¿Sabéis qué quiere el hombre con toda esta mierda? Quiere que el loco se mire en un espejo y vea al mago. Quiere que Nosebundo se apellide Profeta. Es su única forma de sanar, se ganó la confianza del círculo, y ahora, lo sabotea con este texto; su mera existencia es un insulto a la acción NECESARIA. Él sólo quiere la sanación, pero se resiste al cambio, al sacrificio, no quiere cumplir con este pacto sagrado. Los gritos van a terminar por tornarlo todo en un montón de sangre salpicando El Pantano.
¿Sabéis qué quiere el loco con toda esta mierda? La locura es un sabor mentolado a muerte en la lengua de gato cruda. No mola. El loco quiere tener un significado poético más allá de los consabidos amaneceres violáceos o los cielos rotos y tensados en un metal cobrizo imposible. El loco sólo ansía un porqué. Que todo el sufrimiento, la incomodidad y el terror y la confusión fueran un ingrediente necesario para elaborar una pócima maravillosa, ver brotar de ella un magnífico roble. El loco quiere estar allí cuando todo vaya a mejor.
¿Sabéis qué quiere el mago con toda esta mierda? Profeta viaja, como si fueran retorcidas autopistas, tanto por el interior oscuro del hombre como por el interior oscuro del loco. Los necesita para llegar a algo más allá de sus límites, más loco que un loco, más humano que humano, está forzando la maquinaria como si fuera de guerra, lo sabe. Se ha afeitado las barbas canosas porque es lo que se hace antes de bajar de la montaña. El cabrón tira los dados a favor de La Serpiente porque ansía subirse a una puta columna y que los dejen en paz para siempre a los tres: al hombre, al loco y al mago.