diciembre 04, 2023

Pietà, signori miei!

Hay muchos hombres que son más monstruosos que vos, escribió Madame de Beaumont sobre un papel perfumado, pero del mismo modo que no me casaría con ninguno de ellos, tampoco lo debí haber hecho con vos. Y la Bestia se marchó a llorar junto a la rosa marchita. Oh, piedad, señores míos, no descarguéis sobre mí la daga de vuestra ira, pues no pretendía sino departir sobre monstruos, monstruos impíos, que surgen del légamo, serpientes resbaladizas, musgo, deseo, nieve. Señálenles su compasión para calmarles y perderán con suerte solo un dedo. Huyan sin más, ese es mi consejo, si están a tiempo, pues ni Barba Azul, ni el ogro de Pulgarcito, ni la suegra de la Bella durmiente, ni la madrastra de Cenicienta, ni el maridito de Grisélida, ni el lobo, ni el hada vieja, ni la madre que los parió a todos juntos sienten piedad por sus víctimas. Estos son los hechos, aseguró de rodillas el gordo Leporello, yo no sabía qué hacía il mio padron, donna Giovanna Maria, solo huía, como vos y como el resto, hacia delante. 

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