septiembre 14, 2026

LOS PERROS DEL FRAILE

Otro jueves noche en el que voy al cementerio, sobre las once abro una botella de  ron añejo y arrojo, como manda el cliché, algo sobre la tierra; a veces camuflo su función y pienso en los muertos que sí se merecen un poco de ron añejo. Luego saco la pipa que me regaló el fraile y la cargo como me enseñó el dominico loco: fuerza de hombre, fuerza de niño y fuerza de bebé. Finalizado el prensado del tabaco le meto candela: calor, combustible y oxígeno. La magia, como me dijo una vez el fraile drogadicto de hábitos blancos y negros, el fraile loco y pelirrojo, adicto a las matemáticas y a cualquiera de las formas del espíritu humano, no es más que conocer un lenguaje fundamental y aplicarlo. Enciendo la pipa y sé que ya anda por allí, entre tumbas y nichos y flores marchitas que parecen celebrar el trabajo de los gusanos.  Tiene manos pequeñas pero duras, hola, me dice. Trae ese ron, amiguito. 

Compartimos los primeros tragos el fraile chileno y yo en silencio de ora et labora. El dominico enciende una ele de maría que sacó de la nada. Lo enciende y me dice, me suelta con un poco de humo tosido que le golpea por salir, ¿qué tal lleváis la hipervigilancia? Hum, le digo, ni siquiera es lo peor. Estamos creando un grupo de impacto Ludista Literario para confundir a la IA, que plagia, ya sabes. ¿Lo han hecho?, me dice y después da un largo trago al ron que dura lo que dura dos veces mi respuesta..., La han llamado así al menos, le digo, y él sigue bebiendo, glup, glup, glup, hace el fraile mientras se crea un silencio, se rompe con el glup, glup, glup, y algún grillo... poco más que ese gorgoteo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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