Por CatBallou
Sí, soy un cúmulo de despropósitos. Una niña malparida a golpe de berrinche. A ratos intratable, a ratos succionable. Insoportable por mi mal genio, irresistible por mi coño triste. Una zorra que se aburre fácil y se moja con lo inconveniente. Lo que mi madre llama “una decepción con tetas”.
Nunca doy la razón. Y si la tienes, me la meto por el culo hasta reventarla. He venido a provocar errores, a escupir en tu ombligo, a abrir la boca para hacerte pensar que voy a besarte... y arrancarte la lengua.
¿Estudio? Por supuesto. He estudiado tanto que soy doctora en egolatría, catedrática de trampas, y tengo un máster en comérsela a las mentiras. Mis años de lectura me sirven para disimular mi ignorancia con palabras de tres sílabas que acaban en clítoris.
¿A qué me dedico? A chupar miradas. A destrozar espejos. A meterme dedos con guantes de látex y a decir la verdad por el esfínter. Tengo una especialización en lapidación láser. No me depilan, me exterminan.
Las únicas cosas que no me aburren son mi teta derecha y la posibilidad constante de arder. Lo demás, me lo follo mentalmente hasta dejarlo seco. Soy tan buena mintiendo que me corrí en la cara de la verdad y ni se enteró. Y sí, tengo una lengua peligrosa. Una lengua que se arrastra por tu espina dorsal mientras te susurra en latín vulgar: “o te dejas follar el alma, o te la escupo”.
Esto es solo la introducción. Si quieres seguir leyendo, lloramos juntas. Vomitémonos.
AHORA ES EL TURNO DE TU LENGUA.
Y ni una palabra.
Quid pro quo, Clarice Lispector.
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