noviembre 17, 2025

[Historia de W.C.] #3

Doble uve sale a la calle peatonal a las 9:00 h y se encamina al metro. Ya no le molesta el murmullo sincronizado de peatones y vehículos de guardias blindados, la adecuación de cada uno de sus pasos al resto de peatones. Ya no le molesta porque está recibiendo una descarga eléctrica en lugar del picor del fieltro irritando la piel a través del sudor... pequeños filamentos de tejido sintético que se meten en cada poro de la zona circundada y se clavan produciendo sudor y reacciones químicas y eléctricas; una descarga de incomodidad. Y acierta de casualidad a encaminarse a la boca de metro que le corresponde. La número 9. Camina con normalidad mientras suda algo más de lo permitido para un nivel cuatro. Doble uve, el hombre sin identidad, resuelve el camino con una pequeña tos que tenía ensayada desde hacía años y que pretende ser los suficientemente creíble como para que nadie le señale o para que ningún blindado le dispare por... ¿sedición?, se dice, Doble uve, el hombre sin redaños... y baja por la boca del metro apoyando la palma contra la pared derecha y dejando un impúdico reguero de sudor conforme baja; cada escalón como una pesada caída de material negro contra una muela mecánica, cada impacto con una reacción eléctrica en los tobillos y en las plantas de los pies de Doble uve. Los ojos como huevos, la cara más gris y más helada de toda Ciudad Occidente se tambalea sobre un cuerpo débil al borde del desfallecimiento. Un cuerpo que se encorva y retrocede medio millar de años evolutivos... la respiración claustrofóbica encerrada en unos pulmones de metal oxidado; el metro de Ciudad Occidente. Y aunque nadie dice nada, todos esperan a que le arresten o le disparen; y que lo hagan pronto. En el andén las cabezas se giran y los labios se fruncen agrios. Pero consigue entrar en su vagón, el número 4. Así de fácil, las puertas se abren y Doble uve, W.C., pasa dentro sin más.

Los fluorescentes ralentizan los movimientos de todos los ciudadanos activados del vagón 4. Los apellidos más comunes en Ciudad Occidente comenzaban por A o por B. Del Abbey al Buzz había trabajadores de diferente nivel que ocupaban los tres primeros vagones del metro hacia las oficinas de empleo activo. Las pantallas proyectan su luz anaranjada de bajo consumo y con anuncios de intranet que ya no llaman la atención de Doble uve, mareado se deja caer sobre una barra de sostén de cintura y se abraza con miedo a su cartera. El resto mira los anuncios, esa es la clave, piensa, la llave, el código que da entrada a su asco apelotonado, ahora, en el fondo del estómago. El tren cruza veloz dos estaciones: parada-descomprensión-comprensión, hermética-inercia.

Las luces entristecen a Doble uve que mira alrededor sin saber que todas las nucas están pendientes de él. Tristeza en la nucas... hay pena en cada pliegue de piel, se esconde bajo sí misma, piensa, pero se sabe que sigue ahí.

"La abuela, como la llama el resto, duerme al pequeño Winston con un cuento. Mi gente del exterior quedamos dentro de Ciudad Occidente como mano de obra para la instalación de la cúpula completa alrededor del muro que también construimos, le dice. Se ha utilizado todo el fungible que quedaba en el planeta para preservar la ciudad [un cuento para niños], del enorme vertedero que es el resto. Atolladero es de donde venimos y adonde iremos cuando la obra se finalice, lo sabemos. Lo arrulla en las mantas, y una mano suave le aparta el pelo de la cara. La anciana, ahora, susurra en la memoria de Winston: aunque los hombres occidentales creen que su ciudad se puede cruzar en línea recta, la gente de Atolladero, construimos su ciudad para que esto fuera imposible. Hicimos galerías de más y las conectamos entre ellas de forma aleatoria. Los esclavos construimos una ratonera para las mentes de los ciudadanos, sabemos, que nuestra estancia es temporal y que nos acabarán expulsando más allá del muro que construyó mi gente. Así que dejamos de seguir los planos al dedillo para dejaros un poco de confusión aquí dentro. Aunque sólo la perciban los que la cruzan de uno al otro extremo... las galerías no están bien oxigenadas... el aire es cada vez más espeso, ya lo verás, hijo, ji, ji, ji... Y el pequeño Winston se duerme. A la mañana siguiente un coche de blindados llega con su madre dentro y se lo llevan de allí, no hay disparos, no ve a la anciana... nadie sale a despedirse con el ajetreo de los blindados identificando a los trabajadores no cualificados".

«¡Qué ha sido eso!», murmura tan bajito que ni siquiera separa los labios.

Iba a ser un día de trabajo especialmente duro. Sin activaciones. Sin hipnosis. Sin posibilidad alguna de que finalice con éxito. Tristes... se piensa Doble uve. Ahora supura denso desde sus axilas y se recoge los brazos y toma postura de ciudadano activado y clava los ojos como huevos [ahora quebrados] en la pantalla anaranjada del vagón 4. Desde Cabin a Cuztom.

Todos reciben con interés la info detallada del día a día. La info detallada sobre cómo funciona el sistema de ocio cognitivo: las pulseras, la productividad y W.C. contiene un bostezo, y se le humedecen los ojos; el lacrimal de Winston despierta de la somnolencia sacando el óxido que flota en la nano-atmósfera. Las cabezas asienten... las alas de los sombreros suben y bajan en cada inflexión del texto emitido en luz naranja depresivo. Naranja apagado, urgente, naranja mátame de la manera más horrible que puedas, naranja dame comida, naranja tenue como órganos sexuales cercenados de raíz... naranja una muerte lenta. Naranja que no es naranja, piensa W.C.; es una orden directa.

Otra estación: indisciplina-frente-a la inercia-mátame, piensa.

La mano de Doble uve ya está toqueteando la pulsera de nivel cuatro, dame paz, dame ocio cognitivo, dame una excusa y me arrojaré a las vías en la próxima estación. Todas las nucas parpadean extrañadas por el extraño que finge ser uno de ellos, uno más de los ocupantes del vagón 4. Desde los Cabin a los Cuztom. Todos respiran la nano-atmósfera. Nadie tose. Clap, clap, clap, se escucha desde el ciudadano de traje gris, enfrente de otro ciudadano de traje gris. Nadie lleva pantalones negros; no es ilegal aunque sí irregular. Sólo un clap, se dice Doble uve. Y cuando está decidido: descompresión-alivio-llegada y huida.

Sin un sólo clap.

Winston huye a través de las puertas de la luz naranja depresión: la info de intranet siempre son las mismas líneas informativas sobre los mismos temas, al menos en el vagón 4. Mátame, piensa Doble uve: ahora llega lo peor.

Dame un clap.


***

 

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