La Chica Liquid. Pienso en ella o es ella la que se mete en mi cabeza. En realidad es tu cabeza la que me ha metido, escribe para mí desde un futuro indeterminado. Ya hace que conspiró con el Gordo Ed, y todos lo saben. Aquello fue como una bola de nieve sucia estrellada en la cara. La Chica Liquid, ya sabéis, entonces no, pero algún día sí; le ofrecerá la medicina de las palabras a tu hijo durante una clase de literatura. La Chica Liquid había heredado un baúl de la bruja, estaba lleno de maravillas: desde juguetes oscuros para hacer fotografías antiguas a hechizos ocultos en unas cuerdas que pueden dejar estelas de enormes burbujas de jabón. Entre esos juguetes había una grabadora ochentera a pilas y que grababa en cinta de cassettes. Un baúl de la bruja. Cómo no.
La Chica Liquid tiene el pelo corto y rubio, ojos y nariz de leona, es líquida, fluye entre palabras y posos de té. La Chica Liquid es la misma persona que su abuela, todo el mundo en su familia lo lleva con naturalidad.
El sol sale y con el mapa de canciones desplegado es más fácil seguir los ríos y esquivar las cordilleras. Todo lleva ahí demasiado tiempo: 2 copas, (1 bastos), 7 oros, (1 espadas), 3 copas, (1 copas). Siempre estuvieron ahí junto con firmas, criptogramas y bromas varias.
Cuando llegamos a Madriz el mago dice “ya estamos en casa”.
¿Cuántas rayas de speed hay que meterse para triplicar un sábado? Menos de lo que parece. El loco se da terapia a sí mismo, suena la voz del hombre en el papel de EL LOCO y la voz de mujer 2 en el papel de NAZARETH (Mejor psicóloga (autoproclamada) de Ciudad Dormitorio).
INT. MESA ACRISTALADA DE TERAPIA. DIA.
NAZARETH (Inquisitiva): ¿Me cuentas esa historia de R. A. P., El dios del rap?
EL LOCO (Ojos de pez muerto): Verás, Nazareth, eso fue hace unos veinte años. Seguramente durante una época de insomnio severo. La mente se me derramaba por ahí, eran demasiados chorros de mercurio. Sólo te hablaré de mí y de su mano derecha. Estamos en su coche, días + noches febriles y el mejor hachís del mundo. Total, que estoy soltando versos, su mano derecha sostiene un móvil (la máquina plana reproduce una base además de grabarlo todo) y yo señalo el techo del coche y le grito a Dios que ya no me hace falta. Una rima se me escapa porque traigo manchas en la chaqueta, me las sacudo mientras suelto las palabras. Aunque sólo veamos su mano derecha podemos deducir que es ella la que me canta los titirimundis a la vez que graba todas esas palabras que nos atraviesan; no son cuchillos son los fantasmas de todo lo bueno que está vivo, y no para de gritarnos cosas, joder. Nos brillan los ojos a ambos; es la primera ignición de un enorme fuego del que no voy a salir en 20 años. El calor me mantiene vivo y el humo vela todas las caras.
NAZARETH: ¿Eso es todo lo que recuerdas de la trama del Dios del R.A.P.? ¿Un par de líneas oníricas a la penumbra de un coche con guirnaldas de vapores de THC de un lado al otro del techo? Sabes que soy la mejor, lo sabes.
EL LOCO: ¿Esto? Nah, esto no es más que el 13 %. Después amanece y todo parece quemarse.
FINAL DE LA ESCENA DE AUTO-TERAPIA DEL LOCO
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