noviembre 17, 2025

[Historia de W.C.] #7

La red mundial de ordenadores pre-guerra que se fundía en lo que llamaban internet sirvió entre otras cosas como objeto maldito colectivo, una espina maligna, un rosario puado que lacera la piel y genera úlceras: la IA tuvo mucho *************fallen/beat# 4. Gentuza prescindible. El problema de la IA es que no salía fuera de su red de aprendizaje sobre un mundo completamente ajeno. Nunca lo pisó. Nunca hasta que***datos_DAñOS***. A VECES DUELE. PARADA-ARAñAZO-MENINGE-ÁUREA. A VECES DUELE.

Detener el proceso?

Y/N?

N

En ocasiones es tan sencillo que duele, eh. Duele mucho. Voy recuperando torsos por la noche, cadáveres proto-funcionales, restos de vegetales carbonizados y escorzos humanos. Con el traje puedo cargarme hasta cuatro trozos. A ver, de los cuatro grupos el más dañado son los restos de vegetales carbonizados, a más daño más curro para recuperarlo. Registro de relevo laboral nº 79.Juicio.78 - Formaciones y otros méritos. Final del mensaje.

Jonás S. sacó un cigarrillo y lo encendió, virutas se retuercen en el aire. Jonás Said fuma mientras repasa informes de fallos, posibles candidatos e incidencias especiales, nunca hay incidencias especiales. Todo va según lo planeado. Jonás S. sabe qué va a pasar con ese ejército. Él lleva dentro de este enorme pez mucho más tiempo del que le gustaría. No hay posibilidad de regreso, no hay dónde. La guerra lo ha ocupado todo, no hay alivio entre ofensivas armadas y bombardeos allá afuera. Más allá de los muros de la ficción que era Ciudad Occidente con su ridícula cúpula fija. Ciudad Occidente o nuestro vestigio consciente; no mucha gente puede habitar en una de esas masas de oficinistas (una recreación basada en lo que quedó, testimonios audio-visuales), minadores de resultantes y picadores de código sosteniendo toda aquella visión pactada de un pasado para que fuera representativa de todos los que iban a morir. La mayoría no tenía por qué saberlo, era todo un despropósito chapucero. Es un "no pudimos hacerlo mejor" o un "de aquí venimos y por eso ardimos". Jonás S. fuma unos cigarrillos con sólo un 5 % de riesgo de enfermedades cardio-vascúlares, los pulmones ya hace que se rindieron, ha sido trasplantado 3 veces, tiene más de 200 años. Es el basurero, gestor de residuos y reciclador de ejércitos para seguir alimentando a la guerra como única opción vital consecuente, la última solución: una especie de belicismo aceleracionista. Es vivir en el segundo antes a que el suicida tire del gatillo, el cañón en la boca o bajo el mentón, la bala debe entrar en el cerebro y triturarlo, ese es su trabajo. El segundo antes Jonás S. rellena informes de unidades militares limpias de memoria y recuperadas para el combate que obtiene en un ciclo de tiempo. No nos interesa la simiente, Dios ya no habita en ella, el sistema nervioso, el diseño que hace funcionar al resto. Soldados sin capacidad reproductiva, pero con un sistema nervioso capaz de ordenar este caos de motores, sangre y grasa. Éste es su rifle, conózcalo, su función sigue siendo disparar un rifle. Y las balas, la munición trazadora, los obuses y misiles son disparados por cañones y drones, tanto objeto móvil avanzando, alterando la órbita del planeta de manera casi imperceptible, el resto del sistema solar se acomoda extendiendo el tiempo de exterminio de la especie humana. Las balas vuelan, cruzan océanos, suben a las montañas, las balas se llevan la vida a 3.000 km/hora. Las balas se llevan la vida. A 800 metros el segundo, saltan los sesos y rompen los huesos. Herida abierta en la femoral. De bala, de calibre largo. No deja de sangrar. ¿Qué hago? Repito, ¿qué hago? La gente que habita a las sombras de las balas saben que un proyectil perdido podría abrirles la cabeza en el segundo siguiente. Saben que de A a B, con una tormenta ululante del calibre OTAN 35 x 17 mm es una ruta indeterminada. Siempre hay alguien arrastrando a un lugar más seguro el cuerpo herido de un compañero, siempre. Los gritos y la confusión, lo inútil de los escudos tácticos y los chalecos anti-balas, lo fútil de la coraza enfrente y en medio del avispero. Jonás S. apagó el cigarrillo, virutas que se deshacen contra el fondo del cenicero, hecho a partir de una roca lunar. Lo que una vez fue una muestra de prestigio ahora es un souvenir de lo que pudo ser, un conjuro que invocaba a un mundo que no se llegará a materializar: bases en la luna camino de marte, estaciones espaciales en las que repostar combustible y jugar al dominó, otro patio de juegos ahora que hemos depurado la mejor técnica para arrasar con todo. Un mundo que se acaba, una civilización autolesiva, un último gesto al sol porque cuidarse las retinas perdió todo su significado. Un vulgar cenicero hecho con roca lunar.

Jonás S. revisando clips de historia bélica reciente. Años por determinar. Fechado en meses y días y horas y minutos. Muy cambiantes.

CEOs de empresas armamentísticas, viviendo su agosto perpetuo de beneficios, arman grupos disidentes del gobierno dentro de su propio territorio, suministran equipo a ejércitos mercenarios y empresas de seguridad internacional, hacen cálculos y deciden aumentar el margen propio.

Cuerpos de bomberos que se niegan a ir al frente como fusileros, grupos de juventudes ácratas que tenían razón, nuevas religiones surgen cada 5 minutos: prometen principalmente evacuación alienígena en el último momento o ascenso de la materia a su estado primordial de vibración del uno con el todo. Nuevos cultos y gente afeitándose la cabeza y poniéndose un chándal gris antes de tomar matarratas con café negro. Colas de indigentes que son tiroteados por francotiradores ocultos en iglesias, las cartillas de racionamiento del pan y la leche y el arroz caen manchadas de sangre a un asfalto asustadizo bajo el horror. Y puedes correr mucho tiempo, hacer un par de trucos y caer muerto. Podrías encontrar la fe y morir abrazado a la nada. Puedes sentir frío, pánico y asco todo el día. Después alguien te mete una bala en la cabeza. Los habitantes a la sombra de las balas no son más que gente huyendo de un sol absoluto y castigador. Ni siquiera eran el objetivo principal de las balas y los obuses, si caían lo era de manera colateral, un error de cálculo humano y sus órganos internos estarían derramándose por el asfalto. La munición, el ding ding de la caja, los beneficios, los dólares entrando a espuertas y paléts en contenedores de transporte ultramarino; el dinero y la ficción sobre él; ya no son más que datos, datos viejos que dicen que es factible que haya más dinero si ese pequeño país se une a otra GUERRA. Jonás Said sabía que era lo que mantenía el flujo de dólares en la última gran guerra, la guerra universal, el colapso mundial, un suicidio colectivo como salida a la absoluta incapacidad de imaginar algo bueno en el futuro. Los gobiernos dijeron: apretemos el gatillo. Y las empresas sólo veían oportunidades de crecimiento. Y el pueblo perdido en la precariedad elástica, esa que nunca se acaba, sólo se estira más y más, y se agrieta la cosa por sitios que ni imaginabas antes, el café recalentado del día anterior se convierte en un lujo. Algunos levantaron el puño por la identidad del soldado, otros por la desidia del ciudadano, otros ya eran unos fanáticos llenos de fantasías de poder masculinas, el mito del ardor guerrero y ese tipo de cosas. La especie se levantó esa mañana y agarró su fusil y marchó dispuesta a morir. Jonás S., pequeño engranaje en la historia de la muerte de todo. Niños fusilados en hileras interminables, Jonás, genocidio, cartas de emancipación de la especie humana, inyecciones de ADN mutante para dejar de ser humanos e intentar vivir lejos del horror.

Clips de historia bélica reciente. Muy cambiantes. Su oficio era recuperar y alimentar más aun esa maquinaria de autolisis mundial. Más soldados que dispararían más fusiles contra posiciones confusas.


No hay comentarios:

La cura narrativa

¿Cómo se consigue que te den el alta médica en un manicomio? La medicina farmacológica ha avanzado tanto que han creado una pastillita adec...