diciembre 13, 2025

SMITH DICE: UN INTENTO fallido DE NOVELA DE AMOR

«(...) my name is Jorge Regula. I'm walking down the street. I love you. Let's go to sleep

The Moldy Peaches. 'Jorge Regula'. The Moldy Peaches demo.

 

"Estoy buscando en lo poético que hay en lo supra-estético que hay en lo macro-cromático que hay en lo no-animal"

Kase.O 'Repartiendo arte'.

 

"¡Mira! Ni tú eres la princesa de este cuento ni a besos voy a dejar de salirte rana. Es poco lo que tengo pero todo te lo doy: el oro de mi tiempo para que te hagas un reloj, la flor de mis neuronas pa'enredarlas en tu pelo, y por supuesto la luna".

La Cabra Mecánica. 'Todo a cien'.



ACTO I

Smith dice que lo deje ya. Lo argumenta: que si llevas intentando autodestruirte desde los diecisiete y con casi cuarenta aún no lo has conseguido está claro que no eres muy bueno en ello, dice. Estamos tomando café con tapas de tortilla. Ella está guapa. Smith dice, a la par que se pone unas gafas de sol, que necesito unas alcaparras para proteger mi visión. Medio sonríe y asiente con un tic como de micro-premio para ella misma; sí, parece decir haciéndose una corta, cortísima reverencia japonesa. El pelo, ¿lo lleva en uve? Me cago en mi puta vida, pienso. Porque el pelo la acompaña con elegancia descreída cada una de esas veces, en ocasiones cuando acaba se carcajea cerrando fuerte los ojos.

Nota aparte de todo: me viene a la cabeza que somos la idea de nosotros mismos, me viene a la cabeza todo lo que quiso decirme Smith de forma poética. Final de la nota aparte de todo.

Después compartimos un poco de silencio. Abuso de las servilletas de gracias por su visita que saco con gesto profesional: una tras otra una tras otra una tras otra... Estas servilletas no limpian, le digo. Smith parece que piensa mucho lo que dice, como si su palabra pesara en el cosmos, como si fuera una Demiurgo a punto de solventar el mayor problema del mundo consciente. Nos sonreímos como una pareja que lleva siendo feliz veinte años, como si estuviéramos recordando todos esos momentos que nos han sostenido hasta llegar a este atardecer; tomando unos cafés y unas tapas de tortilla, pensado en la mar y en la montaña. En cuántas cosas hicimos..., en ese momento Smith dice que lleva un rato pensando en sus mini-tareas de adulta: la compra, y sonríe, la lavandería, Smith dice que podría ir con ella, que aprovecha esos momentos para leer. Smith dice que si no haces las mini-tareas de la vida adulta es posible que mueras. Sonreímos, pienso que es rara (y no) y que eso me gusta, me gusta mucho.

Me pregunto cómo hemos llegado a nuestra tercera cita. ¿Cómo? Si en la primera estuve ridículo. En la segunda me comí una cobra. Fue bonito. La hizo tan, tan despacio que teatralizó el gesto de rechazo convirtiéndolo en un gesto de aplazamiento. ¿Qué mierda le atraerá de mí? ¿Qué le funcionó? No quiero ser el clavo ardiendo de nadie, soy yo el que necesita ese tipo de cosas. Yo, nosotros, ellos. Todos caemos en algún momento e intentamos aferrarnos a lo que serán un montón de canciones y recuerdos agradables de lo que fue, me pongo nihilista, lo sé.

Smith dice que si sé qué necesitamos con su gesto de Tyler Durden y sus «ho!» de señora del rural gallego. Ah, calla, coño, me digo conteniendo la dicha, el humor negro: Smith dice que ha visto unas calles comerciales llenas de pijos. Que necesitamos un buen lanzallamas de la guerra de Vietnam. Que provocar el pánico con los primeros asesinatos es esencial, que reconducir a la masa histérica hasta un cuello de botella y ¡el fuego y el espectáculo!, Dice, para que mueran por aplastamiento y asfixia. ¡Claro, ho! (su mini-reverencia japonesa), Smith dice que a quién se le ocurre (otra), que empezaron ellos (última reverencia y nos reímos).

¿Acaba de hacer un chiste negro sobre la lucha de clases y el ardor de la revancha social? Ais.

9 de abril de 2023, Kimya Dawson suena mientras escribo esto. Una demo que se llama: 'remember that i love you'.

Smith se hace un hueco en mi vida y la acomoda, es como si siempre hubiera estado allí.

[2023 mientras escribo me entran ganas de contarle a la verdadera Smith que su nombre significa: je no kill, inspiro. Y que no contradice el otro ni el que solo sabemos los dos. Siempre estamos juntos].

Me gustan sus explosiones de belleza que sonríe y guiña los ojos: cuando lo hace Smith parpadea tenue como un Big-Bang tímido pero que promete. 7 veces se quedó en mi memoria con esa sonrisa, una, mientras le cantaba canciones de orquestas pachangueras.

Smith es hija de una argentina a la que Borges le parece: flo-ji-tooo, no, no, flojito el Borges dice que diría, y un guardabosques libanés fumador de tabaco negro muy silencioso y con mirada extrañada.

Es una anarco-meiga casi-vegana-pero-no [omnívora, vamos] que trabajó de panadera y soldador. Ahora da clases de árabe en la escuela de idiomas y sigue de soldador lo suficiente para no perder la capacitación.

Smith no es decente. No soy decente, me dice el 17 de noviembre de 2017 por mensaje. El 11 de diciembre escribo en una red social: 'Cuando vas del all-in con un dos y un ocho' y enlazo I am mine de Pearl Jam. Las fechas están ahí para recordarnos y para que las usemos de asidero si vamos a destruir el universo, ¿no?

Ella me dice que porqué no iba a invitarme a comer y sonríe. Eso lo recuerdo tan bien que lo dejaremos para otro momento.

[2023. El cansancio de los últimos días me hizo quedar dormido de cabeceos y calor que te abraza, no recuerdo cómo llegué a la cama. Soñé con Smith que me acogía entre las piernas y me decía hasha mientras dibujaba para mí arabescos en la arena. La contacto y le pongo incoherencias de duermevela y termino con ese hasha que en árabe [traductor online durante los hechos] significa 'olvídalo'. No debí hacerlo, una torpeza].

Me engaño pensando que ella me envía mensajes telepáticos y señales en la trayectoria de planeo de las gaviotas.

Me confiesa que nunca ha visto un eclipse de luna, nunca. Subimos a la azotea de la casa de mi madre y vemos uno, habían nubes negras con el borde plateado rodeando una luna roja y gris y esférica: fue perfecto, ella extendió los brazos y fotografiamos nuestras sombras a la luz del eclipse y 3 farolas naranjas.

Estamos en la torre acudiendo a la invitación de un astrólogo del ayuntamiento. Tiene un espectáculo de cámara obscura que proyecta casi toda la ciudad de Melkart a la redonda. En su magia incluye el truco: mirad cómo levanto la proyección de este lugareño con un trozo de papel, mirad qué gracioso. Smith me mira y sé que va a decir algo al respecto. Smith dice que tenemos que hacerlo, que tenemos que calcular el tiempo del siguiente pase en que vaya a hacer el mismo númerito para estar en la plaza y hacer el mongolo, como dos clowns profesionales, dice.

Lo hacemos, un poco de dos tontos muy tontos en mitad de la Plaza de Las Flores. No reímos y esperamos a que la gente baje de la torre y nos ponemos delante y todos nos miran, cuchichean, alguno se ríe y nos señala. Ya sabemos que ha salido bien, doble reverencia japonesa y nos vamos a merendar.

Smith dice que la vida está en la calle, en el parque, fuera. Estamos de verbena bailando como una pareja de señores del rural [ella me llama esposa mía yo la llamo esposo mío]. También ha venido Helena, una amiga de Smith. Durante la verbena he fotografiado a la luna llena mientras le llegaban y se alejaban unas nubes en una serie de 6 fotos. Estamos bailando otra pieza y ¿nos está iluminando una moto en mitad de la pista? ¿La están levantando para que la luz nos dé justo los dos? Es un momento confuso y, hasta Helena, cree durante unos segundos en mi teoría de la moto en mitad de la pista y jajajajajajaja, pero es una cámara de la televisión autonómica: probablemente nuestro momento más bonito de la semana sea un plano descartado en el informativo sobre las fiestas locales y una de sus consecuencias: la verbena. Nunca lo sabremos porque los anarquistas serios no vemos la TV, le digo. Pero también, dice ella, los anarquistas serios hablan con la gente.

Nunca lo llegamos a saber, somos gente seria, por favor.

Volvamos a Smith: me dice que porqué no iba a invitarme a comer lentejas, se excusa en mitad de su cocina, es algo muy normal en las sociedades del rural, dice. Se pasea por delante de mí hasta llegar a la estantería para colgar el trapo y yo le suelto: me gustas. Me gustas, le digo sonriente. Y ella sonríe y está preciosamente honesta en ese instante en que descubro que me ha mentido, aunque sea un poco, con lo de las lentejas. Smith dice que fume menos. Cuando se da cuenta de que soy un manazas y de que lo mancho todo cuando escribo en la mesa de la cocina compra un hule de búhos, búhos ojipláticos de colores, mi favorito: el gris marengo. Ésta es una historia que se despliega suave como un ingenio japonés de papel que muta la forma y muestra algo nuevo que siempre había estado allí.

Smith dice que me quiere llevar al desierto. Ojalá, pienso yo.

Conocí a Smith a través de Carlos aka El Anarka de Noé. Sí, esta gente rondan los cuarenta y tienen akas. El Anarka de Noé es galegofalante y me habla sobre los nacionalismos desde un prisma histórico ¿múl-ti-ple? No sé, borracho me cuesta más entender el gallego. Yo estoy deseando meter baza sobre anarco-primitivismo y anarquismo orgánico, pero Carlos El Anarka de Noé no para de hablar, no deja un sólo hueco, tiene mucho que decir y lo sabe. Su nombre de guerra le viene porque es enfermera de gatos callejeros. El Anarka de Noé controla la población de las diferentes colonias de gatos, todos los individuos que las componen tienen un nombre que sólo conoce El Anarka de Noé, gente seria.

Carlos mensajea a Smith diciéndole que no pasa nada, que ella hace lo que puede por los animales, por todos los animales que ha conocido, que hace mucho más que suficiente. Lo sé porque Smith lo sabe y me lo contó. Obvio.

[la he visto tantas veces: a Smith, digo. En una ocasión nos cruzamos por la rúa Nell. Ella ya tenía unos 60 años pero seguía en forma. Mismo porte, misma cara, mismo pelo aunque blanco ya todo; seguía fuerte, decidida, no parecía ni triste ni cansada. Eso sí, estaba buscando algo dentro de sí, algo que no encontraba. Y eso la hacía parecer un poco confusa y un poco asustada. Me giré cuándo nos cruzamos, pero no dije nada. Obvio.]

Pues estamos borrachos y Smith da vueltas por allí, parece dulce, es pequeña y fuerte y guapa. Se mueve rápido. Pasa por delante como un borrón negro, un borrón negro y brillante que sonríe. Así que comienzo a lloriquearle sobre mi vida al Anarka de Noé que lo flipa muy fuerte: enarca las cejas y aprieta los labios en una mueca de: “no me puede estar pasando ésto a mí”. Y yo sigo como un pequeño miserable exhibicionista, sigo hurgando y enumerando sobre el declive y la pena. Me arrebato y estando a punto de alcanzar una sima de profundidad nueva para mí, Smith dice que me calle. Smith dice que no, que hay que espabilar. Que qué mierda es esa del declive y la pena, que qué pienso hacer para cambiar la situación. Que haga algo. Que lo haga, dice. Estábamos borrachos. Yo venía de un evento literario, Smith sonreía bajo una farola. Nos largamos los tres de aquel bar sin nombre. No recuerdo cuándo ni el porqué, pero a la mañana siguiente tengo su número en la agenda. Paso los contactos y leo: Smith. Y sonrío. Sonrío mucho.

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