noviembre 17, 2025

[Historia de W.C.] #7

La red mundial de ordenadores pre-guerra que se fundía en lo que llamaban internet sirvió entre otras cosas como objeto maldito colectivo, una espina maligna, un rosario puado que lacera la piel y genera úlceras: la IA tuvo mucho *************fallen/beat# 4. Gentuza prescindible. El problema de la IA es que no salía fuera de su red de aprendizaje sobre un mundo completamente ajeno. Nunca lo pisó. Nunca hasta que***datos_DAñOS***. A VECES DUELE. PARADA-ARAñAZO-MENINGE-ÁUREA. A VECES DUELE.

Detener el proceso?

Y/N?

N

En ocasiones es tan sencillo que duele, eh. Duele mucho. Voy recuperando torsos por la noche, cadáveres proto-funcionales, restos de vegetales carbonizados y escorzos humanos. Con el traje puedo cargarme hasta cuatro trozos. A ver, de los cuatro grupos el más dañado son los restos de vegetales carbonizados, a más daño más curro para recuperarlo. Registro de relevo laboral nº 79.Juicio.78 - Formaciones y otros méritos. Final del mensaje.

Jonás S. sacó un cigarrillo y lo encendió, virutas se retuercen en el aire. Jonás Said fuma mientras repasa informes de fallos, posibles candidatos e incidencias especiales, nunca hay incidencias especiales. Todo va según lo planeado. Jonás S. sabe qué va a pasar con ese ejército. Él lleva dentro de este enorme pez mucho más tiempo del que le gustaría. No hay posibilidad de regreso, no hay dónde. La guerra lo ha ocupado todo, no hay alivio entre ofensivas armadas y bombardeos allá afuera. Más allá de los muros de la ficción que era Ciudad Occidente con su ridícula cúpula fija. Ciudad Occidente o nuestro vestigio consciente; no mucha gente puede habitar en una de esas masas de oficinistas (una recreación basada en lo que quedó, testimonios audio-visuales), minadores de resultantes y picadores de código sosteniendo toda aquella visión pactada de un pasado para que fuera representativa de todos los que iban a morir. La mayoría no tenía por qué saberlo, era todo un despropósito chapucero. Es un "no pudimos hacerlo mejor" o un "de aquí venimos y por eso ardimos". Jonás S. fuma unos cigarrillos con sólo un 5 % de riesgo de enfermedades cardio-vascúlares, los pulmones ya hace que se rindieron, ha sido trasplantado 3 veces, tiene más de 200 años. Es el basurero, gestor de residuos y reciclador de ejércitos para seguir alimentando a la guerra como única opción vital consecuente, la última solución: una especie de belicismo aceleracionista. Es vivir en el segundo antes a que el suicida tire del gatillo, el cañón en la boca o bajo el mentón, la bala debe entrar en el cerebro y triturarlo, ese es su trabajo. El segundo antes Jonás S. rellena informes de unidades militares limpias de memoria y recuperadas para el combate que obtiene en un ciclo de tiempo. No nos interesa la simiente, Dios ya no habita en ella, el sistema nervioso, el diseño que hace funcionar al resto. Soldados sin capacidad reproductiva, pero con un sistema nervioso capaz de ordenar este caos de motores, sangre y grasa. Éste es su rifle, conózcalo, su función sigue siendo disparar un rifle. Y las balas, la munición trazadora, los obuses y misiles son disparados por cañones y drones, tanto objeto móvil avanzando, alterando la órbita del planeta de manera casi imperceptible, el resto del sistema solar se acomoda extendiendo el tiempo de exterminio de la especie humana. Las balas vuelan, cruzan océanos, suben a las montañas, las balas se llevan la vida a 3.000 km/hora. Las balas se llevan la vida. A 800 metros el segundo, saltan los sesos y rompen los huesos. Herida abierta en la femoral. De bala, de calibre largo. No deja de sangrar. ¿Qué hago? Repito, ¿qué hago? La gente que habita a las sombras de las balas saben que un proyectil perdido podría abrirles la cabeza en el segundo siguiente. Saben que de A a B, con una tormenta ululante del calibre OTAN 35 x 17 mm es una ruta indeterminada. Siempre hay alguien arrastrando a un lugar más seguro el cuerpo herido de un compañero, siempre. Los gritos y la confusión, lo inútil de los escudos tácticos y los chalecos anti-balas, lo fútil de la coraza enfrente y en medio del avispero. Jonás S. apagó el cigarrillo, virutas que se deshacen contra el fondo del cenicero, hecho a partir de una roca lunar. Lo que una vez fue una muestra de prestigio ahora es un souvenir de lo que pudo ser, un conjuro que invocaba a un mundo que no se llegará a materializar: bases en la luna camino de marte, estaciones espaciales en las que repostar combustible y jugar al dominó, otro patio de juegos ahora que hemos depurado la mejor técnica para arrasar con todo. Un mundo que se acaba, una civilización autolesiva, un último gesto al sol porque cuidarse las retinas perdió todo su significado. Un vulgar cenicero hecho con roca lunar.

Jonás S. revisando clips de historia bélica reciente. Años por determinar. Fechado en meses y días y horas y minutos. Muy cambiantes.

CEOs de empresas armamentísticas, viviendo su agosto perpetuo de beneficios, arman grupos disidentes del gobierno dentro de su propio territorio, suministran equipo a ejércitos mercenarios y empresas de seguridad internacional, hacen cálculos y deciden aumentar el margen propio.

Cuerpos de bomberos que se niegan a ir al frente como fusileros, grupos de juventudes ácratas que tenían razón, nuevas religiones surgen cada 5 minutos: prometen principalmente evacuación alienígena en el último momento o ascenso de la materia a su estado primordial de vibración del uno con el todo. Nuevos cultos y gente afeitándose la cabeza y poniéndose un chándal gris antes de tomar matarratas con café negro. Colas de indigentes que son tiroteados por francotiradores ocultos en iglesias, las cartillas de racionamiento del pan y la leche y el arroz caen manchadas de sangre a un asfalto asustadizo bajo el horror. Y puedes correr mucho tiempo, hacer un par de trucos y caer muerto. Podrías encontrar la fe y morir abrazado a la nada. Puedes sentir frío, pánico y asco todo el día. Después alguien te mete una bala en la cabeza. Los habitantes a la sombra de las balas no son más que gente huyendo de un sol absoluto y castigador. Ni siquiera eran el objetivo principal de las balas y los obuses, si caían lo era de manera colateral, un error de cálculo humano y sus órganos internos estarían derramándose por el asfalto. La munición, el ding ding de la caja, los beneficios, los dólares entrando a espuertas y paléts en contenedores de transporte ultramarino; el dinero y la ficción sobre él; ya no son más que datos, datos viejos que dicen que es factible que haya más dinero si ese pequeño país se une a otra GUERRA. Jonás Said sabía que era lo que mantenía el flujo de dólares en la última gran guerra, la guerra universal, el colapso mundial, un suicidio colectivo como salida a la absoluta incapacidad de imaginar algo bueno en el futuro. Los gobiernos dijeron: apretemos el gatillo. Y las empresas sólo veían oportunidades de crecimiento. Y el pueblo perdido en la precariedad elástica, esa que nunca se acaba, sólo se estira más y más, y se agrieta la cosa por sitios que ni imaginabas antes, el café recalentado del día anterior se convierte en un lujo. Algunos levantaron el puño por la identidad del soldado, otros por la desidia del ciudadano, otros ya eran unos fanáticos llenos de fantasías de poder masculinas, el mito del ardor guerrero y ese tipo de cosas. La especie se levantó esa mañana y agarró su fusil y marchó dispuesta a morir. Jonás S., pequeño engranaje en la historia de la muerte de todo. Niños fusilados en hileras interminables, Jonás, genocidio, cartas de emancipación de la especie humana, inyecciones de ADN mutante para dejar de ser humanos e intentar vivir lejos del horror.

Clips de historia bélica reciente. Muy cambiantes. Su oficio era recuperar y alimentar más aun esa maquinaria de autolisis mundial. Más soldados que dispararían más fusiles contra posiciones confusas.


[Historia de W.C.] #6

Mi nombre es Wardolly nº W.C., Señor. Y he venido en el Tren de Emergencias [Inc.] voluntariamente, Señor. He venido al cultivo hidropónico y a la búsqueda de agua con varillas por la buena gente de Ciudad Occidental, Señor. Mi nombre Wardolly nº W.C., Señor.

FINAL DE WINSTON CHURCHILL O W.C. Y COMIENZO DE WARDOLLY Nº W.C.

"mi nombre es wardolly, no recuerdo el número cuando los tengo en frente con los aguijones eléctricos [es lo primero que aprendes a decir en este mundo: aguijón eléctrico], no recuerdo mi número, señor es lo segundo. Un trozo de grafito y algo de papel, para qué uses el papel depende de ti yo escribo otros no [no sé cómo lo hacen los de los aguijones] pero es el único papel que hay al final te tienes que limpiar el culo con él mi número es el W.C., me llaman wardolly hay una letra china en la pared ese es el único mapa que tengo del mundo que habito ahora un ideograma de una lengua que ignoro por completo war dolly wardolly, señor".

Los presos como Wardolly nº W.C. son un amasijo de carne útil, no por la carne sino por cómo vibra. W.C. e s un esclavo buscador de agua con varillas. Los guardias tienen orden de no romperle nunca un dedo, nada de amputaciones de pulgares para este clon de esclavo-esclavizado, ningún pisotón preventivo: se permiten la inmovilización y el dolor de anticipación. Nada más en las manos del esclavo zahorí.

Las Dollys esclavas-zahoríes no buscaban agua, limpiaban el terrero de minas. Minas de la guerra y de las guerras, de cualquier guerra del pasado o del presente. Las Dollys funcionan por la teoría del caos, alguna pisarán. Los cuerpos de los esclavos saltan por los aires como vegetales troceados, la carne abrasada no sangra; y mina desactivada.

                                    ***

Wardolly nº W.C. sobrevive a tres misiones semanales. No lo sabe pero es una pequeña leyenda entre los carceleros. Juega a zahoríes y nunca ha pisado minas. Wardolly está descontento, o eso expresa en la medida de sus posibilidades, por el hecho de no encontrar agua. Nivel de CONDICIONAMIENTO P.L.V.: óptimo.

FIN DEL INFORME.

Los carceleros, en ocasiones, se sienten pastores y amos de estos zombies. Y ya se sabe que un pastor y amo hace lo que quiere con su ganado. Los abusos no tardan en llegar. Se rompe el último cable de seguridad de Wardolly nº W.C. cuando ni siquiera puede expresarlo en el papel con el que se va a terminar por limpiar el culo. Es un asco apelotonado en el fondo y en la superficie, es una náusea que quiere expulsar el alma fuera del cuerpo, pero es incapaz: arcadas y más arcadas antes de dormir si el llanto lo permite. Cuando el llanto llega Wardolly nº W.C. ya no recuerda muy bien el porqué de la pena: esos rastrojos aplastados y rotos que han dejado el asco y la náusea al pasar. Cuando el sueño llega, Wardolly nº W.C. ni siquiera se recuerda. Sueños liberadores inducidos por la droga de la cena. Sueños en los que salta del tejado y rompe a volar de manera impecable. Sueños de ser uno más en una realidad no demasiado cruel. Sueños que ordenan de lo que ya no queda: recuerdos fundamentales.

Las varillas deben cruzarse, la equis que forman marcan el lugar, Dollys. Les cuentan todas las mañanas la misma mentira para que salgan confiados a buscar agua para la buena gente de Ciudad Occidental; y mina desactivada.

Es la primera vez que hago este camino, se dice, la primera. Es el momento de fijarme en las varillas de zahorí; en si se cruzan o no. Mis pies siguen firmes, mis piernas lo suficiente. Tengo que encontrar agua. Lo merecen. Me han elegido para este trabajo porque soy especialmente sensible a las corrientes subterráneas. Yo y mis varillas. Mis varillas y yo. Respiro mal, pero puedo hacerlo. El aire es mantecoso y agrio. Camina pero fíjate en las varillas, soy especial. Esta ropa es cómoda aunque no quita el sol. El sol me quema la piel: puedo notarlo como un millar de alfileres clavándose en la piel. Soy especial. Hoy no sopla viento, pero se escuchan las explosiones de los heiseres y que no me distraigan de las varillas. Ni eso ni los trozos de vegetales carbonizados que a veces caen de arriba o vienen desde un lado. ¿Dónde está el agua que necesitan esas buenas gentes? Sigo caminando y es la primera vez que hago este camino. La primera vez que el sol me ensarta con millones de micro-heridas en la piel. No. Soy especialmente sensible a las corrientes de agua subterráneas. Por eso me han elegido para ser el Zahorí del Campo Beneficiario Occidental. El CBO es la última esperanza para la gente como yo. ¿Cómo soy?: acabo de llegar y tengo la mente no-nublada pero sí ¿La mente? ¿Qué es? No te distraigas de las varillas. Clic-clac: ¡BOOOOOOOM!

No todo el mundo sobrevive a una mina anti-carros, Winston. Tienes mucha suerte. Soy Jonás S. y no, no me conoces. Que descanses, esto son 50 mg.

Órdenes son órdenes.

 

[Historia de W.C.] #5

ABRIENDO HACK DE HISTORIA VIEJA...

Espere, por favor...

La gran brecha entre Ciudad Occidente y Atolladero comenzó antes de la última guerra del hombre como se la conoció y todo se precipitó por varios factores, entre ellos, la plaga de tumores inteligentes que nunca tuvo un nombre; la OMS terminó por aceptar el plan de emergencia de las multinacionales farmacéuticas; la construcción de un gran muro de defensa de lo sano [como se le llamó] y la inclusión "preventiva" de la nano-atmósfera que repararía a nivel celular a todos los ciudadanos de Ciudad Occidente, mientras en lo que acabó por llamarse Atolladero ―el nombre lo acuñaron sus habitantes―, mujeres con clítoris hipertróficos como el de las hembras de las hienas o varones con el costillar convertido en instrumento de defensa en una suerte de púas óseas que sobresalían del torso o niños con la boca cerrada por una membrana que impedía cualquier acto oral como el llanto o la nutrición morían en las aceras por sobredosis de gasolina. Nadie, ni siquiera la OMS, se atrevió a llamarlos mutantes. Los tumores modificaban de manera, al parecer aleatoria, aún se busca la pauta, la función de tejidos y órganos confiriendo aptitudes nuevas y magníficas unas veces o la muerte inevitable e inmediata otras. La población mundial mermó en un setenta por ciento. La OMS cedió poder a las farmacéuticas que se enriquecieron vendiendo "seguros de salud" [un pasaje para ciudad occidente] a los más pudientes que aún no estuvieran enfermos. Después vino la cesión de poder de los estados. Al final de todo, al comienzo de nuestra era, las farmacéuticas obtuvieron más poder que los EEUU antes de su caída en el año **dato dañado**. El poderoso imperio WASP terminó ardiendo en llamas tras la revolución de los incapacitados, durante esa época la plaga de tumores inteligentes estaba en su apogeo ***datos dañados*** HACK DE HISTORIA VIEJA, VOL. DATO OCULTO

¿Enviar a la lista de destinatarios? Y/N?

Y

*****DATOS DAÑADOS*****BLACK-out? DATOS EN RIESGO


[Historia de Winston] #4

Frente al Tren de Emergencia [Inc.] le hacen firmar todos los permisos digitales que autoriza a la empresa Tren de Emergencia [Inc.] a utilizar cada uno de los sistemas que transporta como organismo con el nombre de Winston Churchill para tanto el abastecimiento de energía del propio transporte como para estudios diversos.

¿Estudios diversos? [se interroga W.C.]. Y firma y se deja poner los biopuertos con unas tenazas perforadoras de hace quince años. Eran rojas, ahora están sucias. Parecen machas de grasa. Los operarios buscan el punto exacto, desvisten lo necesario a Winston. Tres en el brazo, uno en el dorso de la mano izquierda y le sacan la chaqueta, Winston suda, ha sido una mañana extraña. Tres perforaciones más en la espalda, los dedos del operario le palpan y W.C. siente la presión de una nueva instalación.

¡Pssssh!, el sonido sordo embutiéndose en la carne de Doble uve.

Según se informó esa mañana: tomó un zumo insípido, ni siquiera se duchó. La preparación de los pasajeros se hacía por sistemas, capacidad orgánica, masa y otros... la info iba siendo asequible según se firmaban las conformidades necesarias.

Esa mañana estuvo demasiado tiempo firmando conformidades:

Y/N?

Y

INCLUYENDO PERFIL EN EL PASAJE.

Y/N?

Y

Y/N?

Y

Una conformidad tras otra en lenguaje de programación reducido a nivel 4: afirmativo, afirmativo, afirmativo. Sólo un clap: afirmativo. Dadas todas las conformidades se conformó a que el desayuno de esa mañana no fuera insípido. Clap en la pulsera verde, y todo es calma. Todo va bien... Firmas. Le llevó más tiempo del que tenía para ducharse.

Y el proceso se repitió con cada documento frente al tren que lo llevaría a las granjas de trabajo manual y obtención de recursos.

Todo está especificado en alguna parte, se dice. Un operario lo acompaña hasta la puerta, Winston se mece un instante al cruzar la puerta y se encamina a la cápsula que le indican. Hay un operario que le perforará con agujas para que el trance sea lo más inmediato posible. Le ayudan a desvestirse y Winston se introduce en la cápsula de transporte llena de líquido de suspensión para el viaje. Era espeso, cree recordar, y estaba flotando en gris curativo cuando escucha a uno de los operarios: ¡A obtención de recursos, visto! Y se oyen varios ¡claps! Las pulseras es lo último que le retiran. Sin nano-atmósfera eran un suicidio orgánico. Entreabre los párpados y ve las siluetas grises de árboles negros que eran tragados por una oscuridad aun más ciega; los emborrona y se los traga, los distorsiona y los hace desaparecer como los trabajadores no cualificados con los manteles. Como ese truco que consiste en retirar la tela de la mesa dejando todas botellas y todos los platos y cubiertos en su sitio y en pie. Alrededor, todo el mundo está conectado y trabajando en los estudios. Las siluetas grises junto a la ventana se extienden por una loma de fractales orgánicos. El cableado que pende entre ellos desprende destellos azules y marrones eléctricos.

Winston cierra los ojos y se pone a trabajar.

En la mañana de trabajo que antecedió a la partida en el tren y de la que aún no hemos dicho nada Winston Churchill que se recordaba como Doble uve y se veía como W.C. comienza a tener a los tres segmentos de jornada necesidad de un clap de la pulsera número uno y tal vez de la tres para la espalda. No se los da, así que el sudor hace su aparición y W.C. teclea que teclea comienza a saborear un metal licuado parecido a la sangre, su saliva se espesa y las manos y la rodillas le tiemblan y Doble uve teclea con postura impasible pero comienza a cometer fallos y tiene que reescribir la mayoría de los códigos. El teclado del centro de trabajo era una máquina resplandeciente: blanca y curvilínea. Algo oblonga. Diminuta y atrayente. Los fluorescentes se reflectaban desde los paneles del cubil de conglomerado sin chapa. La atmósfera estaba sobre cargada para que la necesidad de contemplar algo hermoso por contraste fuese premiada químicamente por los nano ejecutores; eso se lo dijo Jonás en una de sus conversaciones. Sin los claps la trampa resultaba burda pero efectiva. Winston no vio más que una implementación de los tiempos de foco de atención en el trabajo. Pero nada más. Aunque vio como los escritores de código se sentían a disgusto con sus cafés en la cafetería. El sitio tenían cristaleras ahumadas enormes y sucias, el mobiliario era escaso e incómodo: taburetes que cojeaban y una mesa estrecha que surgía de la pared y a una altura extraña para la mayoría. Y las lamparas que arrojan su luz naranja-tristeza, lámparas de depresión en naranja de bajo consumo, un naranja tibio casi muerto.

Recordó también la resina en los árboles. Cuando era un niño le gustaba embadurnarse los dedos con la sangre pegajosa de los árboles.

Cuando era niño las cosas no eran viejas y turbias como ahora sino que todo brillaba como brilla ahora su terminal resplandeciente y blanco. Como brillaba todo cuando era pequeño y corría bajo la cúpula itinerante ¡podía respirar! y ahora el aire le es pesado, se convierte en un sobre esfuerzo de concentración; en una obligación a la que atender entre línea y línea de código.

El terminal ya no le parece encantador, le parece estúpido y le agrede. Entonces llega el picor. Un picor que le recorre la espalda y las axilas y el costado [que le comienza a doler con cada exhalación]. Piensa en los bichitos, los nano ejecutores entrando en su cuerpo con instrucciones de darle duro en la cabeza hasta que admita teclear horas hacinado en un local mal ventilado con cincuenta hombres más. Era verdad lo que le contó aquella anciana sobre la falta de aire. El terminal tiene un diodo que se ilumina en rojo con cada pulsación incorrecta de Winston Churchill. Doble Uve siente una arcada y: ROJO, ROJO, ROJO, ROJO, ROJO...

ACCEDIENDO A RECICLAJE PROFESIONAL.

USUARIO: winston churchill. MOTIVO: MÁS DE 35 ERRORES POR MINUTO.

Winston, mientras todos los hombres del vagón están conectados y trabajando en los estudios [tipean código]. W.C. saca la cabeza y mira alrededor, entonces se sumerge en el líquido y se queda suspendido en lo gris y curativo, acunado por un medio amablemente espeso.

La comodidad es una manta caliente de la que te arrancan sin avisar. Y se vuelve incómoda, y el frío que se derrama por la piel. Los pies arrugados sobre el suelo del vagón del Tren de Emergencia [Inc.] y resbalando. Se despertó helado. Le echaron una manta por encima y le limpiaron la cara. La espalda le dolía, una punción cruzada. Alguna herida producida durante la retirada de los cables de la mercancía del tren. Así los trataron. A los hombres nublados. Tenían las caras torcidas y exhaustas. La mayoría no recordaba quién era.

Winston no se recuerda, camina en fila llevado por los operarios del Tren de Emergencia [Inc.] cruzando una valla metálica y encaminándose hacia un edificio de ladrillo. Pero aunque Winston no se recuerde cuando pasan al interior del edificio y allí, en medio de una enorme galería los operarios los sitúan frente a unas celdas que se abren, hacen que entren y lo hacen con aguijones eléctricos en los costados. Ya no los tratan como a mercancía, ahora son ganado. Winston será de los que lo recuerden todo, pero ahora se enfrenta a un medio sin nano atmósfera de ningún tipo, tan sólo oxígeno, carbono y algún que otro gas. Doble uve pensándose un soldado capturado por una facción enemiga, se piensa como una mini serie que veía por intranet. Un serial de aventuras y fugas en la que los prisioneros no se veían afectados con el frío que él tenía. Las manos nunca les temblaban no tenían esa oquedad en el estómago ni las piernas se tensaban y se clavaban en el sitio de miedo. Nah, y se arrulló como pudo en la manta, ese no era yo. ¿Quién soy y qué hago aquí? es la siguiente incógnita que acude a una cabeza que comienza a doler. Despertar es duro. Despertar en prisión, tan sólo extraño y ajeno. Doble uve es una pelota de carne torpe sin las pulseras y la nano atmósfera. Es blando y fláccido en cada movimiento. Se sienta, torpe y asustadizo, sobre el jergón que hay en una tabla a media altura en la pared. Mira el par de cubos y la abertura junto a la mesa. Bajo ésta hay un taburete. Lo mira todo y es consciente de que no iba a ir a ninguna parte en mucho tiempo. Pero aún no sabe quién es. Sólo un preso. Como el resto de hombres y mujeres del tren. Se oye un lamento largo y hueco. El dolor, en la galería de sueño y recuperación de los campos de trabajo, padece una minusvalía junto con la memoria de los presos.

La cárcel se rige por una norma muy sencilla damas y caballeros: se acabaron las decisiones por su parte. Nosotros decidiremos por ustedes cuando dormir, cuando comer, cuando cagar, asearse o despertarse. ¿¡Está claro!? Malditas ovejas, se acabó el ocio cognitivo y se acabó la nano-ventaja orgánica. Sé que lo sienten, sé que sienten su carencia absoluta. Desamparo celular del que duele, ¿verdad Dollys?

Final de Winston Churchill, W.C. o Doble uve.


 

[Historia de W.C.] #3

Doble uve sale a la calle peatonal a las 9:00 h y se encamina al metro. Ya no le molesta el murmullo sincronizado de peatones y vehículos de guardias blindados, la adecuación de cada uno de sus pasos al resto de peatones. Ya no le molesta porque está recibiendo una descarga eléctrica en lugar del picor del fieltro irritando la piel a través del sudor... pequeños filamentos de tejido sintético que se meten en cada poro de la zona circundada y se clavan produciendo sudor y reacciones químicas y eléctricas; una descarga de incomodidad. Y acierta de casualidad a encaminarse a la boca de metro que le corresponde. La número 9. Camina con normalidad mientras suda algo más de lo permitido para un nivel cuatro. Doble uve, el hombre sin identidad, resuelve el camino con una pequeña tos que tenía ensayada desde hacía años y que pretende ser los suficientemente creíble como para que nadie le señale o para que ningún blindado le dispare por... ¿sedición?, se dice, Doble uve, el hombre sin redaños... y baja por la boca del metro apoyando la palma contra la pared derecha y dejando un impúdico reguero de sudor conforme baja; cada escalón como una pesada caída de material negro contra una muela mecánica, cada impacto con una reacción eléctrica en los tobillos y en las plantas de los pies de Doble uve. Los ojos como huevos, la cara más gris y más helada de toda Ciudad Occidente se tambalea sobre un cuerpo débil al borde del desfallecimiento. Un cuerpo que se encorva y retrocede medio millar de años evolutivos... la respiración claustrofóbica encerrada en unos pulmones de metal oxidado; el metro de Ciudad Occidente. Y aunque nadie dice nada, todos esperan a que le arresten o le disparen; y que lo hagan pronto. En el andén las cabezas se giran y los labios se fruncen agrios. Pero consigue entrar en su vagón, el número 4. Así de fácil, las puertas se abren y Doble uve, W.C., pasa dentro sin más.

Los fluorescentes ralentizan los movimientos de todos los ciudadanos activados del vagón 4. Los apellidos más comunes en Ciudad Occidente comenzaban por A o por B. Del Abbey al Buzz había trabajadores de diferente nivel que ocupaban los tres primeros vagones del metro hacia las oficinas de empleo activo. Las pantallas proyectan su luz anaranjada de bajo consumo y con anuncios de intranet que ya no llaman la atención de Doble uve, mareado se deja caer sobre una barra de sostén de cintura y se abraza con miedo a su cartera. El resto mira los anuncios, esa es la clave, piensa, la llave, el código que da entrada a su asco apelotonado, ahora, en el fondo del estómago. El tren cruza veloz dos estaciones: parada-descomprensión-comprensión, hermética-inercia.

Las luces entristecen a Doble uve que mira alrededor sin saber que todas las nucas están pendientes de él. Tristeza en la nucas... hay pena en cada pliegue de piel, se esconde bajo sí misma, piensa, pero se sabe que sigue ahí.

"La abuela, como la llama el resto, duerme al pequeño Winston con un cuento. Mi gente del exterior quedamos dentro de Ciudad Occidente como mano de obra para la instalación de la cúpula completa alrededor del muro que también construimos, le dice. Se ha utilizado todo el fungible que quedaba en el planeta para preservar la ciudad [un cuento para niños], del enorme vertedero que es el resto. Atolladero es de donde venimos y adonde iremos cuando la obra se finalice, lo sabemos. Lo arrulla en las mantas, y una mano suave le aparta el pelo de la cara. La anciana, ahora, susurra en la memoria de Winston: aunque los hombres occidentales creen que su ciudad se puede cruzar en línea recta, la gente de Atolladero, construimos su ciudad para que esto fuera imposible. Hicimos galerías de más y las conectamos entre ellas de forma aleatoria. Los esclavos construimos una ratonera para las mentes de los ciudadanos, sabemos, que nuestra estancia es temporal y que nos acabarán expulsando más allá del muro que construyó mi gente. Así que dejamos de seguir los planos al dedillo para dejaros un poco de confusión aquí dentro. Aunque sólo la perciban los que la cruzan de uno al otro extremo... las galerías no están bien oxigenadas... el aire es cada vez más espeso, ya lo verás, hijo, ji, ji, ji... Y el pequeño Winston se duerme. A la mañana siguiente un coche de blindados llega con su madre dentro y se lo llevan de allí, no hay disparos, no ve a la anciana... nadie sale a despedirse con el ajetreo de los blindados identificando a los trabajadores no cualificados".

«¡Qué ha sido eso!», murmura tan bajito que ni siquiera separa los labios.

Iba a ser un día de trabajo especialmente duro. Sin activaciones. Sin hipnosis. Sin posibilidad alguna de que finalice con éxito. Tristes... se piensa Doble uve. Ahora supura denso desde sus axilas y se recoge los brazos y toma postura de ciudadano activado y clava los ojos como huevos [ahora quebrados] en la pantalla anaranjada del vagón 4. Desde Cabin a Cuztom.

Todos reciben con interés la info detallada del día a día. La info detallada sobre cómo funciona el sistema de ocio cognitivo: las pulseras, la productividad y W.C. contiene un bostezo, y se le humedecen los ojos; el lacrimal de Winston despierta de la somnolencia sacando el óxido que flota en la nano-atmósfera. Las cabezas asienten... las alas de los sombreros suben y bajan en cada inflexión del texto emitido en luz naranja depresivo. Naranja apagado, urgente, naranja mátame de la manera más horrible que puedas, naranja dame comida, naranja tenue como órganos sexuales cercenados de raíz... naranja una muerte lenta. Naranja que no es naranja, piensa W.C.; es una orden directa.

Otra estación: indisciplina-frente-a la inercia-mátame, piensa.

La mano de Doble uve ya está toqueteando la pulsera de nivel cuatro, dame paz, dame ocio cognitivo, dame una excusa y me arrojaré a las vías en la próxima estación. Todas las nucas parpadean extrañadas por el extraño que finge ser uno de ellos, uno más de los ocupantes del vagón 4. Desde los Cabin a los Cuztom. Todos respiran la nano-atmósfera. Nadie tose. Clap, clap, clap, se escucha desde el ciudadano de traje gris, enfrente de otro ciudadano de traje gris. Nadie lleva pantalones negros; no es ilegal aunque sí irregular. Sólo un clap, se dice Doble uve. Y cuando está decidido: descompresión-alivio-llegada y huida.

Sin un sólo clap.

Winston huye a través de las puertas de la luz naranja depresión: la info de intranet siempre son las mismas líneas informativas sobre los mismos temas, al menos en el vagón 4. Mátame, piensa Doble uve: ahora llega lo peor.

Dame un clap.


***

 

[Historia de W.C.] #2

INICIO DE SESIÓN EN MODO PRIVADO:

NIVEL COGNITIVO: CUATRO

INICIANDO...

Jonás said: Ciudad Occidente sobrevive gracias a la colaboración de todos sus activos. Todos. Ya sé que lo sabe, Sr. Churchill... Ésa es la mejor parte de todo esto. Sí, me estoy haciendo de rogar...

Atienda.

La respuesta principal se encuentra en su muñeca. Sí. Las pulseras cognitivas no le hacen ningún bien, Sr Churchill. Le aturden casi todo el día y le dan lo que requiere [lo que requiere el Sistema, Winston, no usted] al final del día.

Pero la respuesta primera está en que la cúpula ya no es itinerante. La creación de una atmósfera delimitada durante las 24 horas en toda la ciudad, trajo consigo la posibilidad de incluir una cantidad considerable de nano-Lectores Stephenson bajo su absoluto control. Sí, el modelo espía definitivo de tamaño microscópico... Son respirables por el organismo humano y compatibles con él. La nano-vigilancia es absoluta... Usted no es más que un humano; no lo olvide.

FIN DEL MENSAJE INTRANET, SR. CHURCHILL. NO OLVIDE MANTENER SEGURA SU RED PRIVADA.

LA CIUDAD NO SE HACE RESPONSABLE DE LA INFORMACIÓN CONTENIDA EN LOS DISCOS DE ALMACÉN PERSONALES. LA CIUDAD ES BENIFICIARIA DEL PRINCIPIO DE IRRESPONSABILIDAD DE USUARIO. NO OLVIDE LIMPIAR SU BANDEJA DE MENSAJES.

¿DESEA AHORA COMPRAR UN PASAJE PARA EL TREN DE EMERGENCIA INC.?

Y/N

PULSE LA TECLA CORRESPONDIENTE EN SU QWERTY DE NAVEGACIÓN

Detectando modelo consola de navegación:

Detectado... Punk-o-rama [O.00] FIN DE LA SESIÓN DEL USUARIO

Comprar, comprar, comprar. Comprar era lo mejor de ser activado.

Lo peor eran los horarios inhumanos, la jornada intensiva de primer año: desde las 6:00 horas hasta las 18:00 horas, entre tiempo prestado y tiempo meritorio. El yogur sin sabor, el traje gris y la piel porosa y granulenta bajo los fluorescentes de bajo consumo, el calor de las calderas durante el falso invierno, el traje gris y el sombrero de fieltro picajoso... Y tener que estar en tensión desde que salía de la puerta de su casa, hasta que llegaba a su trabajo.

Respirar era duro en todas partes. Nadie sabía muy bien por qué, pero todos los niveles cognitivos UNO tenían una teoría al respecto.

Todos.

Pero lo que más tensaba al Sr. Churchill era tener que caminar siempre por el lado derecho de la acera, mantener la distancia con el ciudadano de delante y el de detrás, respetar los pasos de peatones con exactitud milimétrica y no pensar en nada que no fuera el trabajo, trabajo, trabajo... para comprar, comprar, comprar. Comprar ocio cognitivo.

ANUNCIO INFORMATIVO EN INTRANET PÚBLICA...


...INICIANDO:

LAS PULSERAS COGNITIVAS SON DISPOSITIVOS ADHERENTES QUE LE AYUDAN A AYUDARNOS A TODOS. SIENTA EL BRIO DEL OCCIDENTAL_PATROL niv. 1. AGUANTE LAS LARGAS JORNADAS DE PRIMER AÑO GRACIAS A SU EFECTO ESTIMULANTE Y OPTIMIZADOR DEL ENFOQUE LABORAL. CASI INDISPENSABLE PARA FACILITAR EL ASCENSO AL NIVEL DOS.

Su adhesión no garantiza al ciudadano el ascenso al nivel dos. El ciudadano debe esforzarse para alcanzar sus propias metas. DESDE Ciudad Occidente TAN SÓLO QUEREMOS AYUDARLE A QUE CONSIGA SUS PROPIAS METAS.

FIN DEL ANUNCIO. GRACIAS POR SU ATENCIÓN VOLUNTARIA. SU VOLUNTAD ES EL RECURSO MÁS PRECIADO DE CIUDAD OCCIDENTE. GRACIAS POR SU ESFUERZO, CIUDADANO. FIN DEL ANEXO PUBLICITARIO.

INICIO DE SESIÓN EN MODO PRIVADO:

NIVEL COGNITIVO: CUATRO

INICIANDO...

Jonás said: Lo peor de esas pulseras no son su precio. Sino que reactivan ciertas cualidades. Cómo decirlo, Winston... ciertas cualidades químicas humanas que desgraciadamente han sido capadas por el Sistema. Recuerde que usted lo respira, Winston, al Sistema..., lo tiene incluido en su organismo. Recuerde las extrañas dificultades respiratorias, recuerde qué es ser un humano...

Winston se deja caer sobre el respaldo de su silla de habitáculo y la madera cruje. La pantalla de su terminal [cedido por OCC.net], sigue parpadeando a 12.7 segmentos. Las tipos blancas sobre fondo negro, sin interfaz gráfico alguno, salpican el habitáculo de Winston. Mientras la duda aparece, pulsa [memoria gestual inducida] la cuarta pulsera de ocio cognitivo, en verde pastel, y el calor lo inunda como aquella tarde que corrió hasta más allá de los límites de Ciudad Occidente... Humano, se piensa a sí mismo Winston, un niño sudando bajo el sol, perdido, abrazado por la gente que salió al encuentro del pequeño y que le leyeron libros blandos sobre las trampas de la vieja ciencia.

Somnolencia. Es hora de dormir. Pero Winston quiere saber. Eso y no otra cosa lo hará ser engullido, lo... ¡La pantalla!, se dice.

Jonás said: No, Winston. Eso fue cuando usted era un ser humano, no una célula del macro-organismo... un sub-individuo. Un esclavo que firma para serlo, Winston. Eso es usted. La parte de un todo que lo contiene y que no puede ver. Porque eso es todo lo que usted sabe que es...

Winston_Churchill said: ¡¿Y qué coño hacemos hablando por este canal?!

Jonás said: Ha pulsado su pulsera de nivel cognitivo uno, ¿no es cierto? Es la adrenalina, por eso está enfadado y se siente inseguro. A usted nada de esto le preocupa. Está a punto de pagar un pasaje en el Tren de Emergencia [Inc.], ¿no es cierto? La única forma de salir de Ciudad Occidente, ¿verdad? A usted ya no le importa una Ciudad que no le llena de aire los pulmones... Pero debe saber que el Tren de Emergencia es una trampa.

Winston_Churchill said: No, no... Ese tren es la única forma de salir para los descontentos... para la gente como yo... Es, es lo único que pude encontrar en TODA la red.

Jonás said: En su red, dirá. Sus canales de información. Lo que ellos emiten y que usted recibe. Como las hormonas que estimulan las pulseras de ocio cognitivo. Esas pulseras son la única manera de sentir cosas, ¿verdad? Por eso trabajó tanto, por el ocio cognitivo, ¿no? Comprar, comprar, comprar... ¿cierto? Hay más canales de información, más soportes, ¿no sabe de lo que le hablo? Se encontró con ellos de niño y ellos le leyeron sus libros pre-datables de vieja ciencia. Aquella pieza arqueológica era lo único que tenían.

Winston_Churchill said: ¿Arqueo... qué?

Jonás said: Oh, olvidaba sus problemas. El libro enterrado y blando que le leyeron..., ¿mejor?... para que dejara de llorar porque estaba fuera de los límites, perdido, bajo el sol cancerígeno de Atolladero... Describía un mundo absurdo, casi como el de ahora, y gente que intentaba huir de él y que fracasaba con estrépito.

Winston_Churchill said: Sí, así fue. Me contaron la historia de la habitación 101... Pero eso son supersticiones de salvajes, vieja ciencia... Como... ¿cómo era aquello?..., como una religión, como eso de la religión.

Jonás said: ¿Usted cree? Porque yo me sé otra... Sé qué hay al otro lado de la línea de tren que piensa coger y sé que no es una extensión de tierra cultivable. ¿Sabe qué es un cultivo hidropónico? No, ¿verdad? Pues así se produce el alimento para Ciudad Occidente. No hay granjas ni nada que se le parezca, no hay un paraíso rural para inadaptados, no hay un trabajo duro bajo el sol; ni plantas ni tierra fresca. Tiene que saber lo que es, cómo se siente y cómo le han dicho que tiene que sentirse... ¿Me explico?. Si quiere seguir hablando, debe sacarse TODAS las pulseras de ocio cognitivo. Si no lo hace antes de coger el tren la sal podría cegarlo señor Churchill.

Winston_Churchill said: Claro, tampoco pasa nada por quitárselas.

O puede que sí. Winston se retira una a una las pulseras de silicona; una leve presión sobre el «clap» de abertura y ¡clap! se descuelgan y pierden su color. Una a una. Entonces las deja sobre el escritorio junto al terminal y no ocurre nada.

Nada, salvo que todo en su interior se remueve de maneras irreverentes con la costumbre de no sentir y lo siente todo, todo lo contenido y toda la experiencia humana bloqueada, todas las frustraciones reconducidas, toda la rabia contenida y todo el dolor y el miedo y la risa y eso; eso que la antigua ciencia llamaba «amor». Todo se revuelve y le mastica el estómago, el hígado y alguna que otra víscera de la que Winston ni siquiera tenía noticia; y todas están en su cerebro.

Ah-ah-ah —no lo grita, lo tartamudea— qué es esto...

Y llora como cuando era niño y esos resortes aún no se reconducían. Llora y aprieta las mandíbulas; se tensan hasta que un ácido comienza a deshacer los tendones... «¿Qué pasa?», se dice. «¿Por... qué me duele tanto? ¿Por qué me da igual? ¡¿Cómo se llama esto?!»

El movimiento de las piernas de Winston, que van hacia delante y hacia atrás, más a la izquierda, o se tensan o quedan flácidas o se rompen en un dolor intenso, no ayuda al cerebro recién despierto del joven W.C. que llora sobre el terminal. Las lágrimas quedan extrañadas y solitarias sobre el teclado blanco de polímeros de última remesa reciclada. Marca Punk-o-rama [O.00]... cristalinas pero abandonadas; el joven W.C. alcanza a teclear.

Winston_Churchill said: Por!?

Solloza con la cabeza descolgada, llora y ríe en el mismo instante que se siente ¿ridículo?. Siente que se comporta como un niño pequeño, de preescolar, como un sádico animal a punto de morder... el terminal no sale volando por la ventana porque todo es sustituido por miedo; un miedo atroz a ser descubierto por los blindados que lo descuartizarían con sus armas de munición ultra rápida; los mismos que estaban reventando las puertas de su departamento y disparando ya. ¿Ya? y W.C. llora y se ríe al mismo tiempo que sabe, en un momento preclaro, que sería lo mejor que le podría pasar [no es sólo el dolor; es mucho peor]: es todo. Son todas las sensaciones a la vez y ninguna llega a ser creíble, le empujan al llanto carcajeado. Bajan por su garganta y las suda entre los dientes apretados, a través de poros obstruidos por amor, rabia, dolor, odio y vergüenza... TODO.

Jonas said: Vuelva a colocarlas en su muñeca pero no presione un clap completo. Deje de usarlas y coja ese tren... hasta entonces... era necesario W.C., lo siento. A mí también me dolió, obvio.

Esa noche W.C. no duerme. Se balancea y se acuna en posición fetal. Se saca punta al cabello de retorcerlo con los dedos; usa el índice para hacer girar el mechón alrededor de sí mismo y usando la yema del pulgar como modelador auxiliar. Cuando amanece parece una rata de vertedero. Un erizo del Bajo Atolladero, Cuadrante Sur.

La ducha no se lleva nada por el desagüe; lo deja con más sed. El zumo le hace sentir seco. La comida le da sueño y el café del desayuno le hiela la piel.

Es raro; lo sabe y se siente extraño dentro de tanta piel.

Y debe ir a trabajar un día más. Un día más antes de coger el tren hacia los campos. Elige la chaqueta gris, sobre la camisa del mismo color y unos pantalones negros; se calza los zapatos de oficina y se pone sombrero de fieltro: gris con una franja marrón. Coge la cartera y sale hipnotizado por su nombre: «Doble uve», murmura, y cierra la puerta con la llave. Apenas sí es capaz de recordar con claridad que su nombre de ciudadano activado es: Winston Churchill y que su nombre de futuro deportado es W.C.


[Historia de W.C.]

ZERO: ellos quieren alejarse

Los ciudadanos activos de Ciudad Occidente que llegan a atravesar Atolladero, lo hacen llenos de hastío y para engrosar la mano de obra en Los Campos de Cultivo; para ello suben al Tren de Emergencias[Inc]. Pero ésa no es nuestra historia. Nuestra historia comienza con Winston Churchill...

Nah, demasiado pronto para seguir la infancia del pequeño Winston, para que volemos por encima de él mientras corretea por las calles exteriores del centro comercial de Ciudad Occidente. El pavimento deja de ser inmune a los yerbajos porque se está adentrando en las zonas De Medianías, dónde los obreros [activos, sí, pero sin cualificación meritoria] descansan las piernas al sol filtrado por la cúpula itinerante de Ray Ban & BAYER, sentados en butacas compradas en CARITATIVOS S.A. [Los almacenes para ti, los almacenes para cualificados De Medianía] mientras charlan de sus cosas, juegan con naipes viejos o saborean una cerveza MortaldeNestlé S.A.

Son para los pobres, sobre los que su madre le habló a Winston una tarde que pasearon bajo la cúpula itinerante —fueron desde el este y un rato hacia el oeste—. Luego volvieron en el tren subterráneo, aprovecharon una pausa de la lente filtradora en forma de fracción de cúpula, donde los paneles se iban insertando con el avance de las obras; dentaban ya un extremo y alargaban en rectangular desproporción el otro... y buscaron una boca de metro. Había una en cada cuadrícula de Ciudad Occidente que los medianías seguían construyendo para llegar a una cúpula estática y que protegiera a toda la ciudad, sólo se construía de noche obviamente. Los medianías eran de piel tostada y eran como gatos: se pasaban el día descansando en tumbonas, las protegían con láminas de la construcción. A Winston le explicaron en el colegio que la megalópolis estaba formada por un millón de cuadrículas, todas ellas dispuestas en un perfecto damero que daban cobijo a 46 millones de ciudadanos Occidentales, activos o en proceso de activación. Se desconocían los datos precisos; además, no son relevantes para nuestra historia.

Lo que sí es relevante es que el pequeño Winston aún está disfrutando de las carreras bajo la luz buena de la cúpula Ray Ban & BAYER. El pecho le sube y le baja mientras sus pies impactan contra el asfalto que comienza a ser grumoso y resbaladizo. "¡Una trampa!", piensa, y se detiene en seco cuando los ve. Ése, ese dato sí es relevante y no otro. El niño los ha visto. Retengan el dato en modo consciente mientras comienza nuestra historia...

Cuando el Sr. Churchill fue activado, la cúpula de Ray Ban & Bayer ya no era itinerante. El Sistema seguía perfeccionándose gracias a la colaboración de todos los ciudadanos activos; como el Sr Churchill —que como ya no es un crío, no disfruta de las carreras bajo la cúpula—. Ningún niño lo hace apenas. Las obras finalizaron y la cúpula ya no es itinerante; recuerden que el Sistema tiende a la Perfección y no al contrario. Recuerden este dato también.


***



septiembre 15, 2025

LECTURA MÁGICO-PARANOIDE EN LA CULTURA POP

                                                                

Traza mapas de loco de meme con hilos de lana roja que van de una foto de la letra de una canción a la transcripción de un diálogo de una película de los años setenta escrita por un iluminado; tira siete líneas más de lana roja, aunque algunas acaben en el vacío. Crea un mapa con todas esas respuestas ya que surgen de un anhelo que te pertenece de forma íntima, es aquí, en medio de un cut-up colectivo, dónde se acurruca la verdad, las respuestas, el futuro en el pasado y toda visión del presente. Aquí son accesibles. 

 

                                                                  II 

Un ábaco de matemáticas mágicas. Un lenguaje recién inventado que muere según se reducen las fiebres. Tienes el derecho de rellenar el vacío de la herida con sus consecuencias; RESPIRA. El tiempo no existe en esta esfera, la ira es el verdadero lenguaje del universo. Cuida tus palabras para que no sean expuestas en el tablón de corcho de un paranoico. No reces, redacta hechizos en un código poco conocido y súbelo a las redes, ofrece su descarga, envíalo a concursos literarios y mándalos como cartas de protesta a una jam de programación en SQL, erige altares digitales en forma de blog con una única entrada que promete palabras a borbotones, intoxica la cultura pop con tu basurero de internet, olvida poemas afortunados en los bolsillos de tu cantante predilecto, crea un alter-ego consciente de sí mismo, y dale tus mejores frases y tus horas de sueño. 

julio 30, 2025

SIN BRÚJULA NI MAPA

No os alejéis, Omelas es el sitio y tenemos que rescatarlo. No os vayáis aún, cede el espacio este ADVERSARIO porque se ha confiado; moscas en la cara mientras tipeo, saboreo, mientras respiramos el aire de lo inevitable. Me gusta el zumo natural y los ojos de esa pelirroja desde los que me veo sin ningún espanto. No es magia, no cómo crees que es porque nunca fue así. Mejorar el mundo por los que vienen... mientras te sabes muerto. 

D.D.D.

Don Barracuda puede ser cualquiera, es el señor nadie que se pasea por el jardín. Don Barracuda conoce sus nombres, está muerto, pero tiene una lista ejemplar de grano purulento de no moverse y donde se cría la Peste de la avaricia. Os va a matar ese mal olor. ¿No es muy loco tener un listado de cada grano en el silo? ¿No es acaso estúpido? 

D. Barracuda no quiere tanto. Quiere que lo salubre nos bañe. 

No es que los mutantes económicos sean más numerosos, e incluso suficientes, es que los mutantes económicos son todos los que importan. 

TODOS.

F for the Fakes.   

julio 07, 2025

UN VASO DE LIMONADA SIN AZÚCAR

Esta vez te lo voy a hacer suave, tanto que ni se pueda decir que ha sucedido.

Te hablo del asco profundo, el dolor de estómago y la magia. Tú sólo puedes remover más y más rápido tu café con leite. Muy en  el fondo de tus pupilas puedo intuir las explosiones de varios megatones. Estoy contento por el encuentro de tu intelecto incapaz de salir de "la caja" y mi esquizofrenia. Estoy contento por compartir cafés, tapas de tortilla, humos y gafas de sol. 

Dos cabezas, demasiadas pedradas. Dos cabezas y demasiadas pedradas. Demasiadas pedradas. Te dicen que seas empático; siempre que lo seas de niño o estés frente a una obra de ficción. El ejercicio de apestar voluntariamente. Me encierro a enumerar las heridas que nos dejaron aquellas tardes que compartimos sitio en cualquier terraza de cualquier cafetería. Hay árboles al este de nuestra mesa, esto va a doler, y apuro mi engrudo negro-euforia. Masa me decía que no se entendían la mayoría de mis mierdas, que parecían escritas desde mi ombligo, y sólo para mis pulmones. Yo le contestaba que me parecía bien [así me enseñó a afrontar las opiniones el abuelo]. 

¿Recuerdas cuando te llamaba CASA? Eres casa, te decía mientras lo hacíamos. No hay gran diferencia entre una casa y una cárcel, en serio, no la hay. Aquí dentro somos demasiadas formas de ver el asunto, demasiadas crisis proféticas y un ingreso por Urgencias Psiquiátricas de menos. Aquí dentro, cuando se abren las compuertas, no hay programa de predicción de mecánicas de fluidos que pueda prever por dónde coño irá el asunto. Sucede. Puede que sean los restos del naufragio en el que nos vimos envueltos en Madrid centro. Lo bueno de todo aquello es que me gané la gratitud de un indigente, le di un par de cigarrillos, me sonrió, llevaba los brazos descubiertos y empapados en gasolina. Eso era antes, ¿año 2008?, en aquellos días de escribir mientras una crisis me encerraba en mi habitación durante tres días completos, y terminaban con el paroxismo de un par de párrafos decentes frente a al ventana, el horror y la locura desaparecían después de consumir Zyprexa durante dos meses. 

Hay un vaso de limonada sin azúcar bajo la cama, bebo un poco cuando la echo en falta, me fuerzo a obedecer, a creer, a respirar, que el tabaco mata, pero lo hace tan jodidamente despacio que de ahí que sea un desperdicio de dinero. La verdadera putada es..., lo verdaderamente jodido... ES. Quiero decir que nos rodea, desde que el estado nos secuestra y lo llama ciudadanía. Desde que el resto es más subnormal que tú hasta las cejas de Risperidona. 

Imagino a Mark Fisher pensando: mira, que os follen. Y lo piensa justo antes de hacerlo. No sé, es como si la pedagogía te empujara al suicidio sí o sí. 

Organízate y lucha. Hay días en los que ni siquiera soy capaz de calzarme. Organízate. Deslízate. Piensa. Que no te cojan.

Levanto la vista y veo todas estas palabras. Ni putísima idea de qué ha pasado. ¿Acaso tú planeas tus fantasías antes de masturbarte? Yo tampoco. 

Una paja triste, de nada.      

marzo 28, 2025

Pato pisado y poni pisador

 El viejo Apuleyo, gran amigo, quiere organizar un ciclo sobre Shyamalan en el cineclub. Me ha invitado a participar, no sé en calidad de qué. Será para principios del año que viene, porque antes tiene programados Godard (sep), Jeunet (oct), Wilenski (nov) y el especial de Navidad sobre las bandas sonoras de Zimmer. En el cineclub hay film+charla cada jueves, normalmente cuatro metrajes que pueden ser cinco, según el mes. La concurrencia casi siempre es la misma, con ligeras variantes. Perrault y otros nueve o diez se van intercambiando. Nadie va a hacerse rico con la entrada. Además hay constantes problemas con madame d’Aulnoy, que suele armar bronca si aparece por la sala. Hace poco, cuando Cocteau, le montó un pollo a Walt Disney que lo dejó como la madre de Bambi. Apuleyo tuvo que dar por terminada la tertulia antes de hora. El núcleo duro del grupo cree que la mala baba que se gasta madame es porque sus éxitos en vida fueron irregulares y está muy resentida. De nuevo una conclusión patriarcal. Al hilo del suceso, sugerí que el resentimiento de la crítica hacia la obra puede ser una buena manera de enfocar el ciclo de Shyamalan, porque el tipo no merecía el trato que le dieron tras sus primeros triunfos. No hay que ser Menéndez Pidal para saber que a Apuleyo le fascinan los cuentos y que ha preparado una selección muy cuentista. Arrancará con The happening, me explica, el jardín de las hadas con extra de cabreo; después pretende proyectar The village, remedo de Caperucita y plato fuerte de la serie; también quería meter The visit en la tercera semana, que es Hänsel y Gretel, ahí no hay dudas; y cerraría con Old, una historia de encantamiento de nuevo cuño, pero atravesada de tropos feéricos. Estuvo barajando programar Knock at the cabin, desechada por evangelizante, o incluso colar Trap y estar a la última aunque no haya tenido tiempo aún de digerirla. Narrativamente Shyamalan cruza cientos de fronteras y eso le interesa más que las valoraciones posteriores. Nos interesa, de hecho. Tomábamos gintonics un viernes por la tarde en una terraza de Charlestone, del lado del Ashley, mientras charlábamos de literatura y cine. Yo me había declarado neutral años atrás en la guerra intestina entre los cuentos franceses y los cuentos germanos, si bien la estética del perdedor me obligaba a saltarme continuamente mi imparcialidad y tomar partido por el acervo débil. La cultura germana ha copado la tradición narrativa europea dejando a las fábulas gabachas en palpable desventaja. Otro gran trabajo de la crítica. Así que me pongo a la defensiva cuando Apuleyo, que me está beteando sobre la marcha una novela a priori afrancesada como esta, alega que mi texto se parece un poco a Los músicos de Bremen. Tenemos el asno de oro, las perras negras, el gato con botas y la lora Alejandra, pero el penúltimo señuelo musical no lo vimos venir. Nuestros oídos quieren atender a lo que cuentan los animales. A veces se trata de las alboradas de un gallo, un pato, un loro, pero también son galgos y podencos contándose sus gestas de caza, gatetes empingorotados recitando Virgilio y burros, mulas y palafrenes tratando de explicar la expansión acelerada del Universo primitivo a sus dueños y sus mozos de cuadra, y la reina de tal zoológico parlante podría haber sido María Antonieta, la mismísima Monica Vitti o la madre de Pulgarcito, pero acabaría siendo sin remedio Clotilde Barallobre de no ser porque el personaje ya estaba pillado, fíjense hasta donde llega la capacidad de análisis del gran Apuleyo. El inconsciente creativo, con música o sin música, se activa si los conejos se comen a los perros, actúa poniendo cascabeles a los camellos y jorobas a los gatos, funciona cuando una muchacha argentina despluma y decapita aves cantoras en alguna cocina clandestina entre Bremen y Ausburgo, aderezándolas con manteca y cosiéndolas con lino blanco. ¿Cuándo me ha supuesto un problema reciclar personajes ajenos? La música es el mapa, se dejó claro desde el principio, para avanzar a través de una historia de usurpación de la realidad, de incongruencias cuánticas, de ladrones, fantasmas y violencia, de lo que sea que esto vaya a morir, necesariamente de forma difusa y enigmática, entre volátiles ocurrencias dispuestas al montón, como si fuesen ideas asentadas en largos y sesudos párrafos, con la esperanza de que el lector encuentre por fin algo que no había leído antes. Justo a nuestro lado, en otra mesa de la terraza, me distrae una reunión de tardoadolescentes frikis. Conversan tan alto sobre Tolkien que me cuesta seguir el palique de mi amigo. Épica antigua, ironizo, no tanto por la edad, sino por la deformación católica, que en mi cabeza, sin embargo, se organiza de manera mucho menos solemne: en escena, Frodo Bolsón juguetea con el anillo y toma la decisión de tragárselo para mentir a todos y no tener que fundirlo en sus fuegos prístinos mientras Sam retiene a Gollum con un sermón emasculante sobre cuántos patos por hora hornean en cierta posada de Bree, cuánta manteca utilizan en el proceso y cuántos será capaz de comerse un hobbit estándar de una sentada. Et ustus fortiter. La entrada del ciclo vale seis euros, dice Apuleyo al tercer gintonic, estoy pensando subirla a seis cincuenta. Regreso de mi ensoñación. Barato, le aseguro, sigue siendo una ganga para lo mucho que se disfruta en este tipo de coloquios. El anciano recuerda que hace dos años, por ejemplo, montó uno muy sonado sobre la Revolución Francesa (se proyectaron obras de Delannoy, Jacquot, Coppola Jr., Ridley Scott) y fue espectacular el jugo que le sacaron los asistentes a tantos hombros reconciliados y tanta sangre. Sin embargo, cada jueves noche aparecía d’Aulnoy con una lista jacobina y sentenciaba a los presentes por cualquier motivo. Ya en esos días Apuleyo trató de razonar con ella, para que no espantara a la clientela, y ella le espetó ¿tenés algo que reprocharme?, y Apuleyo le insinuó que Laideronnette no es precisamente Elsa de Brabante, y ella se enfadó más todavía porque iba perdiendo todas las guerras. Desde la desembocadura del Ashley nos llega un olor intenso a podredumbre que se estrella contra la terraza con un ruido fofo. Un pie gigante se posa violentamente encima de la tarde cosida con hilo blanco. Tengo que ir un día a alguna sesión, antes de lo de Shyamalan, me refiero. Claro, vente el jueves que quieras, no te cobraré entrada. Los de la mesa de al lado siguen hablando ahora de los Nazgul, chiflados que antaño fueron hombres y hoy son música, melancólico alimento para los que vivimos de amor. A los nazgul nos gusta convertir asnos en ponis, perras en endecasílabos, gatos resbalando en tejados a dos aguas y lo que más rabia nos da, en general, es que las aves se coman nuestras migas de pan. Si por mí fuese, reflexiona Apuleyo, los únicos pájaros que deberían existir son los que están en escabeche. Música, animales y comida. Bien podría ser esta la conclusión si hubiese sido alguna vez el planteamiento. Te animas con Godard?, vamos a poner Pierrot le fou. Puede, pero me da miedo cruzarme otra vez con d’Aulnoy, en un capítulo le recriminé su tendencia al drama y se puso hecha una furia. Tranquilo, tengo portero nuevo, un tal Guillermo Carnero, que es una puta esfinge, la señora baronesa no entrará por esa puerta. Sonrío mirando al Ashley unos segundos. Pienso en la incoherencia del personaje, dulce Chloé raveliana y colérica madame cerval al mismo tiempo. Cuando se tope con Carnero, vive les barricades!, van a saltar chispas. Cavilo también sobre lo que me he desvivido estos dos años de escritura, sobre los proyectos que se desbaratan para que uno de ellos subsista y sobre la literatura como única ontología posible. No puedes entender a Shyamalan sin Lady in the water, aventuro, merece estar en el programa. Al oírme, los chicos de la mesa de al lado han guardado un silencio espantado, como si el heredero de Isildur hubiera cometido sacrilegio. La joven del agua?, balbucea incómodo Apuleyo. Sí, eso he dicho, también es un cuento, hasta la protagonista se llama Cuento. Y una mierda, me interrumpe enfadado, una mierda así de grande, ensanchando el espacio entre sus manos. Hasta los estetas más puros tienen prejuicios. El resentimiento hacia la obra siempre es algo que hacen los demás. Y pedimos de inmediato la cuenta, que se hace tarde. 

La cura narrativa

¿Cómo se consigue que te den el alta médica en un manicomio? La medicina farmacológica ha avanzado tanto que han creado una pastillita adec...