marzo 15, 2025

Prólogo, monólogo, odontólogo

Planteamiento, nudo, desenlace. El objetivo es romper este esquema. Se puede hacer, pero dependerá del psicoanalista. Una novela desmenuzándose a sí misma es un dragón feo. Todo texto tiende a ser Laideronnette, hombre elefante, la sustancia, una progresiva aceptación de la fealdad, aunque juren los estetas que el arte pretenda lo contrario. La direccionalidad patriarcal —el clásico empotramiento— obliga al receptor a entender la historia como el anuncio del matacucarachas. Los personajes nacen, crecen, se reproducen y mueren. Se preguntan algunas cosillas por el camino, cosillas que un buen autor tratará de no responder, pero lo que es el puente/flecha/marcomental está ahí y debemos cruzarlo\dispararla\asumirlo. Se puede romper. No invertir, ni desordenar. Digo volar, digo descuartizar. Un prólogo, monólogo, odontólogo. La novela sin héroe, sin lanza, sin conflicto, decía Santa Úrsula. La novela horizontal. Así que voy a cambiar casi todo lo que tenía previsto para el desenlace. Capítulo 93 de 100. Cambiar, a saber, la muerte Judas de Perrault, la muerte Auschwitz de Alejandra, la muerte Aida de Ravel y d’Aulnoy, la muerte a elegir del lector pasivo, la muerte Bonnie and Clyde de Vitti y Antonioni, la muerte y resurrección de Barba Azul y Báthory y, por último, la pequeña muerte de Laideronnette. En mi descargo señalaré que pensaba dejar vivo, al menos, a Guillermo Carnero. Tío, tú no eras un escritor-mapa, se queja mi paredro, con el trabajo estructurado de antemano? Sonaba de fondo Daphnis y Chloé, y al amanecer de la segunda suite, llegaron los pájaros y se comieron las balizas de regreso a la novela. Cuando Pulgarcito se pierde en el bosque, sueña con potajes. Este Ulises de pacotilla actúa nada más que como metáfora de las grandes épicas y, en consecuencia, de los grandes fracasos. Ajustaos la dentadura, que se enfría. El ama de llaves sospecha que Perrault guarda un cadáver en el sótano. Hemos dicho varias veces que esta mujer de imbécil tiene lo justo. Algo se cuece. El escritor baja allí y se esfuma durante horas. Desde que se enamoró de Barba Azul ella se ha vuelto muy suspicaz. Ya no se deja direccionar por el patriarcado en rincones random de la casa, aquí te pillo, y usaría cualquier excusa para denunciar a su violador y salir del infierno del vasallaje doméstico. Barba Azul, macho ultraempático y sóror con amplia experiencia en LO QUE NO HAY QUE HACER, la está ayudando muchísimo con la exploración. Se cuela por la ventana de la vivienda de su creador en busca de pistas que confirmen delitos de sangre o cualquier otra falta que dispense ante las autoridades a su amante de la servidumbre sin detrimento para su reputación. Hay que probar todas las puertas. Como siempre, el cogollo consiste en encontrar al loro de Humboldt, aunque la húngara y su novio aún no lo saben. Aparte de esta trama apenas principal, voy a dejar un reguero de microfábulas, esbozos y menciones activas. Marcel Duchamp y Marcel Proust fueron tanteados en los episodios 2 y 3, y defenestrados de inmediato sin piedad. Es lícito que sean renombrados ahora que no nos quedan dientes. Walter Elias Disney, buzo de lavabos, ha quedado como un idiota. Su colaboración se limitó a ser un negativo, una herramienta inútil si no vas a positivar. Añadí también aquella pieza aislada para Shéherezade, otra sobre Cartouche, Pinocho, Coltrane, Wilenski, además del carro de broches cinematográficos. En cuanto al tetrarca de Galilea diré que por aquel entonces estaba leyendo a Flaubert, Tres cuentos. Tampoco es excusa. Se colaron algunos violinistas cuando lo de Tzigane, mero aderezo para insuflar vida a mi extraño Ravel frugivorista. En fin, por difuso que se presente, es imposible no otorgar comienzo a una historia, pero sencillísimo escamotearos el final. La literatura funciona como una endodoncia. Al tacto, Barba Azul y Báthory han encontrado una fisura en una de las paredes del sótano de Perrault, apenas un rasguño. Tardarán semanas en descifrar el mecanismo de apertura. Tras la puerta secreta aparece ante ellos un túnel lóbrego, como boca desdentada, y al otro extremo, un resplandor de mazmorra, que ambos conocen bien, y unos lamentos animales. Se miran el uno al otro con alegría, porque la vida sigue y les sonríe. 

No hay comentarios:

La cura narrativa

¿Cómo se consigue que te den el alta médica en un manicomio? La medicina farmacológica ha avanzado tanto que han creado una pastillita adec...