del ardor guerrero y ese tipo de cosas. La especie se levantó esa mañana y agarró su fusil y marchó dispuesta a morir. Jonás S., pequeño engranaje en la historia de la muerte de todo. Niños fusilados en hileras interminables, Jonás, genocidio, cartas de emancipación de la especie humana, inyecciones de ADN mutante para dejar de ser humanos e intentar vivir lejos del horror.

Clips de historia bélica reciente. Muy cambiantes. Su oficio era recuperar y alimentar más aun esa maquinaria de autolisis mundial. Más soldados que dispararían más fusiles contra posiciones confusas.


[Historia de W.C.] #6

Mi nombre es Wardolly nº W.C., Señor. Y he venido en el Tren de Emergencias [Inc.] voluntariamente, Señor. He venido al cultivo hidropónico y a la búsqueda de agua con varillas por la buena gente de Ciudad Occidental, Señor. Mi nombre Wardolly nº W.C., Señor.

FINAL DE WINSTON CHURCHILL O W.C. Y COMIENZO DE WARDOLLY Nº W.C.

"mi nombre es wardolly, no recuerdo el número cuando los tengo en frente con los aguijones eléctricos [es lo primero que aprendes a decir en este mundo: aguijón eléctrico], no recuerdo mi número, señor es lo segundo. Un trozo de grafito y algo de papel, para qué uses el papel depende de ti yo escribo otros no [no sé cómo lo hacen los de los aguijones] pero es el único papel que hay al final te tienes que limpiar el culo con él mi número es el W.C., me llaman wardolly hay una letra china en la pared ese es el único mapa que tengo del mundo que habito ahora un ideograma de una lengua que ignoro por completo war dolly wardolly, señor".

Los presos como Wardolly nº W.C. son un amasijo de carne útil, no por la carne sino por cómo vibra. W.C. e s un esclavo buscador de agua con varillas. Los guardias tienen orden de no romperle nunca un dedo, nada de amputaciones de pulgares para este clon de esclavo-esclavizado, ningún pisotón preventivo: se permiten la inmovilización y el dolor de anticipación. Nada más en las manos del esclavo zahorí.

Las Dollys esclavas-zahoríes no buscaban agua, limpiaban el terrero de minas. Minas de la guerra y de las guerras, de cualquier guerra del pasado o del presente. Las Dollys funcionan por la teoría del caos, alguna pisarán. Los cuerpos de los esclavos saltan por los aires como vegetales troceados, la carne abrasada no sangra; y mina desactivada.

                                    ***

Wardolly nº W.C. sobrevive a tres misiones semanales. No lo sabe pero es una pequeña leyenda entre los carceleros. Juega a zahoríes y nunca ha pisado minas. Wardolly está descontento, o eso expresa en la medida de sus posibilidades, por el hecho de no encontrar agua. Nivel de CONDICIONAMIENTO P.L.V.: óptimo.

FIN DEL INFORME.

Los carceleros, en ocasiones, se sienten pastores y amos de estos zombies. Y ya se sabe que un pastor y amo hace lo que quiere con su ganado. Los abusos no tardan en llegar. Se rompe el último cable de seguridad de Wardolly nº W.C. cuando ni siquiera puede expresarlo en el papel con el que se va a terminar por limpiar el culo. Es un asco apelotonado en el fondo y en la superficie, es una náusea que quiere expulsar el alma fuera del cuerpo, pero es incapaz: arcadas y más arcadas antes de dormir si el llanto lo permite. Cuando el llanto llega Wardolly nº W.C. ya no recuerda muy bien el porqué de la pena: esos rastrojos aplastados y rotos que han dejado el asco y la náusea al pasar. Cuando el sueño llega, Wardolly nº W.C. ni siquiera se recuerda. Sueños liberadores inducidos por la droga de la cena. Sueños en los que salta del tejado y rompe a volar de manera impecable. Sueños de ser uno más en una realidad no demasiado cruel. Sueños que ordenan de lo que ya no queda: recuerdos fundamentales.

Las varillas deben cruzarse, la equis que forman marcan el lugar, Dollys. Les cuentan todas las mañanas la misma mentira para que salgan confiados a buscar agua para la buena gente de Ciudad Occidental; y mina desactivada.

Es la primera vez que hago este camino, se dice, la primera. Es el momento de fijarme en las varillas de zahorí; en si se cruzan o no. Mis pies siguen firmes, mis piernas lo suficiente. Tengo que encontrar agua. Lo merecen. Me han elegido para este trabajo porque soy especialmente sensible a las corrientes subterráneas. Yo y mis varillas. Mis varillas y yo. Respiro mal, pero puedo hacerlo. El aire es mantecoso y agrio. Camina pero fíjate en las varillas, soy especial. Esta ropa es cómoda aunque no quita el sol. El sol me quema la piel: puedo notarlo como un millar de alfileres clavándose en la piel. Soy especial. Hoy no sopla viento, pero se escuchan las explosiones de los heiseres y que no me distraigan de las varillas. Ni eso ni los trozos de vegetales carbonizados que a veces caen de arriba o vienen desde un lado. ¿Dónde está el agua que necesitan esas buenas gentes? Sigo caminando y es la primera vez que hago este camino. La primera vez que el sol me ensarta con millones de micro-heridas en la piel. No. Soy especialmente sensible a las corrientes de agua subterráneas. Por eso me han elegido para ser el Zahorí del Campo Beneficiario Occidental. El CBO es la última esperanza para la gente como yo. ¿Cómo soy?: acabo de llegar y tengo la mente no-nublada pero sí ¿La mente? ¿Qué es? No te distraigas de las varillas. Clic-clac: ¡BOOOOOOOM!

No todo el mundo sobrevive a una mina anti-carros, Winston. Tienes mucha suerte. Soy Jonás S. y no, no me conoces. Que descanses, esto son 50 mg.

Órdenes son órdenes.

 

[Historia de W.C.] #5

ABRIENDO HACK DE HISTORIA VIEJA...

Espere, por favor...

La gran brecha entre Ciudad Occidente y Atolladero comenzó antes de la última guerra del hombre como se la conoció y todo se precipitó por varios factores, entre ellos, la plaga de tumores inteligentes que nunca tuvo un nombre; la OMS terminó por aceptar el plan de emergencia de las multinacionales farmacéuticas; la construcción de un gran muro de defensa de lo sano [como se le llamó] y la inclusión "preventiva" de la nano-atmósfera que repararía a nivel celular a todos los ciudadanos de Ciudad Occidente, mientras en lo que acabó por llamarse Atolladero ―el nombre lo acuñaron sus habitantes―, mujeres con clítoris hipertróficos como el de las hembras de las hienas o varones con el costillar convertido en instrumento de defensa en una suerte de púas óseas que sobresalían del torso o niños con la boca cerrada por una membrana que impedía cualquier acto oral como el llanto o la nutrición morían en las aceras por sobredosis de gasolina. Nadie, ni siquiera la OMS, se atrevió a llamarlos mutantes. Los tumores modificaban de manera, al parecer aleatoria, aún se busca la pauta, la función de tejidos y órganos confiriendo aptitudes nuevas y magníficas unas veces o la muerte inevitable e inmediata otras. La población mundial mermó en un setenta por ciento. La OMS cedió poder a las farmacéuticas que se enriquecieron vendiendo "seguros de salud" [un pasaje para ciudad occidente] a los más pudientes que aún no estuvieran enfermos. Después vino la cesión de poder de los estados. Al final de todo, al comienzo de nuestra era, las farmacéuticas obtuvieron más poder que los EEUU antes de su caída en el año **dato dañado**. El poderoso imperio WASP terminó ardiendo en llamas tras la revolución de los incapacitados, durante esa época la plaga de tumores inteligentes estaba en su apogeo ***datos dañados*** HACK DE HISTORIA VIEJA, VOL. DATO OCULTO

¿Enviar a la lista de destinatarios? Y/N?

Y

*****DATOS DAÑADOS*****BLACK-out? DATOS EN RIESGO


[Historia de Winston] #4

Frente al Tren de Emergencia [Inc.] le hacen firmar todos los permisos digitales que autoriza a la empresa Tren de Emergencia [Inc.] a utilizar cada uno de los sistemas que transporta como organismo con el nombre de Winston Churchill para tanto el abastecimiento de energía del propio transporte como para estudios diversos.

¿Estudios diversos? [se interroga W.C.]. Y firma y se deja poner los biopuertos con unas tenazas perforadoras de hace quince años. Eran rojas, ahora están sucias. Parecen machas de grasa. Los operarios buscan el punto exacto, desvisten lo necesario a Winston. Tres en el brazo, uno en el dorso de la mano izquierda y le sacan la chaqueta, Winston suda, ha sido una mañana extraña. Tres perforaciones más en la espalda, los dedos del operario le palpan y W.C. siente la presión de una nueva instalación.

¡Pssssh!, el sonido sordo embutiéndose en la carne de Doble uve.

Según se informó esa mañana: tomó un zumo insípido, ni siquiera se duchó. La preparación de los pasajeros se hacía por sistemas, capacidad orgánica, masa y otros... la info iba siendo asequible según se firmaban las conformidades necesarias.

Esa mañana estuvo demasiado tiempo firmando conformidades:

Y/N?

Y

INCLUYENDO PERFIL EN EL PASAJE.

Y/N?

Y

Y/N?

Y

Una conformidad tras otra en lenguaje de programación reducido a nivel 4: afirmativo, afirmativo, afirmativo. Sólo un clap: afirmativo. Dadas todas las conformidades se conformó a que el desayuno de esa mañana no fuera insípido. Clap en la pulsera verde, y todo es calma. Todo va bien... Firmas. Le llevó más tiempo del que tenía para ducharse.

Y el proceso se repitió con cada documento frente al tren que lo llevaría a las granjas de trabajo manual y obtención de recursos.

Todo está especificado en alguna parte, se dice. Un operario lo acompaña hasta la puerta, Winston se mece un instante al cruzar la puerta y se encamina a la cápsula que le indican. Hay un operario que le perforará con agujas para que el trance sea lo más inmediato posible. Le ayudan a desvestirse y Winston se introduce en la cápsula de transporte llena de líquido de suspensión para el viaje. Era espeso, cree recordar, y estaba flotando en gris curativo cuando escucha a uno de los operarios: ¡A obtención de recursos, visto! Y se oyen varios ¡claps! Las pulseras es lo último que le retiran. Sin nano-atmósfera eran un suicidio orgánico. Entreabre los párpados y ve las siluetas grises de árboles negros que eran tragados por una oscuridad aun más ciega; los emborrona y se los traga, los distorsiona y los hace desaparecer como los trabajadores no cualificados con los manteles. Como ese truco que consiste en retirar la tela de la mesa dejando todas botellas y todos los platos y cubiertos en su sitio y en pie. Alrededor, todo el mundo está conectado y trabajando en los estudios. Las siluetas grises junto a la ventana se extienden por una loma de fractales orgánicos. El cableado que pende entre ellos desprende destellos azules y marrones eléctricos.

Winston cierra los ojos y se pone a trabajar.

En la mañana de trabajo que antecedió a la partida en el tren y de la que aún no hemos dicho nada Winston Churchill que se recordaba como Doble uve y se veía como W.C. comienza a tener a los tres segmentos de jornada necesidad de un clap de la pulsera número uno y tal vez de la tres para la espalda. No se los da, así que el sudor hace su aparición y W.C. teclea que teclea comienza a saborear un metal licuado parecido a la sangre, su saliva se espesa y las manos y la rodillas le tiemblan y Doble uve teclea con postura impasible pero comienza a cometer fallos y tiene que reescribir la mayoría de los códigos. El teclado del centro de trabajo era una máquina resplandeciente: blanca y curvilínea. Algo oblonga. Diminuta y atrayente. Los fluorescentes se reflectaban desde los paneles del cubil de conglomerado sin chapa. La atmósfera estaba sobre cargada para que la necesidad de contemplar algo hermoso por contraste fuese premiada químicamente por los nano ejecutores; eso se lo dijo Jonás en una de sus conversaciones. Sin los claps la trampa resultaba burda pero efectiva. Winston no vio más que una implementación de los tiempos de foco de atención en el trabajo. Pero nada más. Aunque vio como los escritores de código se sentían a disgusto con sus cafés en la cafetería. El sitio tenían cristaleras ahumadas enormes y sucias, el mobiliario era escaso e incómodo: taburetes que cojeaban y una mesa estrecha que surgía de la pared y a una altura extraña para la mayoría. Y las lamparas que arrojan su luz naranja-tristeza, lámparas de depresión en naranja de bajo consumo, un naranja tibio casi muerto.

Recordó también la resina en los árboles. Cuando era un niño le gustaba embadurnarse los dedos con la sangre pegajosa de los árboles.

Cuando era niño las cosas no eran viejas y turbias como ahora sino que todo brillaba como brilla ahora su terminal resplandeciente y blanco. Como brillaba todo cuando era pequeño y corría bajo la cúpula itinerante ¡podía respirar! y ahora el aire le es pesado, se convierte en un sobre esfuerzo de concentración; en una obligación a la que atender entre línea y línea de código.

El terminal ya no le parece encantador, le parece estúpido y le agrede. Entonces llega el picor. Un picor que le recorre la espalda y las axilas y el costado [que le comienza a doler con cada exhalación]. Piensa en los bichitos, los nano ejecutores entrando en su cuerpo con instrucciones de darle duro en la cabeza hasta que admita teclear horas hacinado en un local mal ventilado con cincuenta hombres más. Era verdad lo que le contó aquella anciana sobre la falta de aire. El terminal tiene un diodo que se ilumina en rojo con cada pulsación incorrecta de Winston Churchill. Doble Uve siente una arcada y: ROJO, ROJO, ROJO, ROJO, ROJO...

ACCEDIENDO A RECICLAJE PROFESIONAL.

USUARIO: winston churchill. MOTIVO: MÁS DE 35 ERRORES POR MINUTO.

Winston, mientras todos los hombres del vagón están conectados y trabajando en los estudios [tipean código]. W.C. saca la cabeza y mira alrededor, entonces se sumerge en el líquido y se queda suspendido en lo gris y curativo, acunado por un medio amablemente espeso.

La comodidad es una manta caliente de la que te arrancan sin avisar. Y se vuelve incómoda, y el frío que se derrama por la piel. Los pies arrugados sobre el suelo del vagón del Tren de Emergencia [Inc.] y resbalando. Se despertó helado. Le echaron una manta por encima y le limpiaron la cara. La espalda le dolía, una punción cruzada. Alguna herida producida durante la retirada de los cables de la mercancía del tren. Así los trataron. A los hombres nublados. Tenían las caras torcidas y exhaustas. La mayoría no recordaba quién era.

Winston no se recuerda, camina en fila llevado por los operarios del Tren de Emergencia [Inc.] cruzando una valla metálica y encaminándose hacia un edificio de ladrillo. Pero aunque Winston no se recuerde cuando pasan al interior del edificio y allí, en medio de una enorme galería los operarios los sitúan frente a unas celdas que se abren, hacen que entren y lo hacen con aguijones eléctricos en los costados. Ya no los tratan como a mercancía, ahora son ganado. Winston será de los que lo recuerden todo, pero ahora se enfrenta a un medio sin nano atmósfera de ningún tipo, tan sólo oxígeno, carbono y algún que otro gas. Doble uve pensándose un soldado capturado por una facción enemiga, se piensa como una mini serie que veía por intranet. Un serial de aventuras y fugas en la que los prisioneros no se veían afectados con el frío que él tenía. Las manos nunca les temblaban no tenían esa oquedad en el estómago ni las piernas se tensaban y se clavaban en el sitio de miedo. Nah, y se arrulló como pudo en la manta, ese no era yo. ¿Quién soy y qué hago aquí? es la siguiente incógnita que acude a una cabeza que comienza a doler. Despertar es duro. Despertar en prisión, tan sólo extraño y ajeno. Doble uve es una pelota de carne torpe sin las pulseras y la nano atmósfera. Es blando y fláccido en cada movimiento. Se sienta, torpe y asustadizo, sobre el jergón que hay en una tabla a media altura en la pared. Mira el par de cubos y la abertura junto a la mesa. Bajo ésta hay un taburete. Lo mira todo y es consciente de que no iba a ir a ninguna parte en mucho tiempo. Pero aún no sabe quién es. Sólo un preso. Como el resto de hombres y mujeres del tren. Se oye un lamento largo y hueco. El dolor, en la galería de sueño y recuperación de los campos de trabajo, padece una minusvalía junto con la memoria de los presos.

La cárcel se rige por una norma muy sencilla damas y caballeros: se acabaron las decisiones por su parte. Nosotros decidiremos por ustedes cuando dormir, cuando comer, cuando cagar, asearse o despertarse. ¿¡Está claro!? Malditas ovejas, se acabó el ocio cognitivo y se acabó la nano-ventaja orgánica. Sé que lo sienten, sé que sienten su carencia absoluta. Desamparo celular del que duele, ¿verdad Dollys?

Final de Winston Churchill, W.C. o Doble uve.


 

[Historia de W.C.] #3

Doble uve sale a la calle peatonal a las 9:00 h y se encamina al metro. Ya no le molesta el murmullo sincronizado de peatones y vehículos de guardias blindados, la adecuación de cada uno de sus pasos al resto de peatones. Ya no le molesta porque está recibiendo una descarga eléctrica en lugar del picor del fieltro irritando la piel a través del sudor... pequeños filamentos de tejido sintético que se meten en cada poro de la zona circundada y se clavan produciendo sudor y reacciones químicas y eléctricas; una descarga de incomodidad. Y acierta de casualidad a encaminarse a la boca de metro que le corresponde. La número 9. Camina con normalidad mientras suda algo más de lo permitido para un nivel cuatro. Doble uve, el hombre sin identidad, resuelve el camino con una pequeña tos que tenía ensayada desde hacía años y que pretende ser los suficientemente creíble como para que nadie le señale o para que ningún blindado le dispare por... ¿sedición?, se dice, Doble uve, el hombre sin redaños... y baja por la boca del metro apoyando la palma contra la pared derecha y dejando un impúdico reguero de sudor conforme baja; cada escalón como una pesada caída de material negro contra una muela mecánica, cada impacto con una reacción eléctrica en los tobillos y en las plantas de los pies de Doble uve. Los ojos como huevos, la cara más gris y más helada de toda Ciudad Occidente se tambalea sobre un cuerpo débil al borde del desfallecimiento. Un cuerpo que se encorva y retrocede medio millar de años evolutivos... la respiración claustrofóbica encerrada en unos pulmones de metal oxidado; el metro de Ciudad Occidente. Y aunque nadie dice nada, todos esperan a que le arresten o le disparen; y que lo hagan pronto. En el andén las cabezas se giran y los labios se fruncen agrios. Pero consigue entrar en su vagón, el número 4. Así de fácil, las puertas se abren y Doble uve, W.C., pasa dentro sin más.

Los fluorescentes ralentizan los movimientos de todos los ciudadanos activados del vagón 4. Los apellidos más comunes en Ciudad Occidente comenzaban por A o por B. Del Abbey al Buzz había trabajadores de diferente nivel que ocupaban los tres primeros vagones del metro hacia las oficinas de empleo activo. Las pantallas proyectan su luz anaranjada de bajo consumo y con anuncios de intranet que ya no llaman la atención de Doble uve, mareado se deja caer sobre una barra de sostén de cintura y se abraza con miedo a su cartera. El resto mira los anuncios, esa es la clave, piensa, la llave, el código que da entrada a su asco apelotonado, ahora, en el fondo del estómago. El tren cruza veloz dos estaciones: parada-descomprensión-comprensión, hermética-inercia.

Las luces entristecen a Doble uve que mira alrededor sin saber que todas las nucas están pendientes de él. Tristeza en la nucas... hay pena en cada pliegue de piel, se esconde bajo sí misma, piensa, pero se sabe que sigue ahí.

"La abuela, como la llama el resto, duerme al pequeño Winston con un cuento. Mi gente del exterior quedamos dentro de Ciudad Occidente como mano de obra para la instalación de la cúpula completa alrededor del muro que también construimos, le dice. Se ha utilizado todo el fungible que quedaba en el planeta para preservar la ciudad [un cuento para niños], del enorme vertedero que es el resto. Atolladero es de donde venimos y adonde iremos cuando la obra se finalice, lo sabemos. Lo arrulla en las mantas, y una mano suave le aparta el pelo de la cara. La anciana, ahora, susurra en la memoria de Winston: aunque los hombres occidentales creen que su ciudad se puede cruzar en línea recta, la gente de Atolladero, construimos su ciudad para que esto fuera imposible. Hicimos galerías de más y las conectamos entre ellas de forma aleatoria. Los esclavos construimos una ratonera para las mentes de los ciudadanos, sabemos, que nuestra estancia es temporal y que nos acabarán expulsando más allá del muro que construyó mi gente. Así que dejamos de seguir los planos al dedillo para dejaros un poco de confusión aquí dentro. Aunque sólo la perciban los que la cruzan de uno al otro extremo... las galerías no están bien oxigenadas... el aire es cada vez más espeso, ya lo verás, hijo, ji, ji, ji... Y el pequeño Winston se duerme. A la mañana siguiente un coche de blindados llega con su madre dentro y se lo llevan de allí, no hay disparos, no ve a la anciana... nadie sale a despedirse con el ajetreo de los blindados identificando a los trabajadores no cualificados".

«¡Qué ha sido eso!», murmura tan bajito que ni siquiera separa los labios.

Iba a ser un día de trabajo especialmente duro. Sin activaciones. Sin hipnosis. Sin posibilidad alguna de que finalice con éxito. Tristes... se piensa Doble uve. Ahora supura denso desde sus axilas y se recoge los brazos y toma postura de ciudadano activado y clava los ojos como huevos [ahora quebrados] en la pantalla anaranjada del vagón 4. Desde Cabin a Cuztom.

Todos reciben con interés la info detallada del día a día. La info detallada sobre cómo funciona el sistema de ocio cognitivo: las pulseras, la productividad y W.C. contiene un bostezo, y se le humedecen los ojos; el lacrimal de Winston despierta de la somnolencia sacando el óxido que flota en la nano-atmósfera. Las cabezas asienten... las alas de los sombreros suben y bajan en cada inflexión del texto emitido en luz naranja depresivo. Naranja apagado, urgente, naranja mátame de la manera más horrible que puedas, naranja dame comida, naranja tenue como órganos sexuales cercenados de raíz... naranja una muerte lenta. Naranja que no es naranja, piensa W.C.; es una orden directa.

Otra estación: indisciplina-frente-a la inercia-mátame, piensa.

La mano de Doble uve ya está toqueteando la pulsera de nivel cuatro, dame paz, dame ocio cognitivo, dame una excusa y me arrojaré a las vías en la próxima estación. Todas las nucas parpadean extrañadas por el extraño que finge ser uno de ellos, uno más de los ocupantes del vagón 4. Desde los Cabin a los Cuztom. Todos respiran la nano-atmósfera. Nadie tose. Clap, clap, clap, se escucha desde el ciudadano de traje gris, enfrente de otro ciudadano de traje gris. Nadie lleva pantalones negros; no es ilegal aunque sí irregular. Sólo un clap, se dice Doble uve. Y cuando está decidido: descompresión-alivio-llegada y huida.

Sin un sólo clap.

Winston huye a través de las puertas de la luz naranja depresión: la info de intranet siempre son las mismas líneas informativas sobre los mismos temas, al menos en el vagón 4. Mátame, piensa Doble uve: ahora llega lo peor.

Dame un clap.


***

 

La cura narrativa

¿Cómo se consigue que te den el alta médica en un manicomio? La medicina farmacológica ha avanzado tanto que han creado una pastillita adec...