A veces hay fallos en la trama y te caes hacia dentro. A veces una historia pueden ser dos, tres, cuatro, los restos de un paraíso, una experiencia existencial, la preubicuidad orientalizante. Compartimentos plásticos. A veces la rueca es la manzana, el gato es la bruja, la Bella es Laideronnette. Todo depende de la dosis de metacrilato. Papá Perrault puso una vez cara de hermanos Grimm d’Aulnoy Villenueve Andersen Barajas Junior y el lecho de oro y plata en el que dormir un siglo fue, de repente, una urna de plexiglas custodiada por enanitos. Esas conexiones neuronales son impredecibles. Yo, Walter Elias Disney, buzo de lavabos. ¿Alguien sabe por qué elaborada perversidad el hada buena no sedó también a la reina y al rey, lo mismo que al resto, por cien años? Ya son ganas de dejar los cadáveres por ahí, en el gran salón, sobre sendos tronos, para que tu hija los encuentre mondos al volver del más allá. Mucamas sudorosas, damas de honor y compañía, gentilhombres peripuestos, militares condecorados, mayordomos culpables, cocineros vascos, guardias civiles y guardias suizos, pajes, pejes, pijos, pujos, pajas, sotas, sietes, valets, escuderos, gendarmes también peripuestos, perdices, mastines, faisanes, percherones, lavanderas, planchadoras, cerilleras, golondrinas, Pouffe, la pequeña Pouffe, la tristísima Pouffe, durmiendo la mona diez décadas como los demás siervos, sentenciados a muerte, qué largo fue el tiempo de los faraones, vasallos asesinados en sus puestos de trabajo. Todos murieron con la princesa, prevista resurrección masiva, eso sí, a medio/largo plazo. Pero no el rey ni la reina, no la reina ni el rey, que con la frente marchita y estoica velarán a su hija cuajados de lágrimas, vahídos e insomnios, hasta que la sed y el hambre se los lleve a las cocinas de cuando en cuando, y el deseo de luz solar puede que al jardín de zarzas crecientes, o a solazarse en el íntimo jacuzzi, ya sabéis, el sexo a los sesenta puede ser muy placentero, y un gimnasio completo adyacente, para tonificar, salón de té, pista de tenis, cama de tres por tres, cine en casa, sin que nadie les incordie, les perturbe o les tosa, por fin felizmente infelices en una vida high class, hasta que la artrosis o la demencia los agriete una tarde como mamparas de metacrilato, de esas que igual te encierran un fiambre blanquecino que te separan de tu compañero de oficina durante una pandemia. Aún quedaban setenta y tantos largos años para el milagrito zombie, amigo Disney, eso no tuviste los huevos de contarlo.
agosto 12, 2023
agosto 05, 2023
Percusión
La noche del 26 de octubre de 1721 hubo concierto. La Conserjería era el lugar más musical de París, más incluso que el teatro del Palais-Royale. Se oían rítmicas las humedades goteando por los sillares. Aullidos de presos sometidos al suplicio des brodequins. Crujidos de pulgares. Toda una Ionisation de Varèse oficiada ante el altar de la confesión, la reina de las pruebas. Papá Perrault llevaba muerto casi veinte años cuando Cartouche tenía apenas veintisiete. Se encontraba pocos días antes enderezando clavos en un burdel de La Courtille, una tarde extrañamente calurosa para lo avanzado que andaba el otoño, cuando fue apresado por los sabuesos del Duque de Orleans y conducido al Châtelet. Tras un fallido intento de fuga, el sujeto fue trasladado a la gran cárcel en la fecha indicada y condenado a morir en la rueda. A partir de ahí el concierto duró dos días. Con el habitual empeño de los jueces por explorar las capacidades percutivas de sus verdugos, le dieron el preceptivo tormento. Fue, sin duda, una brillante ejecución introductoria. Pero el verdadero recital de Cartouche iba a ser en la Grève a la mañana siguiente, un movimiento monumental a lo Bartók, aplicado sobre las teclas de sus huesos, un remedo del Gaspard de la Nuit, suplicio para cualquier ejecutante. Los apócrifos cuentan que en los tablones de la rueda montaron a otro reo, un solista voluntario ligerito de ropa, quizá devoto del bandolero, dispuesto a sustituirle en el aria de la agonía al son de los golpes de los sayones. Otros aseguran que el contrapunto del retentum libró a Cartouche del doloroso finale, cuya partitura contemplaba la amputación armónica de varios de los miembros antes aplastados. En las crónicas de La Regencia, Dumas describe con su habitual swing que en l’Hôtel-de-Ville, antes de palmar, delató a trescientos de sus secuaces, mínima sección para una orquesta que, en total, superaba los dos mil intérpretes. A Jean-Paul Belmondo tanta seriedad no le pareció en absoluto convincente.
julio 29, 2023
Precisamente en una telaraña
En su defensa diremos sin recato que papá Perrault fumaba más canutos milesios de la cuenta. No era el único que usaba psicotrópicos para sus fabulaciones. Aún recuerdo el glorioso cuadro snuff que se marcó Raúl Sánchez (tenéis que leer Sh00ter) sobre un farmacéutico que tenía secuestrada a una tipa, su mujer, decía, y la empujaba hasta el borde de la muerte con adolonta porque el muy cabrón lo que quería era follarse un cadáver. La vida son hilos y todos llevan de un autor declarado a otro autor silenciado, de un Goethe a un Novalis, un clamor obvio de hilos de seda de araña, piolines de araña madre que tiene muchísimo sueño en un rincón del taller de Louise Bourgeois, aún joven, esculpiendo carcajadas de espanto al cabo de diez minutos, con esa languidez propia de quien está a punto de extinguirse. Un hilo que sigue y no se extingue como, a su pesar, se extinguió la condesa Báthory, en sangrienta posesión, eso sí, de ese poder divino que es la dominación sexual, su futilidad babeliana, q. e. p. d. El hilo, finalmente, nos conduce hasta Sadie Plant y las cosas que lee en su despacho de Birmingham. Opicultora postmoderna, psiconauta cualificada, ciberfémina de éxito, en su currículo podemos encontrar los ovillos que nos faltan para terminar nuestras obras. Parece como si hubiéramos dormido cien años, mientras al otro lado del canal papá Perrault se ríe a lágrima viva en plena revisión de lo recién escrito. Teje su culpa precisamente en una telaraña cuya hebra cero nace de la frente de la Bella Durmiente, tensa, sin comba, hasta la lámpara del techo del salón del Marqués de Carabás, y luego otra del pulgar del pie izquierdo de Pulgarcito al pestillo de la puerta del baño donde Barba Azul suele aún masturbarse como un depredador al acecho, contemplando su macramé macabro, la laxitud pre-mortem, la maraña de hebras que parte del ombligo femenino. Cada uno de nosotros busca el beso de amor invertido que nos mantenga despiertos eternamente. Dicen las malas lenguas que el autor de Cenicienta se acostaba los martes con Petronio y los jueves con Apuleyo, puesto hasta la peluca de paté de oca y de cuentos de viejas. Pero ese capítulo, por pudor, ha sido eliminado de esta historia.
julio 22, 2023
Peter Pan
Las golondrinas son los espíritus de los niños muertos, niños muertos antes de que Peter Pan llegue a tiempo de salvarlos. Puisque la terre est ronde, mon amour t’en fais pas, mon amour t’en fais pas. La cerveza que bebe papá Perrault en la posada está tostada y luce espesa. Sobre la mesa, papeles grávidos dan buena cuenta de las gotas que rebosan los tragos del viejo. Un tintero portátil ha manchado ligeramente la madera, nada que no pueda perdonarse con unas monedas. Los siete niños duermen. A veces las gotas de cerveza o de tinta se confunden con manchas de sangre. Allí está Allison, esa copia de Lucía la Maga, gritando por las habitaciones, sacando de su viaje a Renton y los demás, a todos los yonkis del mundo, y el bebé, ya tirante, en su cuna. Allí está la infanta difunta, lenta, más que lenta, anteayer modelo de Velázquez y hoy golondrina al viento, fantasma de palacio, bailando por los salones de El Pardo, con Pulgarcito y con el gato, su depresiva pavana. Allí Walter Stephen Mattews y Phoebe Phelps bajo sus pequeñas lápidas, señalando linderos en Kensington Park. Cuánto trabajo, Peter, feliz sepulturero, de dos en dos, de siete en siete, Omayra, Aylan, María Goretti, Helena Blazusiakowna, momias 317a y 317b, los hijos de Goebbels, escolares en Soweto, hambrunas de Somalia, multitudes ingentes de niños perdidos para siempre y en el centro Chicho Ibáñez Serrador, el señor de las moscas, abroncándoles fuerte porque no se ríen lo suficiente en los primeros planos, mientras golpean como piñatas a los adultos de Almanzora.
julio 15, 2023
Palabrería
La jauría de las perras negras nos hostiga. En mails, en carteles publicitarios, en informes macroeconómicos de pega, en discursos de próceres variopintos y salvapatrias. A veces las perras, bla, bla, bla, son blancas, cariñosas y letales, te desmenuzan en leche caliente como una galleta tostarica y caes hecho una gacha contra la superficie líquida, salpicando. También pueden ser perras terribles, cantos de sirena y alas de arcángel. Basta con leer ciertos poemas de Guillermo Carnero. Otros canes verbales son blanditos, como tigres de felpa, perras tristes y gordas, pianos bajo la lluvia. A resguardo en una posada, Papá Perrault pergeñó su Marqués de Carabás en otro ataque de indecencia y lo dotó de un proverbial tancredismo: la palabrería de un gato, caleidoscopio de la meritocracia, bastaría para sanarle. Un minino que no hizo en su vida más que apuntarse de joven a un par de másteres en la privada, agenciarse unas panama jack nuevecitas cuando tuvo ocasión y échale guindas al pavo que yo le echaré a la pava. La palabrería es lo contrario de la literatura, miau, o debería serlo. Con qué facilidad nos perdemos en los cañaverales de palabras. Aquí tenéis, majestad, un conejo silvestre, dos perdices, un faisán. Pero el rey, cansado de tanta cháchara, soltó a sus propios perros.
julio 08, 2023
Pizarnik
Cuando Barba Azul se topó con Erzsébet Báthory, se enamoraron sin remedio. Alejandra tenía entonces once años, once meses y once días. Pensó en comerse todas las galletas que había en el bote mientras leía Perrault, pero a última hora se vio gorda en el espejo. Por las venas de estos castillos, sentenció su abuela desde una fosa común al norte de los Cárpatos, corre la sangre como en un saludable deshielo, así que guárdate de los idus de marzo. Era habitual en Alejandra escuchar voces de muertos e interpretó con inocencia que no debía ir, oh, peregrina, a Roma. Una mañana de junio hizo de tripas corazón, lleno su vieja mochila con libros de Sartre y se embarcó en un transatlántico, pasaje de tercera, hacia París. Llevaba, eso sí, Cruz de Malta como para sobornar a todo el personal de la embajada argentina. En París escribió algunos poemas a la luz de velas verdes, folló con desconocidos en buhardillas, entre el humo y el jazz, leyó a la Duras sentada en una cafetería de la rue du Cherche-Midi, nada menos que la rue du Cherche-Midi, se ganó también algunos buenos amigos. Cuando regresó a Buenos Aires consumió más secobarbital de la cuenta durante años, hasta que un señor alto y con barba la quiso inútilmente con vida. En los deshielos de sangre todo es jaula para las almas dolientes, abuela. Donde hubo una muchacha hay un cadáver.
julio 06, 2023
Todo llega
TODO LLEGA
julio 01, 2023
Procrastinar
Procrastinar es deporte nacional. Como lo de los huesos de aceituna, pasar farlopa o leer a Pérez-Reverte. Increíble todo lo solemne que tengo aún por escribir y aquí me tienes, escribiendo en círculos, a pasos cortos, venecianísimo, eso sí, como a mí me gusta, en fin, literatura. Algo hemos avanzado desde que papá Perrault entró en nuestras vidas, algo se ha descalcificado. En torno a Caperucita, el bosque y el lobo se ha perdido el tiempo que buscábamos, el tiempo de Proust, el tiempo de Momo, el tiempo de Hawking. A lo mejor para encontrarnos hay que prescindir del tiempo, revolcarnos en la física cuántica. A lo mejor hay que tirarse en un agujero negro y ceder el control al amor, sobre todo al amor propio, entrar con fe en teseractos imposibles y conocer a tu yo anciano, a punto de palmar por una insuficiencia renal severa, ya sin tiempo para leer lo último de don Arturo, pasar farlopa en el barrio y olivica comía, huesecico al suelo. Ese era mi sueño, Hans, le comentó en un aparte la Chastain al Zimmer, una vida a la española, para que tú me entiendas sin preludios ni fugas, sin forma sonata, sin pavanas ni zortzikos ni menuets. Hans apuró con lentitud su cerveza, ya sin tiempo, y sentenció atemorizado: yo estuve allí, Jessica, una vez fui teclista de Mecano.
junio 29, 2023
A los enemigos ni agua
A LOS ENEMIGOS NI AGUA
junio 26, 2023
Pavana
Por las calles de París aún resuenan las provocaciones de Los Apaches. Imaginad por un momento a Schmitt percutiendo a pedradas las farolas de la Rue de Seine hasta fundirlas. Pensad en Viñes desmembrando con dedos vigorosos los pájaros muertos del Quai de Conti. Y Ravel, sobre todo Ravel, sentenciando en el centro del Pont Saint Michel a voz en grito, oh, sacrilège, que la pavana es eso que hay entre un menuet y un zortziko. A la bella durmiente más le hubiese valido no despertarse nunca del maleficio de Eris. Aquella rueca era en realidad otra manzana y todas las manzanas son la misma manzana. Ravel no solo lo sabía, sino que abusaba. En sus paseos matutinos por San Juan de Luz, tras abandonar la tempranera escritura, cuando ya el sol lucía en alto, visitaba la frutería de monsieur Cadeau y le compraba tres kilos de manzanas fuji. Luego seguía camino a buen paso hasta los acantilados de Santa Bárbara y se las comía de tres en tres sentado en la hierba, con piel y semillas, salpicando trocitos masticados de pulpa como notitas de mano izquierda, decenas de miles de frutas prohibidas, manzanas de toda una vida, quizá en busca del sueño.
junio 22, 2023
Po
El príncipe, novio a la fuga por el bosque entre montañas, aborrece el himeneo, el sagrado vínculo del matrimonio, la conveniencia del linaje. La pastora Grisélidis, no obstante, hilaba sumisa junto al arroyo. He perdido a mis bros, estoy empanado, pero también blessed contigo, queen. Y ella mira, bebé, yo te llevo, bebé, si me sigues, bebé, yo te llevo, bebé. Y él cásate conmigo, queen, eres mi crush, yo te daré sieteveinticuatro. Y ella yo me caso, bebé, te obedezco, bebé, por tus celos, bebé, yo me caso, bebé. Papá Perrault está a la última, okey, pero sigue siendo un sádico, tanto bello sexo, tanto modelo perfecto, y como uno más plantado entre la muchedumbre a las puertas de Saint-Pierre. El empujón al reo, decúbito prono. El giro de muñeca sutil, experimentado. Mecanismo infalible. El cuerpo que cae sin ayuda en el cajón adyacente, capítulo 97, alta ingeniería. Las cosas en bruto: conductas, rupturas, catástrofes, la justa venganza de Grisélidis, esa pretérita y extrañísima doppelgänger de Jane Eyre, aquella tiniebla de Molly Bloom, su ominosa moraleja, monsieur, merece una tesis doctoral: El uso público de la guillotina. De Pelletier a Weidmann. Agua dulce del Po, agua salada del Adriático.
la ciencia al margen (un huevo dorado para ti) - título provisional.
¿Sabéis qué quiere el hombre con toda esta mierda? Quiere que el loco se mire en un espejo y vea al mago. Quiere que Nosebundo se apellide P...
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I Traza mapas de loco de meme con hilos de lana roja que ...
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«(...) my name is Jorge Regula. I'm walking down the street. I love you. Let's go to sleep .» The Moldy Peaches. 'Jorge Regula...
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Cuando me fui del mundo debía tener 9 años. Lo siento. Desde entonces habito detrás de mi cuerpo, un poco a la izquierda, y algo más por enc...