noviembre 17, 2025

[Historia de Winston] #4

Frente al Tren de Emergencia [Inc.] le hacen firmar todos los permisos digitales que autoriza a la empresa Tren de Emergencia [Inc.] a utilizar cada uno de los sistemas que transporta como organismo con el nombre de Winston Churchill para tanto el abastecimiento de energía del propio transporte como para estudios diversos.

¿Estudios diversos? [se interroga W.C.]. Y firma y se deja poner los biopuertos con unas tenazas perforadoras de hace quince años. Eran rojas, ahora están sucias. Parecen machas de grasa. Los operarios buscan el punto exacto, desvisten lo necesario a Winston. Tres en el brazo, uno en el dorso de la mano izquierda y le sacan la chaqueta, Winston suda, ha sido una mañana extraña. Tres perforaciones más en la espalda, los dedos del operario le palpan y W.C. siente la presión de una nueva instalación.

¡Pssssh!, el sonido sordo embutiéndose en la carne de Doble uve.

Según se informó esa mañana: tomó un zumo insípido, ni siquiera se duchó. La preparación de los pasajeros se hacía por sistemas, capacidad orgánica, masa y otros... la info iba siendo asequible según se firmaban las conformidades necesarias.

Esa mañana estuvo demasiado tiempo firmando conformidades:

Y/N?

Y

INCLUYENDO PERFIL EN EL PASAJE.

Y/N?

Y

Y/N?

Y

Una conformidad tras otra en lenguaje de programación reducido a nivel 4: afirmativo, afirmativo, afirmativo. Sólo un clap: afirmativo. Dadas todas las conformidades se conformó a que el desayuno de esa mañana no fuera insípido. Clap en la pulsera verde, y todo es calma. Todo va bien... Firmas. Le llevó más tiempo del que tenía para ducharse.

Y el proceso se repitió con cada documento frente al tren que lo llevaría a las granjas de trabajo manual y obtención de recursos.

Todo está especificado en alguna parte, se dice. Un operario lo acompaña hasta la puerta, Winston se mece un instante al cruzar la puerta y se encamina a la cápsula que le indican. Hay un operario que le perforará con agujas para que el trance sea lo más inmediato posible. Le ayudan a desvestirse y Winston se introduce en la cápsula de transporte llena de líquido de suspensión para el viaje. Era espeso, cree recordar, y estaba flotando en gris curativo cuando escucha a uno de los operarios: ¡A obtención de recursos, visto! Y se oyen varios ¡claps! Las pulseras es lo último que le retiran. Sin nano-atmósfera eran un suicidio orgánico. Entreabre los párpados y ve las siluetas grises de árboles negros que eran tragados por una oscuridad aun más ciega; los emborrona y se los traga, los distorsiona y los hace desaparecer como los trabajadores no cualificados con los manteles. Como ese truco que consiste en retirar la tela de la mesa dejando todas botellas y todos los platos y cubiertos en su sitio y en pie. Alrededor, todo el mundo está conectado y trabajando en los estudios. Las siluetas grises junto a la ventana se extienden por una loma de fractales orgánicos. El cableado que pende entre ellos desprende destellos azules y marrones eléctricos.

Winston cierra los ojos y se pone a trabajar.

En la mañana de trabajo que antecedió a la partida en el tren y de la que aún no hemos dicho nada Winston Churchill que se recordaba como Doble uve y se veía como W.C. comienza a tener a los tres segmentos de jornada necesidad de un clap de la pulsera número uno y tal vez de la tres para la espalda. No se los da, así que el sudor hace su aparición y W.C. teclea que teclea comienza a saborear un metal licuado parecido a la sangre, su saliva se espesa y las manos y la rodillas le tiemblan y Doble uve teclea con postura impasible pero comienza a cometer fallos y tiene que reescribir la mayoría de los códigos. El teclado del centro de trabajo era una máquina resplandeciente: blanca y curvilínea. Algo oblonga. Diminuta y atrayente. Los fluorescentes se reflectaban desde los paneles del cubil de conglomerado sin chapa. La atmósfera estaba sobre cargada para que la necesidad de contemplar algo hermoso por contraste fuese premiada químicamente por los nano ejecutores; eso se lo dijo Jonás en una de sus conversaciones. Sin los claps la trampa resultaba burda pero efectiva. Winston no vio más que una implementación de los tiempos de foco de atención en el trabajo. Pero nada más. Aunque vio como los escritores de código se sentían a disgusto con sus cafés en la cafetería. El sitio tenían cristaleras ahumadas enormes y sucias, el mobiliario era escaso e incómodo: taburetes que cojeaban y una mesa estrecha que surgía de la pared y a una altura extraña para la mayoría. Y las lamparas que arrojan su luz naranja-tristeza, lámparas de depresión en naranja de bajo consumo, un naranja tibio casi muerto.

Recordó también la resina en los árboles. Cuando era un niño le gustaba embadurnarse los dedos con la sangre pegajosa de los árboles.

Cuando era niño las cosas no eran viejas y turbias como ahora sino que todo brillaba como brilla ahora su terminal resplandeciente y blanco. Como brillaba todo cuando era pequeño y corría bajo la cúpula itinerante ¡podía respirar! y ahora el aire le es pesado, se convierte en un sobre esfuerzo de concentración; en una obligación a la que atender entre línea y línea de código.

El terminal ya no le parece encantador, le parece estúpido y le agrede. Entonces llega el picor. Un picor que le recorre la espalda y las axilas y el costado [que le comienza a doler con cada exhalación]. Piensa en los bichitos, los nano ejecutores entrando en su cuerpo con instrucciones de darle duro en la cabeza hasta que admita teclear horas hacinado en un local mal ventilado con cincuenta hombres más. Era verdad lo que le contó aquella anciana sobre la falta de aire. El terminal tiene un diodo que se ilumina en rojo con cada pulsación incorrecta de Winston Churchill. Doble Uve siente una arcada y: ROJO, ROJO, ROJO, ROJO, ROJO...

ACCEDIENDO A RECICLAJE PROFESIONAL.

USUARIO: winston churchill. MOTIVO: MÁS DE 35 ERRORES POR MINUTO.

Winston, mientras todos los hombres del vagón están conectados y trabajando en los estudios [tipean código]. W.C. saca la cabeza y mira alrededor, entonces se sumerge en el líquido y se queda suspendido en lo gris y curativo, acunado por un medio amablemente espeso.

La comodidad es una manta caliente de la que te arrancan sin avisar. Y se vuelve incómoda, y el frío que se derrama por la piel. Los pies arrugados sobre el suelo del vagón del Tren de Emergencia [Inc.] y resbalando. Se despertó helado. Le echaron una manta por encima y le limpiaron la cara. La espalda le dolía, una punción cruzada. Alguna herida producida durante la retirada de los cables de la mercancía del tren. Así los trataron. A los hombres nublados. Tenían las caras torcidas y exhaustas. La mayoría no recordaba quién era.

Winston no se recuerda, camina en fila llevado por los operarios del Tren de Emergencia [Inc.] cruzando una valla metálica y encaminándose hacia un edificio de ladrillo. Pero aunque Winston no se recuerde cuando pasan al interior del edificio y allí, en medio de una enorme galería los operarios los sitúan frente a unas celdas que se abren, hacen que entren y lo hacen con aguijones eléctricos en los costados. Ya no los tratan como a mercancía, ahora son ganado. Winston será de los que lo recuerden todo, pero ahora se enfrenta a un medio sin nano atmósfera de ningún tipo, tan sólo oxígeno, carbono y algún que otro gas. Doble uve pensándose un soldado capturado por una facción enemiga, se piensa como una mini serie que veía por intranet. Un serial de aventuras y fugas en la que los prisioneros no se veían afectados con el frío que él tenía. Las manos nunca les temblaban no tenían esa oquedad en el estómago ni las piernas se tensaban y se clavaban en el sitio de miedo. Nah, y se arrulló como pudo en la manta, ese no era yo. ¿Quién soy y qué hago aquí? es la siguiente incógnita que acude a una cabeza que comienza a doler. Despertar es duro. Despertar en prisión, tan sólo extraño y ajeno. Doble uve es una pelota de carne torpe sin las pulseras y la nano atmósfera. Es blando y fláccido en cada movimiento. Se sienta, torpe y asustadizo, sobre el jergón que hay en una tabla a media altura en la pared. Mira el par de cubos y la abertura junto a la mesa. Bajo ésta hay un taburete. Lo mira todo y es consciente de que no iba a ir a ninguna parte en mucho tiempo. Pero aún no sabe quién es. Sólo un preso. Como el resto de hombres y mujeres del tren. Se oye un lamento largo y hueco. El dolor, en la galería de sueño y recuperación de los campos de trabajo, padece una minusvalía junto con la memoria de los presos.

La cárcel se rige por una norma muy sencilla damas y caballeros: se acabaron las decisiones por su parte. Nosotros decidiremos por ustedes cuando dormir, cuando comer, cuando cagar, asearse o despertarse. ¿¡Está claro!? Malditas ovejas, se acabó el ocio cognitivo y se acabó la nano-ventaja orgánica. Sé que lo sienten, sé que sienten su carencia absoluta. Desamparo celular del que duele, ¿verdad Dollys?

Final de Winston Churchill, W.C. o Doble uve.


 

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